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El Gobierno sólo contó con sus votos para superar la moción de censura socialista

El Gobierno Suárez superó ayer la primera votación de censura, planteada por los socialistas, pero en el rechazo de la misma sólo contó con los votos de sus diputados (166), frente a 152 en favor de la moción (socialistas, comunistas, andalucistas y tres diputados del Grupo Mixto). Las veintiuna abstenciones, de la Minoría Catalana, Coalición Democrática y seis diputados del Grupo Mixto, pusieron de manifiesto la soledad del Gobierno, dato especialmente destacado por Felipe González y otros líderes de la oposición al término de la sesión de ayer. Por su parte, Adolfo Suárez manifestó que no estaba en su ánimo plantear la cuestión de confianza, a pesar de los requerimientos que se le hacen para ello.

El presidente del Gobierno, en la conferencia de prensa celebrada inmediatamente después de la votación. aseguró que la continuidad de la minoría mayoritaria centrista es similar a lo que ocurre en otras democracias europeas. Añadió que a lo largo del debate «no ha habido ofertas concretas de gobierno, sino simplemente mensajes».El líder socialista, Felipe González, en otra conferencia de prensa que se celebró paralelamente a la de Suárez, consideró inevitable «una renegociación de la estructura política de la derecha tras este debate». González descartó como no razonable una coalición UCD-PSOE y calificó de consecuentes las abstenciones producidas. Sobre la ausencia del Partido Nacionalista Vasco (PNV) declaró que para este grupo era muy difícil asistir y que además, una vez calculadas las posibilidades de que la moción de censura prosperara, comprobaron que sus votos no eran decisivos.

La última jornada parlamentaria sobre la moción de censura contra el Gobierno Suárez -que cerró casi veinte horas de debates retransmitidos en directo por radio y en diferido por televisión, segundo programa- no varió sustancialmente sobre las anteriores. Centristas y socialistas se esforzaron en calificar de derrotado a su oponente, tras las intervenciones de los distintos grupos anunciando sus posiciones ante la votación. Las intervenciones gubernamentales bascularon sobre el vicepresidente segundo, Fernando Abril, y los ministros José Luis Leal y Rafael Arias-Salgado, en réplicas a los portavoces de la izquierda. Adolfo Suárez sólo subió a la tribuna de oradores al término del debate para replicar a algunas críticas y contestar negativamente a la pregunta del socialista Gregorio Peces-Barba sobre si pensaba convocar elecciones generales. Seguidamente leyó el discurso que durante toda la tarde estuvo puliendo y retocando en su escaño, de tono rnoderado y de escasa agresividad, contra el candidato a sustituirle en la Presidencia del Gobierno. Felipe González resaltó una vez más la ausencia de participación en el debate por parte de Adolfo Suárez, a quien señaló que no es posible en un régimen parlamentario que el jefe del Ejecutivo se esconda de las cámaras y de las discusiones parlamentarias, sin que pueda aceptarse como excusa el exceso de trabajo. Destacó también la diferencia del papel desempeñado en el debate por el secretario general del partido centrista, Rafael Calvo -que en todo momento se mostró digno y limpio- frente a la labor encomendada al portavoz del grupo, Antonio Jiménez Blanco. Felipe González acusaba recibo de los ataques centiristas al PSOE en una herida especialmente sensibilizada desde las diferencias registradas en los últimos congresos socialistas entre el llamado sector crítico y la dirección del PSOE.

Uno de los triunfadores políticos del debate sobre la moción de censura fue Manuel Fraga, en opinión de los observadores. Por su parte, el comunista Santiago Carrillo insistió en la soledad del Gobierno, en el final del bipartidismo y en el nacimiento de lo que calificó «una mayoría de progreso».

En opinión generalizada, la situación desencadenada por el debate de la moción de censura socialista inicia una nueva etapa política para el Gobierno de Adolfo Suárez, que deberá buscar apoyos para su escaso respaldo parlamentario. El propio portavoz de la Minoría Catalana, Miguel Roca, uno de los oradores que menos atacaron a UCD, lamentó, sin embargo, después de la sesión de ayer, la aparente satisfacción centrista, en lugar de comenzar a buscar ya, antes del congreso de octubre de UCD, una nueva mayoría.

Páginas 13 a 16

Editorial en página 10

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de mayo de 1980

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