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Reportaje:

Liliana Cavani lleva al cine "La piel", de Malaparte

Vuelve Curzio Malaparte, el enfant terrible del fascismo italiano, el célebre autor de Kaputt y la Técnica del golpe de Estado, fallecido en Roma hace veintitrés años, tras cuatro meses de agonía, durante los cuales le quedaron fuerzas para convertirse al catolicismo -era de religión protestante- y para grabar en magnetófono sus impresiones de moribundo. Y vuelve de la mano de la directora cinematográfica Liliana Cavani, la de Portero de noche y Más allá del bien y del mal, que se dispone a rodar a partir del mes que viene La piel (La pelle), otra de las grandes obras del escritor.

La novela, que apareció en 1949, está ambientada en Nápoles en 1943, durante el final de la segunda guerra mundial. Sus personajes son italianos, norteamericanos, ingleses y alemanes, y constituye una especie de macabro reportaje de todas las crueldades y absurdos de la guerra. El personaje principal -el propio Malaparte, que cuenta las historias sucesivas- estará interpretado por Marcello Mastroiani, que vuelve al cine tras un breve descanso que se tomó a raíz de interpretar La ciudad de las mujeres, de Fellini.El libro ha sido adaptado por la propia Liliana Cavani y Robert Katz. Hasta ahora, sólo otra obra de Malaparte, Cristo prohibido, había sido llevada a la pantalla y por su propio autor, en 1950. Liliana Cavani descubrió La piel hace cinco años, pues la obra de Malaparte no goza de gran actualidad ahora en Italia, donde siempre fue un personaje rebelde, ambiguo y conflictivo. Otros personajes serán interpretados por Burt Lancaster, Claudia Cardinale y los americanos Alexandra King y Ken Marshall, siendo el productor Renzo Rosellini.

«Quisiera dar una imagen vivida de aquellos años», ha declarado Liliana Cavani, «de la guerra, la llegada de las tropas aliadas y su encuentro con los napolitanos. No intento hacer neorrealismo, pero quisiera lograr una discreta pintura sobre aquellos años».

En realidad, el verdadero nombre de Curzio Malaparte, hijo de alemán e italiana y nacido en Prato en 1898, era el de Kurt Erich Suckert. Separado de su familia desde niño, criado por unos campesinos toscanos -su última obra fue precisamente un libro de relatos y crónicas titulado Malditos toscanos-, a los dieciséis años se fugó de su casa, abandonando los estudios, para enrolarse en la Legión extranjera francesa y participar de esta manera en la primera guerra mundial, donde fue herido ' condecorado y quedó inútil para el servicio militar afectado por los gases.

Entró en la carrera diplomática, asistió a la conferencia de Versalles, y fascinado por el primer Mussolini entró en el partido fascista en 1922. Al propio Mussolini le explicó el porqué de haber elegido su seudónimo de escritor: «Napoleón se llamaba Bonaparte y terminó mal. Yo me llamo Malaparte y terminaré bien». Lo cierto es que fue un fascista rebelde, más escéptico, crítico, más modernista que lo permisible en un partido, al fin y al cabo dogmático y autoritario. Dirigió el semanario La conquista del Estado, creía en la simplificación nietzscheana del superhombre, era mujeriego y bohemio, pero el mismo Mussolini sentía por él una evidente condescendencia.

Ataques a Mussolini

En 1929, tras el pacto de Letrán entre el régimen fascista y el Vaticano, atacó directamente a Mussolini en un célebre libelo, Don Camaleón, y tras numerosos viajes por Europa, Asia y Africa abandonó ruidosamente el partido, en 1931, y se fue a París, Allí publicó El buen hombre Lenin y la Técnica del golpe de Estado, que le hicieron repentinamente célebre en todo el mundo occidental. Marchó a Londres como corresponsal político, pero regresó a Italia, a manera de bravata, cuando Mussolini le llamó en 1933. Nada más bajar del tren, fue detenido por « manifestaciones antifascistas en el extranjero» y confinado durante cinco años en las islas Lípari.Cumplida la condena regresó a Roma, donde dirigió una revista de oposición, Prospectivas, en la que colaboraron distinguidos antifascistas, como Moravia y Paul Eluard. Tras el estallido de la segunda guerra mundial fue corresponsal de guerra en la campaña transalpina y en Grecia. En 1941 fue enviado al frente oriental, a Polonia, donde trató al gobernador nazi Franck, a quien retrató cruelmente en Kaputt, el libro que describe sus experiencias de aquellos años de guerra, donde también aparece otro amigo suyo, mucho mejor tratado, el poeta, escritor y diplomático español Agustín de Foxá.

Esta obra, que con La piel forma un díptico escalofriante sobre los horrores de la guerra, no fue publicada hasta 1944, en Nápoles, que ya estaba ocupada por los americanos. Tras seguir la campaña de Finlandia, al terminar la guerra se instaló, en 1945, en París, pero volvió después a Italia, a su espléndida mansión de Capri, donde pasó los últimos años de su vida. En 1956 hizo un viaje a China y pregonó su admiración por el régimen de Mao Zedong, hasta el punto de que en su testamento legó su casa a las jóvenes generaciones chinas. La piel, obra trágica, esperpéntica, tremendista, repleta de amargura y escepticismo, fue incluida por la Iglesia católica en el ya fenecido Indice de libros prohibidos, lo que no impidió la conversión final del cínico y escandaloso escritor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de julio de 1980

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