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Tribuna:PILDORAS DESDE LA TERCERA EDAD

La benemérita y el domador de elefantes

¿Ustedes se imaginan una discusión con dos elefantes por medio, entre una pareja de la benemérita y un domador foráneo, barritando y hablando cada cual en su lengua: los proboscidios en vayan ustedes a saber qué, los del tricornio en castellano y el valeroso artista en alemán? ¿No? Pues eso, pese a su ignaro escepticismo. fue a acontecer hace unos días en la villa de Luque. diócesis de Córdoba, no lejos de Baena y regada -es un decir- por el arroyo Salado.Don Herman Kendlez, sentadito en su tractor, atoaba por el secano -o llevaba a la sirpa por el barbecho- dos remolques que, a juicio de la Guardia Civil. eran, más largos que lo permitido por la ley y la costumbre. Le dieron el alto, le entró el cabreo ario puro, rompió a bramar Y, ni corto ni perezoso, abrió una de las jaulas y soltó dos elefantes más bien cumplidos, que, ajenos a la bronca, se tumbaron en medio de la carretera.

¿Y qué pasó?

Pues nada: que cuando al domador se le calmaron los ánimos y entró en razón, las aguas volvieron a su cauce y los elefantes a su jaula. Lo que no siguió fue el convoy, que hubo de partirse en dos para caber en el reglamento. A los domadores alemanes, a veces, es muy saludable llevarles la contraria y no dejarles hacer, porque cuando no se les paran los pies a tiempo se ponen muy latosos, la verdad es que se ponen insufribles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de noviembre de 1978