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Victoria pírrica de Joaquín Leguina en el PSOE de Madrid tras la ruptura del ala izquierda

Dos organizaciones regionales del PSOE -Andalucía y Madrid-, que reúnen más de un tercio de la militancia socialista en España, atravesaron situaciones difíciles durante el pasado fin de semana con ocasión de sus respectivos congresos. La intervención personal de Alfonso Guerra en el PSOE andaluz salvó el enfrentamiento entre la línea «oficial», representada por José Rodríguez de la Borbolla, y la corriente nacionalista, aglutinada en torno al presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo. Este último ha quedado fuera de la nueva ejecutiva, aunque ha obtenido una declaración de apoyo a su política. En lo que se refiere al PSOE de Madrid, ningún líder del partido ha ejercido una función similar, salvo una llamada a la responsabilidad por parte de Felipe González; al final ha triunfado una ejecutiva moderada, cuyas posibilidades de estabilidad dependen más de la división de las demás corrientes que de la fuerza propia. Desarrollamos estos temas en esta página y la siguiente.

El economista Joaquín Leguina, concejal de Hacienda del Ayuntamiento madrileño, ocupa desde ayer la secretaría general del PSOE de Madrid, con el 27% de los votos del mismo. Este es el resultado del congreso celebrado durante el fin de semana y la madrugada del lunes por la Federación Socialista Madrileña, caracterizado por una gran dureza. El secretario general saliente, Alonso Puerta, intentó sin éxito la reelección, pese a que su gestión anterior habla recibido noventa votos a favor y 6.000 en contra, y el ala izquierda sufrió una espectacular ruptura interna, perdiendo la posibilidad de obtener la dirección del partido, que estuvo al alcance de su mano.

Los socialistas madrileños produjeron seis o siete intentos de pacto y preacuerdos en menos de catorce horas, los cuales fueron sucesivamente rotos por quienes acababan de negociarlos. La jornada del domingo y la madrugada del lunes fue calificada de «ejercicio absoluto de la democracia interna» por unas fuentes, y de «situación caótica», por otras. Centenares de personas discutieron en la sala del congreso, los pasillos, el vestíbulo e incluso en la calle; hubo un maremágnum de reuniones y, a veces, los intentos de pacto se efectuaron en presencia de los periodistas e incluso de cualquier ciudadano que hubiera empujado la puerta de la calle, por supuesto no controlada por nadie, si le hubiese apetecido presenciar el espectáculo.Felipe González, que llegó a la sede del congreso a las seis y media de la tarde del domingo -con la teórica intención de pronunciar el discurso de clausura-, se topó con la situación antes descrita y tuvo dificultades para encontrar un despacho vacío donde aguardar la decisión de si intervenía o no ante el congreso. «No, si a mí me basta cualquier rincón», decía el líder socialista al secretario de organización, Manuel Abejón, que colaboraba en la búsqueda de sitio. Por fin, Felipe González pudo hablar con un discurso de circunstancias, en el que procuró dejar claro que la nueva dirección, fuera la que fuere, sería respetada por la ejecutiva federal. Al mismo tiempo se preguntó si no habría manera de aprobar algún día unos estatutos que valgan para diez años, como llamada general a la responsabilidad.

Febriles negociaciones

Felipe González fue bastante aplaudido, pero la realidad es que su intervención cambió poco el curso de los acontecimientos.

A la vista de la situación, Felipe González se marchó discretamente. Luis Gómez Llorente acudió también al congreso, donde aconsejó a sus supuestos partidarios -el sector crítico- una solución de síntesis y, si no fuera posible, el mantenimiento del pacto tercera vía-sector crítico, que funcionó durantejas asambleas, previas Al congreso extraordinario del PSOE. No obtuvo éxito en sus gestiones, entre otras razones porque declinó el ofrecimiento de encabezar la candidatura como secretario general, y se marchó por donde había venido.

Cayó la noche, se entró en la madrugada y, minutos antes del cierre del plazo de candidaturas, el ala izquierda -Colectivo Socialista- celebró una asamblea paralela al congreso, en que se llegó a una total ruptura interna. Los más radicales, dirigidos por Carlos López Riaño, mantuvieron hasta el final una candidatura propia. De esta forma se rompió el llamado Colectivo Socialista, el sector más a la izquierda del PSOE de Madrid.

