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Aprobado el presupuesto municipal para 1980 con los votos contrarios de UCD

Por 33 votos a favor (PSOE y PCE) y veintitrés en contra (UCD), el Ayuntamiento de Madrid aprobó ayer, en el curso de un pleno extraordinario, su presupuesto para el año 1980, que alcanza la cifra de 36.750 millones de pesetas. Al no estar incluidas en el mismo las partidas destinadas a urbanismo, transportes públicos y una parte de las inversiones, la Corporación deberá acudir a la fórmula de un presupuesto extraordinario por aproximadamente 7.000 millones, para el cual se precisa el cómputo favorable de los votos de dos tercios de los concejales, a lo que UCD, en principio, parece no estar dispuesta, lo que conllevarla una importante paralización del Ayuntamiento.

A pesar de que desde hacía varios días los tres grupos políticos habían expresado públicamente sus posiciones y sus intenciones de voto, y después de que los mismos hubieran empleado más de catorce horas en debatir el tema a lo largo de cuatro sesiones informativas, los ediles emplearon más de cuatro horas en el debate plenario de ayer, debido exclusivamente a la actitud de UCD, que había preparado un auténtico desembarco. Todo ello destinado más a la prensa y a la opinión pública -a la galería, en suma-, que a convencer al equipo de gobierno municipal, el cual, por su parte, no había mostrado intención alguna de entrar en un debate político de fondo y sólo lo hizo cuando UCD desenterró el hacha de guerra.Joaquín Leguina (PSOE), concejal de Hacienda y padre de los presupuestos, hizo la defensa del proyecto en los términos ya repetidos en los últimos días; a saber: «El presupuesto que se presenta es el único posible, por estar comprometidos como gastos fijos el 93% del mismo, entre personal, mantenimiento del Ayuntamiento y carga financiera.» Un presupuesto de sostenimiento, dijo en suma, ya que en términos reales era sustancialmente inferior al del pasado ejercicio.

Esta opinión la apuntaló Ramón Tamames (PCE), que explicó que no sólo el presupuesto era progresivo, sino que, en contra de lo argumentado en pasadas reuniones por UCD (véase EL PAIS del martes pasado y de ayer), era perfectamente legal. En nombre del PCE apoyó el proyecto y, como Leguina, solicitó el voto afirmativo para el mismo.

En ese momento, José Luis Alvarez, José María Alvarez del Manzano, Antonio Vázquez y Joaquín Javaloys, todos ellos de UCD, leyeron intervenciones escritas, alguna de ellas de hasta ocho folios, en el curso de las cuales arremetieron de forma inusitadamente violenta contra el equipo PSOE-PCE.

En síntesis, vinieron a decir que no se podía hacer un presupuesto cuando no se tenía un programa de actuación, que aquél era absolutamente incoherente, que era triste y reaccionario, que se devoraba a sí mismo y que, en fin, la mayoría de izquierdas había demostrado en el curso de once meses su completa ineficacia para regir los destinos de la villa.

Uno a uno fueron nombrando los, para ellos, errores cometidos: ordenanza de venta ambulante, absorción de las líneas periféricas, cambió de nombre de las calles, desconcentración del Ayuntamiento, etcétera. Alvarez del Manzano llegó a afirmar que el proyecto se había hecho de tal forma que los gastos necesarios se habían llevado al presupuesto ordinario, donde sólo se necesita mayoría absoluta para su aprobación, mientras quie los gastos voluntarios y los indispensables de urbanismo y transportes se habían dejado para el presupuesto especial, donde se necesita mayoría de dos tercios -y por ello los votos favorables de UCD-, lo que calificó como una hábil maniobra, si bien dejó entrever que, precisamente por ello, UCD podría verse en la obligación de tener que paralizar el Ayuntamiento.

Vázquez fue posiblemente el más claro de todos: se trata, dijo, de un presupuesto político, de un presupuesto para buscar imagen, de una forma de hacer campaña electoral y no sólo municipal, sinoestatal. Esto es, aseguró en fin, una forma de jugar con el dinero público para satisfacer los intereses de sus partidos respectivos.

La respuesta del PCE y del PSOE (después de que Tierno no acertara una vez más a conducir de forma ordenada el debate, que al final terminó de forma prácticamente asamblearia) fue contundente. Tamames afirmó que en once meses el Ayuntamiento había realizado una labor superior a las anteriores Corporaciones en varios años y enumeró las realizaciones hechas, «no sólo con un Gobierno de UCD que dificulta nuestra labor, sino con una herencia lamentable que hemos tenido que ir arreglando y remendando para darle a esta ciudad la posibilidad de vivir en un futuro».

Alonso Puerta, portavoz socialista, fue más cáustico en su intervención: no se puede gobernar la ciudad con sólo un 10% de la fiscalidad total, cuando en algunos países como en Holanda se llega al 60%. Esto sí que es descentralización, agregó. Lo demás son limosnas del Gobierno, concesiones que luego se cobran. «Por eso están ahí las cien pesetas dedicadas a la EMT, para escarnio del Gobierno. Ahora bien, estáis argumentando un no a un presupuesto que es perfecto para que no perdáis en el futuro los escaños que va a perder vuestro partido con vuestra actitud», añadió. Joaquín Leguina dijo a continuación que era el único presupuesto posible por las razones antes explicadas, por lo que la única alternativa al mismo era el caos, que era lo que al parecer estaba haciendo UCD. Después de lo cual y de varias intervenciones de UCD, y alguna de la izquierda, todas ellas reiterativas, se pasó a la votación, que arrojó el balance de 33 votos a favor (PSOE y PCE) y veintitrés en contra (UCD), con lo que el presupuesto quedó aprobado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de marzo de 1980

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