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REPORTAJE

Petilla, una deuda reyes

A unos setenta kilómetros de Pamplona y en tierra de Aragón está un islote navarro, un pequeño municipio de cuarenta casas, dieciséis familias, diez coches, cinco teléfonos, un bar y un frontón. Petilla de Aragón, a pesar de estar en la provincia de Zaragoza, es parte de Navarra y sus habitantes se sienten totalmente navarros. Ahora, con las elecciones municipales, el Ayuntamiento se va a renovar democráticamente. El único candidato, Ángel Rived, que en la anterior Corporación era teniente de alcalde, no va a necesitar hacer campaña ni dar mítines. Sólo quiere trabajar para solucionar los grandes problemas de un pueblo tan pequeño. Nos informa Fermín Goñi.

Petilla de Aragón es un municipio pequeño, pero tiene su historia. Perteneció a Aragón hasta el siglo XII, pasando después a ser parte del reino de Navarra. La leyenda dice que Pedro II de Aragón perdió Petilla y otras ocho poblaciones fortificadas jugando a las cartas con Sancho VII El Fuerte, rey de Navarra. La historia, más ajustada a la verdad, indica que los castillos de Peña, Gallur, Ascó y Petilla fueron la señal que ofreció Pedro II de Aragón a Sancho VII El Fuerte a cambio de 20.000 maravedíes que le prestó el rey de Navarra. Las tierras y los castillos quedaron en manos de un intermediario, Ximeno de Rada, hasta que los aragoneses no cancelasen, en el plazo de veinte años, la deuda contraída. Jaime I El Conquistador no pudo devolver el préstamo, y en 1231 Petilla pasó a formar parte del reino de Navarra. Ochenta y un año después, en 1312, los aragoneses reivindicaron Petilla, intentando tomarla por la fuerza de las armas. Los naturales del pueblo aguantaron el sitio y los ataques, siendo premiados por Carlos II de Navarra, por su hidalguía y espíritu valiente, con una reducción en los tributos. En 1979, la Diputación Foral subvenciona también económicamente al deficitario Ayuntamiento para que pueda hacer frente a los gastos del municipio.Un pueblo pequeño y sin problemas

El descenso demográfico en Petilla es alarmante: 662 habitantes en 1860, 459 en 1900, 416 en 1930, 214 en 1960, 79 en 1975 y sólo 66 censados el año pasado. A las once de la mañana de un martes cualquiera, en Petilla sólo están las mujeres y los pocos jubilados que viven en el pueblo. Las tres calles de la población están vacías y la llegada de un coche es una novedad. Hace más de un siglo, el 1 de mayo de 1852, cuando el pueblo tenía un censo de habitantes diez veces superior al actual, nacía en Petilla Santiago Felipe Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en la sección de Fisiología y Medicina, en 1906. Ramón y Cajal, que abandonó el pueblo de pequeño, regresó a su lugar de nacimiento cuando contaba 71 años. En su libro Páginas de mi vida describía a Petilla como «uno de los pueblos más pobres y abandonados del alto Aragón, sin carreteras ni caminos vecinales que lo enlacen con las cercanas localidades aragonesas de Sos y Uncastillo, ni con las más lejana Aoiz, cabeza del partido al que pertenece. Sólo sendas ásperas y angostas conducen a la humilde aldehuela, cuyos naturales desconocen el uso de la carreta. El panorama que tienen los ojos desde el portal de la iglesia no puede ser más romántico y a la vez más triste y desolado. Más que asilo de rudos y alegres aldeanos, parece aquello lugar de expiación y castigo».

Posiblemente, Ramón y Cajal no exageraba cuando en 1923 volvió a su pueblo. Hoy, en 1979, la carretera local que conduce hasta Petilla está totalmente asfaltada a pesar de que finaliza en el pueblo, y desde el portal de la iglesia se divisa una importante extensión de terreno comunal repoblado con pinos que en pocos años serán una fuente de riqueza importante. «Aquí nos vamos a quedar los mayores reumáticos y los jóvenes asmáticos -comenta una vecina- La humedad de las casas es terrible y no tiene solución.» La vecina tiene razón. Petilla, por indicación de la Diputación Foral de Navarra, se reconstruyó totalmente hace catorce años. Donde estaban las viejas casas se hicieron otras nuevas. Pero las prisas por habitarlas -en la mayoría de los casos los vecinos entraron a vivir sin que estuvieran totalmente acabadas- trajeron como consecuencia una humedad fuera de lo normal. «La mayoría de los hombres del pueblo estamos reumáticos», dice el futuro alcalde.

