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REPORTAJE

Córdoba, el principal banco de pruebas de la política municipal comunista

El día 19 de abril de 1979 Córdoba se convirtió en la única capital de provincia de España con alcalde comunista. Desde entonces el Ayuntamiento se ha significado por una inusual buena vecindad de los cuatro partidos con representación municipal: Partido Comunista de España (PCE), ocho concejales; Unión de Centro Democrático (UCD), siete; Partido Socialista Obrero Español (PSOE), siete, y Partido Socialista de Andalucía (PSA), cinco. La influencia del Círculo Juan XXIII, tribuna liberal y progresista a la que subieron muchos de los actuales concejales, puede haber determinado en parte ese talante de cooperación. Bajo el lema de «nuestro objetivo es cambiar la vida de la ciudad», el pacto PCE-PSOE-PSA y la oposición constructiva de UCD, la Corporación cordobesa se encontró con un endeudamiento progresivo por los intereses de los créditos solicitados por anteriores corporaciones, una infraestructura municipal claramente antidemocrática y una nula participación vecinal en la vida municipal. El año transcurrido puede considerarse como el asalto de tanteo.

«Si este Ayuntamiento funciona bien y existe colaboración entre las diferentes fuerzas políticas es, en buena medida, gracias a ese señor que se sienta tras la mesa de alcalde», dice Juan Antonio Hinojosa, concejal de UCD. Julio Anguita, alcalde del Partido Comunista de España (PCE), de Córdoba, tiene 38 años y es licenciado en Historia moderna y contemporánea. Hace un año abandonó sus clases como profesor de Enseñanza General Básica y se fue al Ayuntamiento para intentar conjugarlos intereses políticos del PCE, PSOE, PSA y UCD. Julio Anguita, que con frecuencia usa pistola, por razones de seguridad, cuando sale a visitar barrios, considera que el deterioro del orden público y la delincuencia deben atajarse mediante «el aislamiento que haga el movimiento ciudadano. No es cuestión de pedir más policías, aunque considero que debe haber un número sufi,ciente de ellos. Tendremos un buen orden público cuando los ciudadano tomemos la calle, porque la gente en la calle actúa como inhibidor de la delincuencia. También considero importante la labor de la Policía Municipal para tener una fuerza coercitiva en los barrios. Pero para eso hace falta personal, dinero para pagarlo y efectivos».La labor de Julio Anguita es observada con lupa por la burguesía cordobesa especialmente. Los constructores, promotores y grandes comerciantes observan expectantes el día a día de un Ayuntamiento comunista en el que se ha volcado, con especial mimo, todo el aparato del Partido Comunista de Andalucía. Lo que este Ayuntamiento obtenga de aquí a 1983 puede ser un ejemplo a ofrecer en la próxima campaña electoral.

Un largo proceso de adaptación

«Creo que lo más importante que ha pasado en este año de gestión ha sido el paso de la clandestinidad al Gobierno, con la necesidad de rápida adaptación que esto conlleva. Durante los primeros cuatro o cinco meses hubimos de adaptarnos a la relación de fuerzas políticas existentes, a nuestra posición ante el Gobierno Civil y el central. Desde entonces hemos tenido que formar un equipo de gobierno, hacer un plan de gestión consensuado entre las fuerzas políticas y empezar a caminar sin desatender el día a día de la actividad municipal.»

Según Antonio Zurita, teniente de alcalde y portavoz del grupo del PSOE, «se nota cierta desilusión entre los cordobeses porque no se ven resultados prácticos de una labor mayoritaria de izquierdas tras un año de trabajo. Creo que esta desilusión es general en todo el país. Las propuestas electorales y la forma en que se hicieron dieron a entender al pueblo que las transformaciones iban a ser inmediatas, pero una cosa son las propuestas electorales y otra el tener que formar un sistema realmente democrático que cambie la vida de la ciudad. Eso no es posible sin la participación del pueblo ».

