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REPORTAJE

El "Diario del Pueblo", factor clave de la política china

Se trata posiblemente del diario de mayor tirada del mundo -cinco millones de copias- y también el más desconocido. El Renmin Ribao (Diario del Pueblo), órgano del Comité Central del Partido Comunista chino, es, además, pieza clave en el complicado entramado de la estructura política china. Punto de referencia obligado para los periodistas occidentales que, si están en posesión de ciertas claves, pueden seguir, a través de un lenguaje casi criptográfico, las líneas maestras de la evolución política del país. instrumento indispensable también del sector o tendencia del aparato del partido que pretenda implantar su hegemonía sobre el resto. El Renmin Ribao fue, así, un factor de primera magnitud en el desencadenamiento de la revolución cultural y en la prolongada influencia del llamado «grupo de Shanghai». Y lo es ahora en la consolidación de la llamada «línea moderada" representada por Hua Kuo-feng y Teng Hsiao-ping. Nuestro colaborador Joan Senent-Jotsa tuvo oportunidad de visitar recientemente las instalaciones del periódico.

La visita a la redacción y a los talleres del Renmin Ribao (Diario del Pueblo), órgano del Comité Central del Partido Comunista de China, era, sin duda, una de las citas importantes durante mi estancia en la República Popular, y lo era por el doble motivo de ser una visita poco frecuente y porque Renmin Ribao había sido, en el período político anterior, uno de los instrumentos de propaganda ideológica en manos de los «radicales de Shanghai».«No queremos ocultar el carácter comunista de nuestro periódico -nos dijeron de entrada-. «Muchos amigos extranjeros nos dicen que en China no existe una verdadera libertad de prensa, pero nosotros entendemos que en una sociedad de clases todo periódico sirve siempre a los intereseses de una clase determinada. Nosotros queremos que Renmin Ribao sirva a los intereses del proletariado.» «¿ Cómo se expresan las opiniones del proletariado y se sirve a los intereses del mismo desde el periódico?», fue mi primera pregunta. La respuesta fue clara y precisa: «Este periódico está dirigido por el partido; su tarea principal es, pues, dar a conocer la política del partido y las experiencias más interesantes llevadas a cabo por el pueblo en el proceso de construcción socialista. Ello supone que las páginas del periódico sólo están abiertas a estos planteamientos y no a las opiniones contrarias al partido y al socialismo. Sin embargo, no queremos que el periódico sea un instrumento de expresión monolítico. Diariamente publicamos cartas de lectores o artículos de opinión que expresan críticas constructivas ante problemas concretos, así como debates sobre temas en los que existen diferentes opiniones o corrientes en el seno del marxismo.» Los trabajadores de prensa del Renmin Ribao me recordaron además la existencia de esa «prensa paralela» que constituyen los dazibaos o carteles murales. No hay duda que los dazibaos expresan casi siempre opiniones críticas mucho más vivas que las que se publican en los periódicos y de ahí que sean leídos con gran interés por los ciudadanos, que parecen satisfechos de la, existencia de esta forma de libertad de expresión reconocida por la actual Constitución.

La historia del Renmin Ribao se remonta a 1948. En esas fechas era simplemente uno de los muchos periódicos locales del Partido Comunista en China, siendo el órgano oficial el diario Liberación, editado en Yenán. En otoño de 1949 Renmin Ribao se convierte en el periódico oficial del partido. Su tirada en aquel año, fue tan sólo de 30.000 ejemplares. Actualmente el periódico lanza diariamente más de cinco millones de ejemplares, de los cuales 1.700.000 se imprimen en Pekín y el resto en otras dieciséis ciudades de todo el país.