En la reorganización de Petilla se arreglaron cuidadosamente las tres calles del pueblo: Mayor, Santiago Ramón y Cajal y Amadeo Marco, esta última dedicada al actual vicepresidente de la Diputación Foral de Navarra. Y en la plaza mayor, plaza de Navarra, se colocó junto a la puerta del Ayuntamiento un busto del hijo ilustre de la población: Ramón y Cajal.

Pan duro toda la semana

Pero la reconstrucción del pueblo no solucionó los males. Como había pocos niños en edad escolar se cerró la escuela y los cinco alumnos que quedan en la actualidad van diariamente, en un taxi que paga la Diputación, hasta las escuelas de Sangüesa, a unos doce kilómetros. El agua tiene mucha cal y obstruye las tuberías, y en verano, cuando los depósitos están bajos de nivel, tienen que impulsar el agua con un motor. El médico, que reside en Navardún (Zaragoza), atiende a la vez a nueve pueblos, lo mismo que el cura. «No se cómo será el cura que tenemos ahora, pero, desde luego, que no nos haga como el anterior, aquel que estudiaba periodismo Pamplona -dice la señora Antonina-. Después de estar confesándome con él varios años, ahora va y se nos casa. Vaya formalidad.» ¿Y la democracia? ¿Qué ha supuesto la democracia para Petilla de Aragón? «Mire usted -señala una vecina con mucho desparpajo-, la democracia nos ha traído unos jornales más bajos. Porque ahora los hombres del pueblo que trabajan en la explotación forestal de la Diputación sólo van al tajo quince días. Y el resto sin trabajar. Y así les pagan unos sueldos de miseria: 14.500 pesetas al mes. ¿Usted cree que con ese dinero puede vivir una familia?»

Para el futuro alcalde, Ángel Rived, los dos problemas acuciantes del pueblo son el médico y el panadero. Porque en 1979 los habitantes de Petilla de Aragón comen pan duro seis de los siete días de la semana. «El panadero -afirma Rived- viene los jueves. Ese día comemos el pan tierno. Y los otros seis, duro. Menos mal que es pan de pueblo, de esas tortas de kilo, y aguanta mejor. Aun así, es algo que tenemos que arreglar.» Y para arreglar las cosas posiblemente voten, en las elecciones para el Parlamento Foral, al candidato independiente Jesús Ezponda Garaicoechea, «porque es el único que cuando salió diputado foral, hace años, vino al pueblo». En las últimas elecciones legislativas el pueblo se volcó con UCD. De los 66 votantes censados, 31 dieron su voto a UCD, uno al PSOE, uno al PNV, dos a UPN y otro votó en blanco. «Mire usted, como aquí no se ve lo que emite Tele-Norte ni el UHF y en la televisión salía mucho Suárez, nosotros votamos a los de Suárez, que, como están en el Gobierno, por lo menos tienen experiencia. Ya veremos cómo nos resultan.» Y como en todos los pueblos de Navarra, al hablar del tema Navarra-Euskadi, hay opiniones para todos los gustos. «¿Pero cómo vamos a ser vascos siendo navarros?», se pregunta una vecina. «Pues has de saber, Antonina -le responde la mujer del futuro alcalde- que los navarros somos los únicos vascos, los auténticos vascones. Y eso lo dice la historia.»

Pero, a pesar de su amor a Navarra, los de Petilla no están contentos con la Diputación Foral. «Nos hemos de hacer de Aragón. Si no nos arreglan los jornales nos vamos con ellos, que, según dicen por ahí, tienen muchas ganas de quedarse con Petilla. Nosotros preferimos ser navarros, pero si no nos hacen caso, nos hemos de ir con los aragoneses, que bien que nos desean.»

Las elecciones municipales, a pesar de no tener más que un candidato, han abierto una nueva ilusión en Petilla, donde no se recibe más que un periódico, Diario de Navarra, y por suscripción, y apenas se oye una de las cuatro emisoras de radio de Navarra. «Yo no prometo nada -dice el candidato a alcalde, Ángel Rived-, sólo quiero para el pueblo tranquilidad, paz y trabajo.» Y, por supuesto, mejor asistencia médica y pan tierno.

MAÑANA: Sant Vicenç de Montalt (Barcelona)

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de marzo de 1979

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