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ENTREVISTA

"Debemos completar nuestras propias experiencias"

La psicología mundial, la investigación sobre los problemas de la mente y la vida humana camina por diversos derroteros. Tres grandes corrientes definen esa investigación: las psicoterapias o pedagogías de origen psicoanalítico, las conductistas y las de la Gestalt. Mientras el psicoanálisis, heredero del espíritu científico y analítico de Occidente, se basa en el desmenuzamiento de los hechos vívidos y en la constante interpretación racional de lo pretérito, y el conductismo escoge, como vía de comprensión y cambio, las conductas aprehendidas, la terapia de la Gestalt prefiere la asunción y el desarrollo de la experiencia presente. Alfonso García Pérez entrevistó a dos figuras dé prestigio mundial en este campo de investigación, Ervin y Miriam Polster, directores del Gestalt Center de La Jolla, California, y realizó un informe sobre esta corriente mundial de investigación y práctica psicológica, en colaboración con Francisco Peñarrubia, Ignacio Martín Poyo y el doctor O'Donnell.

«Imaginemos a alguien que acude a un médico, a un terapeuta aquejado de una mirada opaca e inexpresiva.» Así comienza la descripción de Ervin Polster de lo que es o intenta ser la psicoterapia de la Gestalt. Mientras lo explica, en el hotel madrileño donde permanecerá unas horas, en viaje de regreso a Estados Unidos, tras asistir a una reunión internacional en Portugal, apoya sus pies descalzos, como buen americano, sobre un posapiés. Tanto él como su esposa, Miriam Polster, manifiestan una sorprendente libertad de movimientos corporales. Su manera de mirar o moverse no expresa racionalidad o compostura alguna, sino pura expresividad y libertad.«Esa persona, aquejada de opacidad en su visión -prosigue Ervin Polster- asistió a la muerte de su padre a los tres años de edad. Existen diferentes formas de aproximarnos a su problema. Yo le digo que se concentre en la sensación que tiene debajo de sus Ojos. La persona me dice entonces que siente una tensión y que esa tensión le inmoviliza sus ojos. Le pregunto si quiere moverlos. El contesta: "Tengo miedo, siento que, si presto atención a mis ojos, van a temblar". Yo le respondo: "Concéntrese en ese temblor", a lo que él protesta: "Siento que no debería mirar. "¿A quién ve usted cuando mira?", le pregunto entonces. "Veo a mi madre -responde- Tengo que forzarme mucho para no llorar cuando la veo, porque los hombres no deben llorar."

Tras el síntoma estaba la causa. El adulto de mirada opaca e inexpresiva llevaba debajo de su síntoma años de represión emocional, según dirían los psicoanalistas, o e una vivencia sin completar, según dirían los gestaltistas.» Elvin Poster prosigue su descripción del caso: «Yo le pregunto qué le diría a su madre cuando experimenta esos deseos de llorar. Le invito a decirle algo a su madre. «:Madre, he estado tan triste -dice él- durante estos años por la muerte de papá."¿Qué es lo que siente ahora en sus ojos?-, le pregunto entonces. "siento una sensación -responde- muy fuerte", y entonces rompe a llorar. »

El término "enfermo" es cultural

Este es un ejemplo de la terapia Gestalt. El médico ha ido conduciendo al paciente o enfermo, por emplear un término no muy usual entre ellos, a vivir su experiencia frustrada hace años, el llanto que no se produjo en la infancia, causante, en la vida adulta y toda la existencia posterior, de una perturbación grave en el modo de mirar. Estamos ante una muestra de lo que es la terapia Gestalt, una vía de aproximación a los problemas personales que se basa en la intensificación de las experiencias incompletas. Un psicoanalista, ante el mismo hecho, ante el mismo síntoma, habría procedido al análisis de las causas pretérita. de ese hecho. Habría intentado explicar al paciente que su mirada opaca responde a un trauma, a un acontecimiento angustioso vivido en la infancia. Pero los partidarios de.la Gestalt prefieren la vivencia, la acción, al análisis o la interpretación. Eligen muchas veces lo que los psicoanalistas llamarían acting, es decir, la puesta en acción de los deseos o impulsos, porque para los terapeutas de la Gestalt, lo importante no es el pensamiento o la racionalidad de lo vivido, sino la vida misma.

Encuentro con la plenitud

«Una diferencia con el psicoanálisis -afirma Ervin Polsterradica en que mientras el psicoanálisis tiene una gran tendencia a hacer interpretaciones, la postura gestáltica prefiere tomar las experiencias como son, en sí mismas. Mientras nosotros nos interesamos por el cómo y el dónde, el psicoanálisis parece más preocupado por el por qué. El psicoanálisis siempre formula una pregunta histórica, determinando así también una respuesta histórica.»