Todos en el Ayuntamiento piensan que en un plazo no superior a un año podrán empezarse a notar las transformaciones ciudadanas que resultarán del trabajo actual. También todos han coincidido a la hora de preparar un Reglamento de Participación Ciudadana en la Gestión Municipal, o, lo que es lo mismo, meter el Ayuntamiento en las juntas de barrio. Todos los sectores políticos, ciudadanos, artísticos culturales, recreativos, deportivos: juveniles y de tercera edad estarán representados por un miembro de cada una de estas asociaciones, elegidos por los respectivos socios o miembros. Un reglamento que, de forma oficial, «saca de la clandestinidad y la pura reivindicación de comunicado a muchas entidades de barrio y acerca al Ayuntamiento a sectores completamente olvidados en ayuntamientos anteriores». El artículo sexto de las disposiciones adicionales de este Reglamento, como dando a entender las posibilidades reales de futuro que conlleva, dice textualmente: «Por razones de legalidad vigente, la participación ciudadana a través de las juntas a que se refiere este Reglamento, tendrá el carácter de consultiva y provisional en tanto se aprueba y desarrolla la futura ley de Régimen Local. » De ella piensa Julio Anguita que es «la segunda gran constitución de este país. De la participación que los ayuntamienios tengamos en su desarrollo depende el triunfo de la democracia o que ésta quede hibernada para mucho tiempo ».

La imposibilidad económica y legal de realizar una política progresista de transformación municipal se une a la exigencia de los ciudadanos que esperan ver convertidos sus votos en resultados prácticos. En esta situación, la salida que le ha quedado al Ayuntamiento es la de plantear pequeñas mejoras que den una apariencia de cambio físico en la ciudad. Córdoba está hoy más limpia, tiene algunos parterres más y, sobre todo, se nota una presencia constante del Ayuntamiento en los conflictos de cada día. Una ciudad marcada por el paro: «Se empiezan a vender cardillos en el mercado otra vez. »

El pacto se rompió dos veces

«La burguesía cordobesa está a la expectativa, al igual que las asociaciones de constructores y promotores», dice Julio Anguita. La previsible incidencia de un Ayuntamiento de izquierdas en una ciudad como Córdoba se ha reducido de hecho a la municipalización del servicio de autobuses. Aucorsa, empresa de transportes que no ofrecía un servicio adecuado a la ciudad, fue adquirida por el Ayuntamiento cordobés. Esta fue una de las dos ocasiones en el último año en que se rompió el pacto de izquierdas. El PSOE votó junto a UCD, y el PSA apoyó al Partido Comunista. El empate a trece votos, ya que uno de los concejales de UCD se encontraba ausente, fue deshecho por el voto de calidad de Julio Anguita, lo que determinó la adquisición de Autobuses de Córdoba, S. A., en una cantidad aproximada a 127 millones de pesetas. Tanto socialistas como ucedistas opinaban que era mejor esperar a que la empresa fuera declarada en quiebra para proceder a su compra, mientras comunistas y andalucistas insistieron en que ese plazo de tiempo podría ser excesivamente largo.

La segunda ocasión en que se rompió el pacto de la izquierda fue, como era de esperar, con el tema de la participación ciudadana. Mientras el PCE y PSA mantenían el derecho de las asociaciones de vecinos ajugar un papel destacado en esa participación ciudadana, por su mayor trayectoria de reivindicación política que asociaciones culturales, recreativas, peñas, etcétera, el PSOE opinaba que no debería existir ningún trato de favor a las asociaciones de vecinos con respecto a las demás asociaciones. Los socialistas sospechaban que las asociaciones de vecinos eran mucho más proclives a una política municipal comunista que socialista, entre otras cosas porque la penetración política del PCA en los barrios era notablemente mayor que la del PSOE. En esta ocasión, UCD apoyó a los socialistas, y la propuesta de éstos derrotó Por catorce votos contra trece a la presentada por PCE y PSA. Aquí comenzó a gestarse el reglamento ya mencionado. A raíz de este debate, que originó algunos enfrentamientos verbales entre concejales, con insultos de por medio, pudo suponerse que el pacto de izquierdas estaba definitivamente tocado. Sin embargo, Julio Anguita remató el liderazgo del Ayuntamiento y volvió a ser la cabeza visible de la política consensuada.

