Elecciones 1979

La lluvia deslució la primera jornada electoral de Adolfo Suárez

La lluvia torrencial que cayó ininterrumpidamente sobre León desde primeras horas de la mañana de ayer deslució lo que prometía ser la primera «jornada triunfal» de Adolfo Suárez por provincias. Los cerebros de UCD habían descartado de antemano el mitin como «plato fuerte» y fijaban todas sus esperanzas en el baño de multitud que previsiblemente iban a recibir los esposos Suárez en el paseo programado por las calles céntricas de la ciudad, con final en la catedral. Pero la lluvia lo chafó todo, y se puede afirmar que, salvo el motín que provocó su presencia en una taberna de la plaza Mayor y la reunión que mantuvo en la mañana con una representación de pensionistas, lo demás se redujo a un caluroso encuentro con los entusiastas iniciados de UCD, llegados de toda la provincia. Era justo el momento en que dejaba de llover.

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Tanto en la breve rueda de prensa que mantuvo al final de la mañana, como en los diversos momentos en que hizo uso de la palabra, Adolfo Suárez -y lo mismo cabe decir de Rodolfo Martín Villase esforzó por presentar una imagen deliberadamente antidemagógica de UCD. «Prometo que estudiaré su problema con atención, pero no que lo vaya a solucionar a corto plazo», decía una y otra vez a los pensionistas que le planteaban la insuficiencia de sus rentas; «Somos un partido de reflexión, «Hablamos demasiado de derechos, hay que empezar a hablar de deberes», «Hay que ponerse a trabajar más».Por la mañana, en la conferencia de prensa, Adolfo Suárez no añadió nada nuevo a lo declarado el viernes sobre temas como previsiones electorales, coaliciones posibles, terrorismo, etcétera. En todo caso señaló que en el supuesto improbable, según él, de tener que formar un Gobierno de coalición, sería siempre con una fuerza política capaz de asumir el programa de UCD, con mención expresa de las bases doctrinales, esto es, «los valores del humanismo cristiano».

Respecto a si los obispos le habían echado un cable a UCD con su reciente declaración, Adolfo Suárez manifestó que no creía que en la intención de los obispos estuviera beneficiar.o perjudicar a nadie, sino más bien orientar el voto de los cristianos.

Especial énfasis tuvieron los elogios dedicados en dos ocasiones al ministro del Interior y primer candidato al Congreso por la provincia de León, Rodolfo Martín Villa. Ante la prensa, primero, y ante los militantes de UCD, en la comida de hermandad y concienciación, Adolfo Suárez expresó su confianza en Martín Villa, por quien confesó sentir una «admiración impresionante» y para quien tiene un puesto en Gobiernos que él presida, «siempre que se deje convencer».

Como iba de elogios, el señor Martín Villa se despachó a gusto con el presidente, al que, por medio de un circunloquio de largo recorrido, comparó a Guznián el Bueno, del que tomó prestado el calificativo para aplicárselo. «Le tildan de hábil, y lo será; de inteligente, y lo será; de osado, y lo será; de bueno, y lo es. »

Por lo demás, la estancia de Adolfo Suárez en León no estuvo exenta de pintoresquismo. Pintoresco era, a primera hora de la mañana, contemplar a la representación de pensionistas de la provincia -más de cien- ocupando los salones del hostal de San Marcos, que jamás habían pisado la mayoría de ellos. Y entre los que lo habían hecho no faltaban los que habían prestado en estas instalaciones el servicio militar -el edificio del hostal era un regimiento de caballeríaCon el «Guillermo Tell», de Rossini, como fondo musical, comentaban dos hombres mayores: «¿Te acuerdas de las guardias que nos hacíamos?» Sonaba «Finlandia», de Sibelius, cuando un pensionista decía a la salida de la reunión con Suárez: «Habló bien, pero mejor estuvo el que le dijo lo de la pensión de 1.200 pesetas. »

El recorrido de los esposos Suárez por la catedral fue, continuamente interrumpido por monjas y damas que, prometían oraciones; su entrada en la plaza del mercado produjo un abandono de puestos generalizado. Señoras y señores, más de las primeras que de los segundos, corrieron hacia el bar de la esquina para saludar a Adolfo Suárez y a su esposa. «Suárez, eres el más grande», gritaban las señoras. «No tanto, no tanto», decía él.

Con todo, el momento más eufórico fue la comida de hermandad con los militantes llegados de toda la provincia: todo un show a la americana, aunque con aditamentos propios de la raza.

Incómodo viaje a Vigo

Desde León, el presidente se trasladó a Vigo, por carretera, ya que las desfavorables condiciones meteorológicas impidieron el previsto desplazamiento en avión. Durante el camino se detuvo en un bar de carretera de la localidad orensana de Udina, para tomarse un café y un bocadillo, y posteriormen.te se detuvo de nuevo al entrar en la provincia de Pontevedra, para atender a doscientos miembros de UCD que le aguardaban desde hacía dos horas bajo el temporal. Suárez llegó cansado a la ciudad viguesa, después de un incómodo viaje, y se dirigió directamente al hotel donde le esperaban sus partidarios.

González Seara dijo en su discurso que la democracia puede estar en peligro si no gana UCD, y Suárez destacó la idea de que es necesario experiencia para gobernar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de febrero de 1979.

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