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Leizaola traspasa la legitimidad histórica a Garaikoetxea

En un ambiente de solemnidad y emoción, el lendakari del Gobierno vasco en el exilio, Jesús María de Leizaola, hizo el traspaso simbólico de la legitimidad que ha representado a Carlos Garaikoetxea como presidente del Consejo General Vasco (CGV) -organismo al que reconocía como única institución autónoma legal- en una ceremonia celebrada el domingo al mediodía en la Casa de Juntas de Guernica. La histórica jornada tuvo como protagonista «saliente» al viejo lendakari y como punto de máximo interés político el discurso pronunciado en el acto por Carlos Garaikoetxea.En las verjas del recinto del edificio histórico -al que sólo pudieron acceder los invitados- se habían situado con anterioridad familiares de presos vascos de ETA (militar), que, encadenados, portaban una pancarta en la que se leía («Sí a Leizaola, pero los demás, ¿cuándo?»). Por su parte, los familiares de presos de ETA (p-m), situados en otro extremo, repetían también su consigna «Con el Estatuto, los presos a la calle».

Pasadas las doce entraron en el salón de juntas Jesús María de Leizaola y Carlos Garaikoetxea.. Los sones del himno Agur Jaunak se mezclaron con fuertes aplausos de los asistentes al acto (presidentes y miembros de las diputaciones de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya., Juntas Generales, parlamentarios vascos y el Consejo General Vasco).

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Garaikoetxea: "No permitiremos ninguna restriccón en el desarrollo del Estatuto de Guernica

(Viene de primera página)

Asimismo estaban invitados los consejeros del Gobierno vasco en el exilio, las viudas de José Antonio de Aguirre y otros consejeros fallecidos, y Manuel Irujo.

Llamó la atención la ausencia de los diputados, junteros y consejeros de UCD, PSOE y PC de Euskadi, que prefirieron no asistir al acto por considerar que el mismo tenía un marcado carácter partidista y carecía de otro valor que el simbólico. No opinaba lo mismo Euskadiko Ezkerra, que envió una importante representación a la ceremonia.

Cuando el acto se iniciaba, los miembros de las Juntas Generales abandonaron el salón de juntas. El presidente de las mismas, José María Makua, había recibido el recado de un conserje que le advertía de una llamada del Gobierno Civil, en la que se le invitaba a colocar junto a la ikurriña, que ondeaba en solitario en el mástil de la Casa de Juntas, la bandera española. Los junteros decidieron hacer caso omiso al consejo. Una hora más tarde, el señor Makua recibió un recado del mismo conserje anunciándole que había llamado el jefe de puesto de la Guardia Civil, comunicando que se debía o bien izar la bandera española o bine arriar la ikurriña y que, caso de no obedecer la recomendación, entraría la Guardia Civil en la Casa de Juntas para realizar la citada operación. Nuevamente los junteros abandonaron la sala y, reunidos, decidieron hacer caso omiso a la llamada.

Ayer, por la tarde, el Gobierno Civil de Vizcaya negaba, en un comunicado, la existencía de requerimientos de este tipo por parte de la autoridad gubernativa ni de la Guardia Civil.

Jesús María de Leizaola, esta vez ya visiblemente emocionado, leyó, primero en euskera y luego en castellano, un largo discurso en el que hizo un resumen de toda la gestión del Gobierno vasco, desde su constitución y salida al exilio hasta nuestros días. «Os presentamos», dijo el lendakari, «con los documentos y el archivo del Gobierno vasco, el descargo colectivo de nuestra gestión y nos ponemos a la entera disposición de las autoridades autónomas elegidas y de las instituciones que vayan constituyéndose, para responder de cuanto hubimos de hacer en interés y defensa de Euskadi.»

«Vosotros tenéis en vuestras manos», dijo, dirigiéndose al Consejo General Vasco, «la condición de Gobierno provisional autónomo vasco en vírtud de los cauces abiertos por el proceso constitucional español. Habéis recibido vosotros el mandato de consolidar esa paz con el régimen de monarquía del Estado español sancionado por la reciente Constitución.»

Concluyó su intervención el lendakari con estas palabras: «El Gobierno de Euskadi, que cesa en estos momentos, cree que es a vosotros, las nuevas autoridades vascas elegidas democráticarriente a quienes corresponde hablar en su caso y actuar en todo momento. Os deseamos el máximo acierto en vuestras decisiones. Que las vuestras y las nuestras sirvan al engrandecimiento y a la paz interna y exterior de nuestro pueblo y de la humanidad.»