La búsqueda del cómo y el dónde, en la postura gestáltica, se orientan hacia ese encuentro de la plenitud, hacia ese intento de acabamiento, que está en-el fondo del pensamiento de la Gestalt. «Nosotros damos por sentado -prosigue Ervin Polster- que las experiencias personales van ccriduciendo hacia esa plenitud. Es a ese proceso a lo que llamamos curación o crecimiento. »

No obstante, parece que términos como curación o enfermedad no son, en absoluto, los preferidos en la actividad gestáltica. «Estas palabras -dice Ervin Polster- preferimos guardarlas para aquellos que pueden ser considerados muy lesionados en sus posibilidades de vida. Aun en ese caso, el término enfermedad o la palabra curación son términos culturales. En la mayoría de los casos, preferimos otros términos: crecimiento, desarrollo, etcétera.»

«El término Gestalt -nos explica, ahora, Miriam Polster- es una palabra alemana que fue potenciada por un grupo de psicólogos preocupados por la percepción. El tema de su investigación era el aprendizaje-, no estaban interesados en la psicopatología. Una de las cosas que descubrieron es que, en el campo de la percepción, las personas te organizan lo que ven en fondo y figura. La totalidad de esa organización da la plenitud. De acuerdo con esto, uno no necesita, discriminar unos ojos, una nariz, una boca, separadamente, para percibir un rostro. Hay una percepción directa de la totalidad. Y esto es tan cierto que a una persona podrían faltarle pedazos y, sin embargo, seguiría teniendo su cara. El que lo percibe, completaría su percepción de ese rostro inacabado.»

Alguien sacó consecuencias de estos hechos en el campo de la medicina y la pedagogía, en el área de la actividad de ayuda, Fritz Perls. « Lo que hizo Fritz Perls -prosigue Mirlam Polster- fue trasladar estas investigaciones del campo de la percepción al terreno de las experiencias personales. El estaba entrenado en la formación clásica psicoanalítica. Descubrió que, en un mundo complicado, toda expe riencia tiende a ser completada pero que muchas de esas experiencias vitales, por diversas circunstancias, no llegan a completarse, de modo que la energía no alcanza su finalidad; esas experiencias quedan, entonces, incom pletas. La terapia consiste en com pletar esas experiencias.»

«Lo que comienza a suceder -añade Ervin Polster- cuando muchas de esas experiencias no llegan a completarse es, más o menos, lo que le pasa a una radio con interferencias. La capacidad del individuo para un funcionamiento adecuado en el presente queda de la misma forma que ese receptor de radio que no detecta las señales a plena potencia. Esto, en términos de experiencia humana, se traduce en el hecho de que el individuo no puede concentrarse o no sabe lo que desea. O, si lo sabe, no sabe cómo lograrlo, precisamente porque su experiencia actual es confusa, está interferida por las anteriores.»

Buenas experiencias presentes

La psicoterapia de la Gestalt también tiene mucho que ver, como la psicoanalítica, con la comprensión del pasado. «Pero, mientras para el psicoanálisis se trata de entender el propio pasado -prosigue Mirlam Polster- para la Gestalt lo que se, intenta es lograr buenas experiencias presentes, no remitirse constantemente al pasado. Nosotros nos manejamos con características preferidas como la flexibilidad y la claridad. Nos ocupamos de las funciones presentes del individuo: tocar bien, oler bien hablar bien, moverse bien, oír bien La Gestalt opta, pues, por un desarrollo activo de la vivencia presente, sobre el análisis interpre tativo. Ese es, según sus defensores el camino de la curación o el desarrollo, «porque todos vivimo - dice la señora Polster- en la zona de contacto entre lo que somos nosotros mismos y aquello que e ajeno a nosotros. Si hacemos un buen contacto entre nosotros, podemos modificarnos, influenciar nos positivamente, encontrarnos».

«Si uno realmente pone mucha atención en algo -prosigue- algo va a cambiar, esa pierna se va a mover, o esos ojos a los que aludíamos antes, var, a romper a llorar. La paradoja es que se produce el cambio, aunque no se esté trabajando por el cambio. El ejemplo de antes, el del llanto, es una muestra de cómo se puede completar una experiencia. La Gestalt ayuda a completar lo que había quedado interrumpido porque lo importante es vivirlo, no entenderlo.»

Estamos, pues, ante una alternativa ante el racionalismo científico, del que es buen heredero el psicoanálisis. Una alternativa de vida más que de- intelección de los fenómenos. Quizá, tras la terapia de la Gestalt esté una profunda crítica a la metodología científica o cientifista de Occidente. Los Pols

ter no lo ven exactamente así. «No se oponen ambas vías -dicen-, la psicoanalítica y la gestáltica. Son diferentes caminos. Cada corriente terapéutica tiene sus propios errores o faltas.» Los propios investigadores de esta corriente de pensamiento y acción terapéutica o pedagógica, hacen su autocrítica: «Nosotros no debemos deshacetnos de la racionalidad científica, del significado de las cosas -dicen- Lo que buscamos es una diferente percepción entre el significado y la acción, entre el exceso o defecto de racionalidad científica. » Es un problema de proporción y medida. Ni racionafidad sin vitalismo, ni vitalismo ciego, sin intelección. Y, coincidentes ambos caminos en su intención humanista, potenciadora del cambio y la mejora humana, discrepan en el método. Porque en la Gestalt lo importante es el análisis, la interpretación de los hechos, sino los hechos en sí, la vida sin más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de mayo de 1978

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