Tres listas

Cerrado el plazo de candidaturas, a las dos y media de la madrugada del lunes, quedaron presentadas tres listas, dirigidas, respectivamente, por Joaquín Leguina (moderados), Alonso Puerta (tercera vía) y Carlos López Riaño (Colectivo Socialista). Apareció también una cuarta lista, con Manuel de la Rocha -hombre próximo a Luis Gómez Llorente- como candidato a secretario geneical, en un intento de conjugar a la tercera vía y al sector menos radicalizado de los críticos; pero De la Rocha se retiró inmediatamente, y sólo quedaron las tres candidaturas explicadas con anterioridad.

Aún se produjo un hecho verdaderamente curioso en un congreso como éste, y es que el presidente de la mesa -Modesto Noya, candidato en la lista del Colectivo Socialista- rechazó la presentación de la candidatura de Alonso Puerta, por haber sido entregada ocho minutos fuera de plazo. En medio del cansancio y de la tensión nerviosa de aquellos momentos, parte del congreso presionó para revocar la decisión de la mesa, y esta última no dio por presentada la candidatura de la tercera vía hasta que una votación nominal de los congresistas echó abajo su anterior decisión,

En estas circunstancias, los candidatos a secretario general desfilaron por la tribuna para defender sus respectivas posiciones. La sesión se convirtió en un conjunto de ataques políticos, en el que todos procuraron demostrar que los malos eran los otros y que, en realidad, nadie está limpio de pecado. López Riaño (Colectivo Socialista) protestó de que puedan darse congresos como éste, donde «entramos derechos y salimos partidos»; Leguina autoproclamó su candidatura como la única coherente y dijo que la lucha por el poder es legítima, pero que no lo es tratar de romper el partido -«algunos compañeros creen que sus ambiciones pasan por encima del partido y de la sociedad»-, y Alonso Puerta aseguró que «aquí no hay posturas virginales», y que el rechazo a la gestión de la anterior ejecutiva afectaba por igual a miembros de otras candidaturas, que habían participado en etapas anteriores de la Federación Madrileña. A su vez, auguró un negro futuro a la UGT madrileña, cuyos problemas son «gravísimos», según Puerta.

Realizada la votación y el correspondiente escrutinio, la lista de Joaquín Leguina logró alrededor de 2.500 votos, mientras la de Alonso Puerta obtenía 2.400, y la del Colectivo Socialista se situaba en los 1.800 votos, además de un millar de votos en blanco y otro millar de abstenciones. La candidatura ganadora contiene, además de Joaquín Leguina, los nombres de Feliciano Páez (presidente), José Acosta (vicesecretario general), Luis Pérez (relaciones políticas), Virgilio Cano (organización), Julio Rodríguez (estudios y programas), Enrique Gomáriz (formación), Reyes Mate (medios de comunicación), Juan Barranco (secretario general), entre otros, todos ellos del sector moderado.

Situación inestable

Las consecuencias políticas de este congreso trascienden las fronteras del PSOE madrileño. Al frente de este último queda ahora, con menos de un tercio de los votos, el sector que ha venido sufriendo sistemáticas derrotas durante este año, pero que es observado con buenos ojos por la ejecutiva federal. El presidente de la Diputación de Madrid, Carlos Revilla, se ha visto arrastrado por la impotencia de la tercera vía, al haberse presentado en la lista de Alonso Puerta, y este último no sólo ha perdido la secretaría general, sino que su puesto de teniente de alcalde y portavoz socialista en el Ayuntamiento puede verse condicionado por la presencia de uno de sus enemigos «históricos», Juan Barranco, en la secretaría municipal de la Federación Madrileña.

Por otra parte, los hombres más próximos a Luis Gómez Llorente -Enrique Moral, Manuel de la Rocha- han fracasado en el intento de convertirse en solución, y el Colectivo Socialista, que aportaba la mayor parte de las bases del sector crítico, sale muy dividido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de diciembre de 1979

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