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Tribuna:SPLEEN DE MADRID

El Quincoces que yo fui

Ya sólo somos fútbol y memoria. Cuando el Madrid se proclama supercampeón de la regularidad, comprendemos lo irregular que ha sido nuestra vida y que, si le hubiéramos puesto más constancia y mejor Juego a la cosa (aparte el toque de balón, que eso se tiene o no se tiene), hoy seríamos el príncipe de todas las quinielas.En el revival del Madrid ha surgido el nombre y el rostro de Quincoces, el Quincoces que yo fui, que fuimos cada niño de posguerra, los cromos orinados que guardábamos, el futbolista muerto que uno lleva en el alma desde que decide, en una tarde dominical de adolescencia, quedarse en casa leyendo a Keats o Yeats.

Lo dice Alfredo Landa en Las verdes praderas: verdes praderas:

-Hacíamos la Vuelta a España con chapas de botella. Yo he sido Berrendero y Cañardó.

(Todo eso está muy lejos: está tan lejos, que los jóvenes linotipistas suelen escribir Barrendero.)

Alfredo, si tú has sido Berrendero imaginario con tus piernas de ciclista, yo fui Quincoces a los ocho años, aunque sólo una vez me pusieron camiseta de fútbol en la escuela. Quiero decir que nos educaron para semidioses, nos curtieron para Alfredo Mayo, nos dieron una mística de delantero centro citando en casa faltaba el azúcar y la descalcificación de las rodillas traicionaba nuestra unidad de destino en lo universal y en la Liga.

Eramos portadores de valores eternos hasta los niños, pero la piedra de las Leyes Funda mentales le pesaba demasiado al Sísifo/Prometeo mal encadenado al franquismo. Y el buitre del racionamiento venía a pespuntearnos el costado del hambre todas las tardes hacia la hora de la merienda.

Entre el retromadridismo que estamos viviendo y las películas de la nostalgia crítica, asignaturas, madrugadas, pra deras, va a resultar, cuando me nos, que con Franco éramos Quincoces.

Y no.

Yo, según los campeonatos de Liga y las crisis de identidad del año sin UNICEF. que entonces no había de eso, ni siendo Quincoces, Barinaga, Molowny, Di Stéfano, Campanal, Iriondo, Panizo, Zarra. Nos educaron para furia española y ahora nuestra españolidad no es más que un ente autonómico con pólizas. y nuestra furia nos convierte cada noche en peligrosos sociales, según la ley, en marginales. pasés, flipados, colgados, narcisos y lumpem cultural, según mi querido Amando de Miguel y otros sociólogos con talento y mariconera.

A mí, personalmente, Lorenzo López-Sancho, en su planetario cultural, me instala cariñosamente como libertino, mientras que Guillermo Díaz-Plaja, que ahora se jubila durante una hora de clase al día, porque las otras veintitrés seguirá escribiendo y soñando, hasta se atribuye una perceptiva. Querido y admirado Guillermo, no tuvimos otra perceptiva, los niños de posguerra, que el reglamento de don Pedro Escartín. Nos forjaron para Quincoces y nos hemos quedado en Naranjito.

La teletonta, en plena orgía imaginativa, lanzada a un demasié creador, inicia nuevas series retrocamp/ franquistas. Hay un punto dudoso y lumínoso en el túnel del tiempo, en que Vízcaíno-Casas, José Luis Garei y el Real Madrid se tocan, se encuentran y confunden, porque con Franco éramos más jóvenes, según la mejor pintada del posfranquismo, que es una pintada verbal, y porque la crítica al consumismo, entre Rousseau y Daoliz y Velarde, puede rebobinarnos hacia la dictadura y el tercermundismo en una moviola inversa que a la derecha le hace renegar de la democracia por roja y a la izquierda la hace rencoar de la democracia por yanqui.

Nada de esto es bueno para la democracia. El Quincoces que Yo fui, el Quincoces que uimos todos los españoles, el futbolista inédito que lleva uno dormido en el pecho, el héroe que íbamos a ser, mitad monje, mitad guardameta, o sea, el ideal, la esperanza. el futuro, el Zarra de la vida Y de la ética, ay. A mí se me murió Quincoces con la vuelta de los embaiadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 1979