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Reportaje:La comunidad hebrea en España / y 2

Israel es la madre real; España, la madre adoptiva

El 80 % de los judíos españoles, de origen sefardí en su mayoría, son comerciantes, empresarios e industriales. El resto son profesionales, generalmente más progresistas. Están en todas partes y regentan los negocios más dispares, pero aparentemente su poder no es aún peligroso. Lo más inquietante es esa doble fidelidad a Israel y a España, esa dicotomía curiosa que divide a los judíos hispanos. Escribe Inmaculada de la Fuente.

En hebreo, Sefarad significa España. Y sefardíes son los judíos de origen español, los judíos españoles que expulsaron los Reyes Católicos en 1492, que habían llegado a España en tiempos de los fenicios, antes que romanos, godos y árabes. Cuatro siglos después, la nueva Constitución de 1869 reconoció la libertad religiosa y algunos descendientes cle sefardíes regresaron de nuevo a su patria. Pero fue un regreso a cuentagotas, de forma individual y espontánea.En Iaactualidad, la mayoría de los judíos que viven en España son de origen sefardí, pero esto no significa que los sefardíes en bloqi ¡e hayan vuelto a su patria o que la deuda histórica se haya saldade). Otra falacia es pensar que los se fardíes añoran la vuelta a nuestro país y que sueñan con volver a vivir en nuestro suelo. El pasado no puede enmendarse y los sefardíes de Salónica, Turquía o Israel están integrados en su paisa.je y no piensan trasladarse a España de forma masiva. «Es demagógico hablar del españolismo de los sefardíes como de algo gratuito, y tampoco es correcto afirmar que hablan un español del siglo XV, un español renacentista y cervantino... Lo que ocurre es que conservan un español dialectal que ha ido evolucionando al margen del español peninsular», matiza Jacob Hassan, judío español director del Centro de Investigaciones Sefardíes del Instituto Arias Montano, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. « Lo extraordinario es que hayan conservado estos rasgos hispánicos por espacio de cuatro siglos, a pesar de no haber tenido contactos ni academia. Incluso he conocido a griegos no judíos que entienden el español por simple contagio de los sefardíes que viven junto a ellos», continúa explicando Jacob Hassan. «Y aún es más interesante la literatura de creación que han realizado hasta el siglo XIX, además de romances, canciones y cancioncillas.»

Pero al final del siglo XIX se produce un proceso de aculturización sefardí, especialmente entre los sefardíes que vivían en, Marruecos. La influencia francesa, a través de la Alianza Israelita lJiliversal, origina un corte cultural respecto a España y un cambio radical a la cultura francesa. Los niños judíos acuden en masa: a las escuelas francesas y el francés se convierte en su segunda lengua, en el idioma del pensamiento y clel mundo de las ideas. Mientras, el sefardí queda un poco relegado a lengua de la intimidad y del amor, pero no llega a perderse. Algunos estudiosos califican a este proceso, con una cierta socarronería, como el nacimiento del judeofrañol.

Más tarde, la persecución y exterminio nazis arranca toda posibilidad de reconstrucción literaria. En la actualidad, se mantiene el español en las comunidades de Salónica y Estambul, así como en Israel, donde hay 300.000 sefardíes, más una considerable proporción de latinoamericanos y españoles. Pero es un español dialectal, vivo y anárquico, un neojudeoespañol de telefilme.

De 1492 a 1869 no hubo judíos en España, al menos oficialmente. Y si los hubo, eran judíos conversos, o los llamados marranos, o falsos conversos, pertinazmente perseguidos por la Inquisición y cuya genética hubo de diluirse apresuradam ente entre los cristianos viejos. Pero la Constitución de 1869 autorizó la libertad religiosa y algunas familias volvieron a instalarse en España, pero en cantidad muy exigua. Años después, en el siglo XX, un español, el doctor Pulido, propició la vuelta de los sefardíes por razones de justicia histórica. Pero no tuvo demasiado eco ni entre los españoles ni entre los sefardíes, aunque creó cierto sentimiento de culpabilidad peninsular que desembocó en un decreto .de Primo de Rivera abriendo puertas y posibilidades de nacionalización a los judíos sefardíes.

Tras la segunda guerra mundial, refugiados centroeuropeos askenasis, utilizaron a España como tránsito para ir a otros países y algunos terminaron quedándose aquí, como es el caso de Max Mazin, el judío más rico de España y uno de los más ricos de todo el país. Pero en los años sesenta, tras la independencia marroquí, la mayor parte de los sefardíes instalados en este territorio regresan a España. «En 1953, cuando yo vine a estudiar a Madrid, sólo había unos doscientosjudíos en la capital; ahora, en cambio, hay más de 3.000.» Además, la comunidad judía se ha incrementado en los últimos años con la llegada de latinoamericanos judíos. Cuando subió al poder Salvador Allende, algunos capitalistas se trasladaron a España. Cuando Pinochet dio el golpe mitar, los judíos de izquierda también se refugiaron en nuestro pais, como hicieron después sus homólogos argentinos, la mayoría psiquiatras y arquitectos. Pero estos judíos progres, sin renegarde sujudaísmo, a menudo no se integran en la comunidad.

