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REPORTAJE

La niñez, el periodo más complicado de la vida del hombre

Mañana, 7 de abril, se celebra el Día Mundial de la Salud, que este año, con ocasión del Año Internacional del Niño, dedicará su atención a la salud infantil. La mayoría de los problemas orgánicos de los primeros años de nuestra vida responden a tensiones afectivas de origen familiar, social, interpersonal: son las pequeñas o grandes jaquecas, dolores de estómago..., que expresan esos otros pequeños o grandes problemas de la vida sentimental del niño.Informan sobre ello Alfonso garcía Pérez y Teodoro Izquierdo, con la colaboración de Pilar Ortiz, psicóloga especializada en niños, y el doctor Carlos Cobo Medina, psiquiatra.

Anna Freud declaró recientemente que «el periodo comprendido entre uno y seis años es el más complicado de la vida del hombre ». La vulnerabilidad del ser humano parece más acusada en estos primero años de existencia. Es una etapa de gran desarrollo físico y una época fundamental en la evolución mental del niño. Según los psiquiatra infantiles, «las nuevas corrientes de la pediatría y de la psicología comienzan a aceptar seriamente que esos dos planos de desarrollo, físico y psicológico, no sólo corren parejos, sino que se entrecruzan de forma decisiva y frecuente a lo largo de la vida, y fundamentalmente, en los años de la infancia».La tendencia más organicista de la medicina no suele tener en cuenta, salvo en casos extremos, la importancia de la psicología del niño en su salud física. Sin embargo, un amplio grupo de pediatras y psicólogos tienden a considerar una gran parte de los problemas de salud del niño como tensiones de tipo psicosomático. Afirman que muchos malestares de tipo físico son sólo síntomas de tensiones psicológicas, y que dificultades fisicológicas pueden tener consecuencias de índole psíquica.

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La somatización sería entonces la concretización en el cuerpo, a través de quejas o síntomas de orden fisiológico: dolores, disfunciones ... ; de tensiones psicológicas, negligencias o desajuste entre necesidades y cuidados.

En un estudio realizado por los gabinetes de psiquiatría infantil de la residencia sanitaria Primero de Octubre y del Hospital del Niño Jesús se pudo comprobar que un 13% de los casos sometidos a tratamiento psiquiátrico habían tenido como síntoma primero un trastorno de índole psicosomático. Esos síntomas constituyen un amplio grupo de trastornos frecuentes en los niños.

Por ejemplo, sobre 81 casos de niños con problemas psicosomáticos, once presentaban como síntoma o motivo de consulta vómitos; diez, cefaleas; diez, epilepsia; ocho, inapetencia ante las comidas; siete, mareos; seis, dolores abdominales; cinco, problemas dermatológicos; cuatro, asma; cuatro, estreñimiento; cuatro, obesidad; tres, espasmo de sollozo; dos, anorquía bilateral y un caso de cada uno de los distintos trastornos: cardiopatía, vértigo, pérdida de conocimiento, hipoacusia, retraso estaturo ponderal, enanismo y parálisis cerebral. Problemas que de forma secular han sido atendidos como trastornos físicos exclusivamente por la medicina organicista.

Salud infantil y sociedad

Puede ocurrir entonces que ese tipo de alteraciones en la salud del niño sean, a veces, sólo síntomas, señales de alarma, de un problema cuya raíz es de tipo psicológico. Según Pilar Ortiz, psicóloga especialista en el tratamiento de niños, «esas dificultades en el desarrollo mental del niño tienen su causa en problemas de relación del niño con los padres y la sociedad. Aunque la sociedad es un ámbito demasiado lejano para el niño, no cabe duda de que un tipo de sociedad urbana es hostil para el niño. El desarrollo positivo de la personalidad sólo se consigue en un ambiente relajado, y en ese sentido la sociedad es una constante agresión contra la infancia. Por otra parte, el tipo de vida que impera en las ciudades hace que el niño tampoco pueda vivir en muchas ocasiones ,una relación normal con la familia, sobre todo con el padre, porque el padre es una figura ausente de la vida de muchos de los niños que tratamos en consulta; en la sociedad urbana el padre es sólo un personaje que trabaja fuera de casa al que se ve sólo media hora al día y mque sólo sirve para regañar cuando el niño tiene malas notas». Como consecuencia, la ausencia del padre y el stress que provoca la vida en la ciudad son dos ejemplos de cómo puede repercutir un determinado modelo de sociedad en la salud física y mental de los niños.