Luego entregó a Carlos Garaikoetxea las llaves de la delegación del Gobierno vasco en París, para simbolizar el traspaso de la legitimidad que representaba a la institucíón autónoma vasca legal, el CGV.

Tras alabar el papel jugado por el Gobierno vasco en el exilio durante la época franquista y la propia personalidad de Jesús María de Leizaola («testimonio de abnegación y dignidad humana y política al servicio de Euskadi»), Carlos Garaikoetxea se refirió, en su discurso, al presente del proceso autonómico, destacando los aspectos positivos del Estatuto de Autonomía, «que por primera vez en la historia proclama», dijo, «en una norma legal básica, la nacionalidad vasca; manifiesta la no renuncia del pueblo vasco a la recuperación de sus derechos de autogobierno y delimita el ámbito naturalEl tema de Navarra

Pasó posteriormente a referirse extensamente al tema de Navarra, puntualizando las afirmaciones que han hecho («paisanos míos de nacimiento o adopción») en torno a la significación e interpretación del segundo referéndum, de reforma del Estatuto vasco, que habría de celebrarse en la comunidad vasca -incluida Navarra- si esta provincia acepta, por medio de un primer referéndum, incorporarse a dicha comunidad. «Una realidad es clara: Navarra, a través de su Parlamento Foral, representativo de la voluntad de los navarros, debatirá tan exhaustivamente como quiera, la adhesión de Navarra al régimen autonómico vasco, decidirá el fondo y la forma de la cuestión con el detalle que lo desee, y un referéndum de todos los navarros ratificará la decisión de ese Parlamento. El Parlamento Foral seguirá representando la voluntad je Navarra y velando por su salvaguardia, con posterioridad al referéndum, pero Navarra habrá decidido ya su adhesión a la comunidad autónoma, libre y conscientemente, y ese segundo referéndum es lógico que lo realice la comunidad como tal.

«Echar una cortina de humo sobre todo el proceso previo al que me he referido», añadió el señor Garaikoetxea, «es pretender extremar las cosas, proponíendo una segunda consulta consecutiva por si falla la primera.»

Afirmó luego el señor Garaikoetxea que el CGV va a negociar lealmente, con racionalidad y paciencia, las leyes orgánicas («los primeros proyectos pueden encorsetar el Estatuto») y el desarrollo del texto estatutario. «Pero seremos», añadió, «absolutamente firmes en la exigencia de una interpretación extensiva y no restrictiva del Estatuto. Nadie debe caer en la tentación de especular con la posibilidad de que el 25 de octubre hayamos hipotecado nuestra capacidad de reacción por el hecho de haber proclamado elamorosamente nuestra conformidad con el Estatuto.»

Se refirió luego al retraso con que se están llevando a cabo las transferencias al CGV. «Esperamos que la tónica cambiará en los próximos meses Y que algunos aspectos inaceptables de las leyes orgánicas, que pueden ir en menoscabo de la interpretación del Estatuto, sean modificados. Seremos absolutamente leales y constructivos mientras no se recorten interpretaciones posíbles del Estatuto, pero denunciaremos enérgicamente cualquier planteamiento que, directa o indirectamente, signifique una restnccion en su desarrollo, y pedireos a nuestro pueblo que exprese con igual energía su posición en tales supuestos.»

Volvió a insistir Carlos Garaikoetxea en su preocupación por el tema de la violencia en Euskadi, en la evidencia de que las medidas de gracia de 1977 no han servido de «borrón y cuenta nueva» deseado, y en que los que contemplaron con escepticismo una reforma política que no restituía ipso facto al pueblo vasco sus libertades nacionales, siguen envueltos en una estrategia de violencia.

«Por eso yo he dicho con frecuencia y consciente del escándalo que podían causar mis palabras», añadió, «que había que estudiar el problema de la posible reconciliación con gran generosidad e imaginación., a partir de una auténtica perspectiva histórica del problema. Hoy, que tenemos entre nosotros al más ilustre y veterano de los exiliados, yo estoy seguro que somos muchos los que compartimos un sentimiento hondo, por el que desearíamos ver entre nosotros a todos los que padecen cárcel o exilio, y que consecuentes con este sentimiento trabajaremos para que esta gran operación de la reconcíliación pueda tener lugar.»

«Pero a nadie se le oculta que para ello es imprescindible crear las condiciones objetivas que lo permitan, ya que no deja de ser contradictorio, y hasta cruelmente sarcástico que, en ocasiones, invoquen la amnistía los mismos que sentencian a sus víctimas con tiros inmisericordes, con cartas de extorsión a plazo fijo o por otros procedimientos atentatorios a los más elementales derechos.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de diciembre de 1979

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