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Ana Torrent: "No me gusta que la gente me pare por la calle"

A sus trece años, ya es una de las actrices españolas con mayor proyección internacional. Kubrick la quiso contratar, tras contemplar impresionado su imagen en Cría cuervos. Es Ana Torrent, musa de Erice, de Saura, de Umbral y de todos aquellos cinéfilos impactados por la mirada de una niña -mujer joven- que se toma el cine tan en serio como sus estudios. No ha perdido ningún año escolar, saca sobresalientes y además los del cine también la premian. Vencida ya la inicial resistencia familiar, Ana ya está en la onda. Mejor, en la pantalla. Pero sin estrépitos. Es molesto el jaleo.

Estaba tan tranquila Ana Torrent, disfrutando de su veraneo familiar en Denia (Alicante), cuando le comunicaron telefónicamente: «Has ganado un premio en el Festival de Cine de Montreal». Y nada menos que el premio a la mejor actriz, por su participación en la última película de Jaime de Armiñán, El nido.Fue precisamente el director del último trabajo de la niña-actriz, Armiñán, quien recogió en su nombre el galardón. Y en olor de multitudes, pues la gente que llenaba el teatro Maisonneuve de Montreal prorrumpió en la ovación más fuerte oída en todo el festival. Lástima que Ana no estuviera allí. Aunque quizá se hubiera sentido desbordada por tamaña muestra de calor humano, porque, según propia confesión a EL PAÍS, le da corte que la paren por la calle, se siente molesta con el acoso que provoca su cada vez menos incipiente fama.

No es el único este premio de Ana por su papel de Goyita, una joven que asume el complejo papel shakespeariano de lady Macbeth y despierta un amor marginal -y puro, que conste: «No creo que la gente comente nada, es algo muy limpio», dice Ana/Goyita- en un señor sesentón. La Unicef le otorgó una placa conmemorativa por su trabajo en Cría cuervos, película también multipremiada de Carlos Saura. Y luego recibió el Premio de la Crítica de Nueva York, el Fotogramas... Todo un montón de distinciones que provocan una envidia sana entre los amiguetes de la actriz. Porque ya lo es.

Hace cuatro años -o sea, cuando lady Macbeth-Torrent tenía nueve- le dijo en una entrevista a Francisco Umbral: «De mayor quiero ser artista». Y Umbral lo creyó, marchándose impresionado: «Esos ojos, Dios. Esos atroces ojos. Mira como desde el fondo grave, puro y tenso de la infancia». Esa fue la mirada que Víctor Erice descubrió en 1973, entre un montón de niñas que jugaban en un patio escolar y que presidió El espíritu de la colmena; como también llenó la pantalla en Cría cuervos y en su fugaz -pero nuevamente impactante- paso por Elisa, vida mía y Operación Ogro. Y es que la mirada de Ana -no cesan de decir los expertos y cinéfilos- es algo serio, capaz de chupar imagen incluso a las caras femeninas más cotizadas en el mundillo del celuloide. Mundillo que Ana ya ha hecho suyo: «Pensaba estudiar una carrera cuando terminara BUP», este año lo empieza, «pero creo que seguiré con el cine».

De momento, ya tiene un proyecto interesante para la primavera que viene. El mismo equipo de la televisión alemana con el que intervino hace muy poco en la grabación de la Misa en si menor, de Bach, le ha propuesto la grabación de un serial sobre unos relatos, casi desconocidos, de Thomas Marin. El nombre de Ana Torrent ya tiene un peso internacional. Aunque a ella le pesen los imperativos de la fama.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 1980

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