El periódico, de formato 45 x 38 centímetros tiene única mente seis páginas. La primera página contiene el editorial o los editoriales importantes y las principales noticias del día. En la página dos suelen publicarse artículos de tipo teórico. En la tercera página van las noticias económicas, y en la cuarta, las principales noticias del país. Los temas culturales también tienen cabida en estas dos últimas páginas. Finalmente, en la quinta y sexta página se publican las noticias internacionales y los comentarios políticos. Otros datos de interés son, por ejemplo, que la publicidad se limita a anuncios culturales (filmes, ópera, etcétera), de bajo coste económico.

En la elaboración del Renmin Ribao participan unos mil trabajadores, entre redacción y talleres. Los redactores suman unas cuatrocientas personas, agrupadas en once departamentos. No existe comité de redacción (desaparecido durante la revolución cultural) y su inexistencia la suple un llamado «grupo dirigente» formado por representantes de redacción y de talleres. Estos son los once departamentos o secciones existentes en Renmin Ribao: redacción, comentarios, teoría del marxismo-leninismo (departamento que se ocupa actualmente del análisis del quinto volumen de las Obras escogidas de Mao Tse-tung, recientemente publicado), sección de economía, de arte y literatura, periodismo, internacional, departamento de trabajo de masas (cuya misión es la de estar en contacto permanente con los comités de empresas y comunas populares para conocer lo diferentes problemas locales); existe además un centro de investigación sobre prensa y, finalmente, el departamento que se ocupa de la administración del periódico. Renmin Ribao recibe diariamente más de seiscientas cartas y artículos, una parte de los cuales se publica en el periódico y el conjunto enviado a diferentes unidades responsables y, si la importancia de la información lo exige, directamente al Comité Central del Partido Comunista.

Latinización del idioma

Por lo que se podía deducir en el curso de la visita, los problemas que tiene planteado el periódico son bastante numerosos y muchos de ellos son externos al mismo Hay, de entrada, el problema linguístico que plantea el manejo de los 6.000 ideogramas más utilizados en el periódico; el problema no es sólo de orden técnico (me aseguraron obrero cualificado podía colocar en una hora más de 2.000 caracteres), sino cultural y político, ya que dominar 6.000 ideogramas no está al alcance de cualquiera.

Hoy, el objetivo declarado de los dirigentes chinos es la latinización del idioma, lo cual exigirá previamente la unificación de la pronunciación, ya que en la actualidad un ciudadano de Cantón no se entiende en absoluto con otro de Pekín, ni uno de Shanghai con otro de Pekín o de Cantón.

Por otro lado, parece evidente la urgencia de una modernización del periodismo en China. Existen pocos periodistas (la formación de los cuales se hace en facultades universitarias de periodismo). En Renmin Ribao, por ejemplo, sólo trabajan unas pocas decenas de periodistas (no me dieron la cifra exacta) y existen pocos corresponsales en el extranjero (Japón, Pakistán, Corea e Inglaterra). Otros problemas son los relativos a la edición y a la distribución: las rotativas del Renmin Ribao proceden de la República Democrática Alemana (1950) y hacen imposible que el periódico salga cada día a la calle antes de las diez de la mañana; en lo que se refiere a la distribución hay que señalar que sólo el 5 % de la edición es vendida directamente a los lectores, siendo el resto enviado por correo) a los suscriptores.

Habría que hablar, finalmente, de los problemas derivados de la influencia política de la llamada «banda de los cuatro» en el período político anterior. Estos fueron los comentarios que se me hicieron al respecto: «Antes, Renmin Ribao estaba controlado por la banda de los cuatro. Yao Wen-yuan lo dirigía personalmente a través de un elemento afin dentro del periódico. De este modo, Renmin Ribao propagó las teorilas de la «banda de los cuatro», que, entendemos, adulteraban y deformaban el pensamiento de Mao Tse-tung. Ellos criticaban indiscriminadaniente a los viejos cuadros del partido, calificándoles de «demócratas» seguidores de la «vía capitalista». Queremos acabar en el periódico con la influencia de los «cuatro», que nos ha legado un estilo estereotipado y el miedo a escribir con libertad».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de diciembre de 1977