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Reportaje:

La "cabeza" de Pablo Iglesias, enterrada en un lugar desconocido de Madrid

En un lugar secreto de Madrid un militante del Partido Socialista Obrero Español guarda, enterrada, la cabeza de Pablo Iglesias esculpida por Emiliano Barral, un escultor que murió en el frente en 1937, durante la guerra civil. La primavera anterior, en 1936, antes de que comenzara la contienda, se había inaugurado en el parque del Oeste el panteón dedicado al líder socialista. Barral fue su autor, en colaboración con el arquitecto De la Mora y el Pintor Quintanilla. Juan Cruz Ruiz ha recogido varios testimonios sobre este escultor y sus monumentos.

Ahora se han cumplido los 41 años de la muerte de Emiliano Barral. Su recuerdo no es sólo el de un artista que los críticos ponen en primer plano entre los retratistas es pañoles. Emiliano Barral fue el creador de las milicias segovianas, que paralizaron los avances de las tropas franquistas en un lugar llamado El Basurero. Cuando visita ha a sus soldados en las trincheras, Barral recibió en la cabeza un disparo de mortero y falleció antes de llegar al hospital de Madrid, desde donde salió luego uno de los entierros más emotivos de aquella época de la historia de España.No es sólo la cabeza de Pablo Iglesias la que ha permanecido enterrada o escondida durante estas últimas cuatro décadas. Hay restos de aquel monumento racionalista que, quizá están ocultos en el Almacén de la Villa o en los depósitos que el Ayuntamiento de Madrid tiene en la Casa de Campo. Allí hay partes de otras obras y no es demasiado atrevido pensar que lo que queda de aquel homenaje a Pablo Iglesias pueda hallarse en ese escenario deprimente.

El PSOE sabe dónde está la cabeza esculpida de Pablo Iglesias. Todavía no quiere revelar el secreto. La cabeza no es un elemento escultórico suficiente para llevar a cabo una tarea de reconstrucción del monumento de Barral, a pesar de la valía singular de ese busto. Si no se hallaran otras piezas, el partido citado podría pensar en la convocatoria de un concurso de ideas de las que salga un nuevo panteón. La obra de Barral tendría que estar presente sin excusa entre los elementos de la idea premiada. Emiliano Barral tenía cuarenta años cuando murió. Su extraordinaría personalidad, dice su hermano Pedro, empezó a advertirse cuando sólo tenía doce. Las Milicias segovianas fueron una creación natural. «Mi hermano tenía un gran poder de atracción y era capaz, a pesar de su carácter de artista, de tomar decisiones rápidas y valientes.»

El autor del monumento a Iglesias estuvo mezclado en las divisiones que se produjeron dentro del Partido Socialista y que trajeron consigo la creación del Partido Comunista de España, pero quienes le conocieron rechazan todo uso partidista del escultor. Por eso la familia insiste en que toda rememoración de Emiliano Barral debe ser cultural. Como dice Pabló García Fresnillo, un artista que conoce de cerca la obra de Barral, hay aspectos de su trabajo que permanecen en la penumbra. En el mismo monumento a Pablo Iglesias había una obra de gran belleza llamada por Barral Trofeo homenaje a las herramientas. Aprendió a esculpir en Madrid, con el escultor granadino Juan Cristóbal. Antes de hacer el monumento en honor del fundador del Partido Socialista -«la cumbre de su arte», de acuerdo con el señor García Fresnillo- había hecho en piedra rosada un busto de su amigo Antonio Machado. «Y la agria melancolía/ de una soñada grandeza/ que es lo español (fantasía/ con que adobar la pereza), fue surgiendo de esa roca./ que es mi espejo», fue parte del comentario que en forma de soneto escribió Machado para agradecer esa escultura cavada en piedra dura, «en piedra para no ver».

Las gestiones que ha hecho el Partido Socialista Obrero Español para recuperar del olvido la memoria de Emiliano Barral fueron aceleradas por el descubrimiento de que el busto no se ha perdido. José Luis Souto, del departamento cultural del PSOE, no nos dio ayer ningún dato concreto sobre lo que el partido se propone hacer con el monumento. Existen varias hipótesis. La reconstrucción a la que ya hemos aludido parece difícil porque el racionalismo monumentalista a que obligaría la obra de Barral no parece practicable. En cualquier caso, se insiste en que el emplazamiento de cualquier idea que salga adelante debe ser el parque del Oeste de Madrid. La familia de Barral ve en la recuperación del monumento la mejor manera de rescatar al que fue capaz de impedir el avance de las tropas de Francisco Franco y al que fue autor de los mejores retratos en piedra que se hicieron en la España de los años treinta.

Entre ellos figuran los que hizo de los doctores Gregorio Marañón, Novoa Santos y Bastos. Este último fue el que le asistió en el Hospital Palace de Madrid, cuando Emiliano Barral regresaba de la guerra para morir aquel 21 de noviembre. La maestría de Barral con la piedra no le vino sólo de su contacto con el escultor granadino que le enseñó a esculpir en la calle de don Ramón de la Cruz. Su padre y su abuelo habían sido maestros canteros. A los ocho años, el autor del monumento a Pablo Iglesias ya había empezado a modelar en arcilla. A los catorce años había estado en varias poblaciones españolas, en París y en Marsella. Entre los diecisiete y los veinte años, como recuerda Pablo García Fresnillo, realizó en Sepúlveda una serie de obras funerarias en piedra amarilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de noviembre de 1977

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