Divorcio civil
He leído en «Tribuna Libre» el artículo El divorcio civil, de Santiago Pelayo, con quien disiento totalmente.Pienso que prejuzga las actitudes de todas las personas cuando dice que la voluntad del hombre y la mujer, cuando se casan, es la de contraer una unión indisoluble, mientras todos sabemos que las actitudes son bien distintas en cada pareja: motivos económicos en unos. presiones sociales en otros, incluso hasta motivos políticos y otros muchos.
En todos estos casos, las razones para contraer matrimonio son por sí mismas disolubles, evidentemente. Lo que sí sería indisoluble es el verdadero amor. que trasciende lo político, social, económico y físico, pero es anterior a la ley; él mismo (no la ley) es base de la indisolubifidad: la ley lo único que debería hacer es reconocer que puede existir indisolubilidad, no crearla, lo cual, por otra parte, es imposible. ya que es (la ley) algo externo a la persona y que defiende un determinado tipo de sociedad, mientras que el amor es algo que implica profundamente a las personas.
Por otra parte, está bien claro que un matrimonio no se disuelve por una sentencia dada por unjuez, sino que está anteriormente disuelto. Lo único que hace una sentencia es reconocer que el matrimonio está ya disuelto, es un reconocimiento ante la sociedad de que el matrimonio jurídico no existe, ya que no existe, el matrimonio real; lo mismo que, cuando una pareja se casa, lo que hace es manifestar a la sociedad que los dos se unen, pero no manifiestan las motivaciones que les han llevado a esta situación.
No podemos afirmar que, porque dos personas se casen, se unan de por vida, ya que, como dice la noticia que aparece en la página trece del mismo ejemplar de EL PAIS: «Según el padre Benzo, la indisolubilidad cristi ana del matrimonio es un ideal, no una norma jurídica.» Por supuesto que podemos afirmar lo mismo del matrimonio civil, y creo que todos sabemos que el ideal no se cumple en todos.
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