Judíos famosos

La comunidad española, al menos los cargos directivos, es ciertamente oficialista y sionista. Los miembros de base, por su parte, apoyan generalmente esta tendencia, aunque algunos suelen matizar que su sionismo no es incondicional. «A veces me dicen que losjudíos tenemos la culpa de que los palestinos no tengan territorio propio y me acusan de imperialista y demás. Bueno, yo creo que, una vez que el Estado de Israel sea aceptado, los palestinos tienen derecho a un territorio, y a que los otros países árabes les admitan en sus tierras, bastante extensas, por cierto», dice Ruth Aizenman, quien, por otra parte, asegura que ella pasa de política. Algunos, más progresistas, o de izquierda, jóvenes en su mayoría, apoyan al movimiento de intelectuales judíos La Paz Ahora, y estarían dispuestos a la devolución de los territorios ocupados, excepto Jerusalén.

Entre losjudíos españoles hay comunistas, bastantes socialistas y centristas y gente conservadora sin más, apolítica o derechista. Entre los políticos activos, el más destacado es Enrique Múgica, hijo de madre judía y uno de los pocos vascos y judíos que recoge en sí estas dos tradiciones. Enrique Múgica, como otros tantos, no es un judío religioso, pero mantiene una vinculación afectiva al judaísmo, al igual que su familia. Recientemente se ha creado una Asociación de Amistad España e Israel, que, entre otras cosas, propicia el establecimiento de relaciones diplomáticas, presidida por Antonio Hernández Gil, anterior presidente de las Cortes, en la que también se ha integrado el diputado socialista.

Otro diputado socialista de origenjudío, «pero antisionista», es Pablo Castellano. Pero la mayor parte de los judíos más conocidos no se encuentran en la política, sino en las finanzas. El 85 % de los judíos españoles son comerciantes, empresarios e industriales. El resto son profesionales: abogados, médicos, farmacéuticos, etcétera. Sus negocios son variados: desde un estanco a unajoyería, desde una tienda especializada en ballet, como la del señor Menkes, hasta la academia de idiomas Mangold. Pero los más conocidos, además del superejecutivo Max Mazin, que controla Renta Inmobiliaria, Iberia Mart, Servisa, Trip, Barcelona 2.000 y otras, y que fue vicepresidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), son los empresarios Salama, propietarios de negocios y sociedades, entre ellos la empresa de comercio exterior Transáfrica; el empresario ceutí Arol Hatchuel Benasayas; Mauricio Hatchuel Toledano, presidente de la Comunidad Judía de Madrid, e importante hombre de negocios, al igual que Samuel Toledano, dedicado a la importación y exportación de electrónica; David Bentohila, vinculado a Logobax, empresa dedicada a ordenadores. Y en Barcelona, J. Cohen es el ingeniero-jefe de Expansión 13, empresa de sistemas de seguridad. El presidente de Ford en España, Carl Levy, también es judío, y se comenta que la casa Rothschild -principalmente la rama francesa- mantiene contacto con destacados empresarios españoles. En otro campo, Raimundo Saporta, designado para organizar el Campeonato Mundial de Fútbol de 1982, también es hijo de madre judía y se educó en el Liceo Francés, como la mayor parte de los hijos de los judios madrileños. Y, aunque no judío, Antonio García Trevijano, casado con una judía, también se considera un hombre próximo a ambientes judíos.

Algunos verán en estos datos un pretexto para hablar de poder sionista. Pero los observadores más serenos aseguran que son nombres aislados, muy por debajo todos ellos de Max Mazin.

Conflicto de conciencia

Además de su condición de capitalista y conservador, se dice que Max Mazin es uno de los judíos más inteligentes y uno de los sionistas más eficaces. Dirige la sección española de Bene Merit, encargada de recoger fondos y apoyo para el Estado de Israel, y se comenta que fue quien transmitió el saludo del presidente de Israel a don Juan Carlos al alcanzar la Jefatura del Estado. No hay relaciones diplomáticas, pero hay relaciones culturales y económicas. En la sinagoga de Madrid, la Comunidad Judía facilita el visado a los españoles que viajan a Israel y fomenta las visitas de judíos españoles a Israel y la acogida de israelíes en España. Se comenta, pues, que hace las veces de embajada sin serlo, aunque el señor Toledano aclara que la Comunidad es una entidad religiosa sin pretensiones políticas. Pero a la vez confiesa que la Comunidad tiene una vinculación de solidaridad con Israel, «una solidaridad que es la condición de la supervivencia».

«Necesitamos el Estado de Israel, y le apoyamos, porque si hubiese existido en tiempos de Hitler, muchos miles de personas se habrían salvado. Es una garantía de que, en caso de persecución, allí tenemos nuestro hogar nanacional», dice el señor Toledano. Ruth Aizenman es más explicita: «Israel esmi madre real, España es mi madre adoptiva. Si alguna vez se produjeran colisiones entre Israel y España, intentaría abstenerme o resolver el conflicto a nivel de conciencia personal. Pero si existiera un claro dilema, elegiría a Israel.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de junio de 1979