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Entrevista:

"La profesión de alcalde es un continuo mendigar en Madrid"

Manuel Bermejo, ingeniero del Catastro de la provincia de Las Palmas de Gran Canaria, es el nuevo alcalde de Las Palmas. En las elecciones municipales fue candidato de la Unión del Pueblo Canario, coalición nacionalista que también situó un diputado en el Congreso. Para acceder a la alcaldía de la capital de Gran Canaria, el señor Bermejo contó con el apoyo de los partidos de izquierdas, con los cuales, según él, la convivencia es perfecta en el Ayuntamiento. En otros sectores, su alcaldía ha sido mucho más contestada. El alcalde nacionalista de Las Palmas habló con EL PAIS durante una visita que acaba de realizar a la capital de España, para resolver asuntos pendientes, de carácter crediticio, de su municipio.

Pregunta. ¿No es deprimente para un alcalde nacionalista tener que venir a Madrid a resolver cuestiones de su ciudad?Respuesta. Lo que es deprimente para cualquier ayuntamiento es carecer de los recursos necesarios para resolver sus problemas, por lo que la profesión de alcalde se convierte en un continuo venir a Madrid a mendigar. La independencia ejecutiva y económica del poder municipal es un principio fundamental de todo sistema democrático, ignorado por la ley de Régimen Local. La participación de la Administración local en los presupuestos generales es en España del orden del 10%, cuando en Europa oscila entre el 30 y el 60%. Pero aquí, además de carecer de dinero, no tenemos capacidad de decisión, porque en ciudades como Las Palmas la solución de los principales problemas está en manos de las delegaciones ministeriales.

P. ¿cómo ha sido recibido en Canarias el alcalde de un partido que defiende la autodeterminación?

R. La cuestión de la autodeterminación no tiene una traducción muy clara en la alcaldía, que tiene contenidos más a ras de suelo, más de índole ejecutiva. De los tres eslóganes de UPC en las generales -derecho de autodeterminación, neutralidad y poder popular-, es este último el que tiene más que ver con la política municipal.

P. ¿Cree que su presencia en la presidencia de la Corporación de Las Palmas puede levantar recelos en las esferas de la Administración central?

R. Es posible que mi condición de nacionalista se traduzca en menos facilidades, pero está claro que en la actualidad la Administración central está obligada a prestar una ayuda constante a los ayuntamientos para resolver problemas muy concretos. Estimo que sería muy apolítico que la ideología del alcalde fuera origen de discriminaciones.

P. ¿Qué reacciones se han producido en los medios políticos de derecha y centro a raíz de su elección?

R. Algo así como una mezcla de temor, desconfianza y expectación, a lo que espero responder con la verdad de los hechos.

P. ¿Y las autoridades canarias?

R. Pues ha habido una reacción protocolaria que yo estimo cordial. Supongo que en algún raso no habrá hecho mucha gracia.

P. ¿Alguien no le ha felicitado?

R. Todas las autoridades me han felicitado, menos el obispo de Las Palmas, a quien no he podido ver todavía, por hallarse ausente.

P. ¿Por qué en su discurso de toma de posesión planteó una cuestión que en principio parece estar fuera del ámbito de sus competencias? Me refiero a la promesa de ayuda al pueblo saharaui.

R. Hay que aceptar que la toma de posesión era una plataforma definitoria de una serie de problemas que no tenían por qué limitarse a la esfera municipal. En este sentido, está claro que la batalla del pueblo saharaui enlaza con muchos problemas canarios, creados precisamente en el momento de la descolonización del Sahara. La ciudad de Las Palmas fue, en gran medida, la capital en materia logística de ese territorio africano. Por eso no es posible separar problemas que son comunes y que nacen de aquel gran error que fue la descolonización. En el Sahara vivían muchas familias canarias que hoy están en paro; el puerto de Las Palmas, que fue el primer puerto pesquero de España, entró en decadencia después de la descolonización... Son muchos los problemas comunes.

P. ¿Qué es lo que más le preocupa de la herencia que le dejan los ayuntamientos franquistas?

R. El transporte, el agua, el tránsito, las basuras, y como denominador de todos estos problemas, la falta de recursos. Hay una serie de problemas generados por el crecimiento anárquico de la ciudad de Las Palmas, por lo que se impone la necesidad de un plan de reordenación urbanística que luche contra la concentración. Es necesario integrar a Las Palmas en la vida de la isla, que por algo vive en ella el 60% de la población de Gran Canaria, el 80% en su área metropolitana y el 98% a menos de una hora de coche de la capital.

P. ¿Se siente usted alcalde de la UPC o de un conjunto de fuerzas que le han ayudado a situarse en ese puesto?

R. Yo me considero el primer alcalde democrático de Las Palmas que abarca a toda la izquierda y quiere dejar bien clara la coincidencia de puntos de vista entre PSOE, la Asamblea de Vecinos y la UPC.

P. Una de las primeras decisiones del Ayuntamiento que preside fue suspender la celebración del quinto centenario de la conquista de Las Palmas. ¿Sabe usted que ha sido mal acogida en ciertas esferas?

R. Nosotros no hemos hecho otra cosa que enterrar un cadáver que estaba a la puerta del Ayuntamiento. Aparte de lo dudoso de la fecha, se trataba de una celebración vacía de contenido, sin ningún eco popular, sin respaldo claro de la Iglesia y con connotaciones franquistas que resultaban hirientes para muchos. Hemos enterrado este cadáver pero vamos a celebrar el 24 de junio, fecha de la fundación de la ciudad de Las Palmas, que supone el paso de una civilización neolítica al Renacimiento. A esta sustitución de celebraciones se le ha querido dar un contenido político que no tiene.

P. ¿Qué hay de cierto en el pretendido prosovietismo de UPC?

R. UPC no es más que una coalición muy amplia formada por grupos y personas independientes dispuestos a luchar por la autodeterminación del archipiélago, por la neutralidad y por el poder popular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de mayo de 1979

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