Una oposición muy especial

«He dicho cientos de veces que los votos de UCD en Córdoba no representan a la derecha cordobesa, sino al centro. Los ciudadanos que nos dieron sus votos hasta convertirnos en la segunda fuerza política de la ciudad lo hicieron porque, según los estatutos de UCD, somos un partido reformista, progresista e interclasista, no porque seamos la derecha.» Juan Antonio Hinojosa, teniente de alcalde de UCD y delegado municipal de Tráfico y Transportes, responde así a las voces que han acusado a los centristas cordobeses de ser una oposición domesticada con una postura muy a la izquierda de su partido. «Si los que nos dieron los votos», dice, «no están de acuerdo con lo que estamos haciendo, nos los quitarán en 1983. Estoy seguro que nuestros votantes no esperaban de nosotros que viniéramos aquí a hacer una política obtruccionista, sino todo lo contrario.»

Los concejales ucedistas han sido catalogados en los plenos como la derecha en muchas ocasiones. «Soy tan anticapitalista como antimarxista. Me gustaría que nuestra forma de ser oposición en este Ayuntamiento la utilizaran otros partidos para ser oposición en el Parlamento. Los concejales de UCD hemos perdidos varias votaciones y no por ello hemos roto bancos, hemos insultado o abucneaco a otros concejales. Hemos sido insultados y nuestra respuesta ha sido la de trabajar. Ahí puede estar la clave de que este Ayuntamiento vaya hacia adelante. Los concejales de UCD estamos aportando a este Ayuntamiento honradez y trabajo ante una mayoría absoluta del pacto. Pero no somos la derecha y cuando en algunos plenos se dice "es que la derecha no quiere esto o lo otro", yo miro a la derecha de mi banco, y no hay nadie porque los cordobeses no votaron concejales de AP o FN, sino de UCD.»

El pasado referéndum autonómico de Andalucía, celebrado el día 28 de febrero, fue una piedra de toque para muchos ucedistas en Andalucía. Los concejales cordobeses, que habían votado el artículo 151 de la Constitución para conseguir la autonomía andaluza, se vieron en un grave aprieto cuando se dictó la orden, prolijada por Cecilio Valverde, de propugnar la abstención. «Nadie desconoce aquí que nosotros votamos sí el 28-F. Ni que somos la izquierda de UCD. Cuando se habla de una derechización del partido, contestamos que hay que distinguir entre Gobierno y partido. Hay fuerzas que obligan al Gobierno a adoptar posturas que no encajan en la concepción política del partido. UCD de Córdoba es consciente de la derechización del Gobierno, pero, insisto, a nosotros no nos ha votado la derecha. Al margen de esto, creo que se mintió al pueblo durante la campaña electoral pasada. Tan mentira es que ese día se jugaba el tener o no tener autonomía, como el que por ambos artículos se consiguiera la autonomía en el mismo plazo de tiempo.»

Al ciudadano medio cordobés puede darle la impresión de que en este Ayuntamiento, con concejales de cuatro partidos diferentes, «las ideologías políticas han quedado aplazadas para mejor ocasión».

«Un Ayuntamiento como éste», dice Julio Anguita, «corre el riesgo de ser impopular, pero en la España de hoy hay que ser impopular si se quiere reflejar fielmente lo difícil de nuestra situación. »

La ciudad de Córdoba, «no va a quedar hipotecada para una gestión de izquierdas. Estamos tratando de liquidar una estructura dictatorial y antidemocrática en el propio Ayuntamiento para que sirva a los intereses de un municipio democrático, o una ciudad que, desde el punto de vista urbanístico, es salvable en un 90%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de abril de 1980

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