El medio rural parece ser más gratificante. Un mayor contacto con la naturaleza facilita la vida. «Eso no quiere decir -según los especialistas- que los niños criados en medios rurales no tengan problemas con su salud mental, pero los padres están menos sensibilizados para poder captar ese tipo de problemas psicológicos y no suelen acudir a consulta. Es un reflejo claro de la falta de cultura.»

Responsabilidad familiar

Si se acepta que la mayor parte de las enfermedades infantiles tienen una raíz psíquica, se podrá deducir la importancia que la familia tiene en la salud. Se ha llegado a decir que en los primeros meses de vida el bebé es el soma y su psique es la madre.

«Los padres debieran ser conscientes de su papel en el desarrollo madurativo del niño -afirma Pilar Ortiz-. También los padres pueden ser en muchas ocasiones responsables de los trastornos psíquicos de su hijo, bíen porque les haya frustrado más de lo que la psicología del niño podía aceptar, bien porque hayan sido demasiado complacientes sin darse cuenta de que al niño también hay que frustrarle en algunos momentos. Eso explica que muchos padres rehúyan la posibilidad de acudir con su hijo a una consulta psícológica. En bastantes ocasiones, la base de los problemas psicosomáticos de los niños es una situación de no afectividad, de que se sientan o no queridos. Puede ocurrir que los culpables de esa falta de afectividad sean los padres.»

Pero hay ocasiones en que los padres no acuden al psicólogo para consultar los problemas psicosomáticos de los hijos porque, según Pilar Ortiz, «en muchas familias es necesario que exista un enfermo. No hay deseo de que el niño se cure. Mientras se prolongue la situación de ese niño enfermo se mantendrá el equilibrio familiar, un equilibrio neurótico, insano. Si el miembro más vulnerable de la familia, el nifío, se curara, quedaría roto ese equilibrio enfermo en el que se asienta esa familia. Es el caso de los niños utilizados como chivos expiatorios de los problemas de los padres, un caso muy frecuente. Un ejemplo de

esto es el caso de matrimonios con una grave agresividad entre los dos miembros de la pareja. Esa agresividad se expresa no tanto en las relaciones de la pareja entre sí cuanto en su relación con el niño, que sirve de intermediario entre los padres. Esos padres no desean que el niño se cure. Se les acabaría entonces el chivo expiatorio, y al mismo tiempo están aumentando la agresividad de su hijo creándole un grave trastorno psicológico que se puede manifestar al exterior de mil maneras, entre ellas la sintomatología somática». Los padres, que no son conscientes de esa situación, boicotean, en esos casos, el tratamiento psiquiátrico con distintos métodos por ejemplo, llegando tarde a las sesiones, o no pagándolas.

Medicina preventiva

Es difícil adoptar, a juicio de los especialistas, medidas preventivas que favorezcan el normal desarrollo de la salud física y psíquica de los niños. Según el doctor Alfredo M. Guastavino, autor de unos cassettes de difusión de la salud infantil, «es imprescindible que los padres que se dispongan a educar a su hijo hayan logrado antes su equilibrio. Esa es la garantía de que los niños también participarán de ese equilibrio en su salud física y mental. El Estado debe responsabilizarse de la salud de los ciudadanos procurándoles la máxima información y orientación posible sobre temas de salud. Además, debe crear centros de diagnóstico y terapéutica. Las guarderías y colegios pueden desarrollar una labor fundamental en este tipo de medicina preventiva, ya que son verdaderos centros de detección de los problemas de salud, tanto física como mental, de los niños. Los nuevos ayuntamientos democráticos deberían planificar ese tipo de asistencias a las que me refería».

La importancia de la medicina preventiva en la salud mental del niño es fundamental. Sí un problema de este tipo no se ataja a tiempo, la salud mental de ese niño se irá deteriorando a lo largo de los años. El ciudadano adulto que arrastre esa deficiencia no tratada y curada no reportará ningún beneficio a la sociedad y a sí mismo. Esta es, según sociólogos consultados, una de las razones que justifican esa política preventiva y de actuación inmediata.

Todos los consultados coincidieron en afirmar que la creación y fomento de esa medicina preventiva que tanto precisa la infancia y el resto de la sociedad sería la mejor aportación del Estado en ese Día Mundial de la Salud Infantil que mañana se conmemora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de abril de 1979