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El modelo de Barajas

EN EL mes de diciembre de 1970 una azafata de tierra, en el aeropuerto de Madrid-Barajas, se aproximó a una pizarra y tomando una tiza escribió con grandes letras a continuación de la programación de un vuelo: ETA. En aquellas fechas, obvio es recordarlo, se celebraba el consejo de guerra en Burgos contra destacados militantes de Euskadi Ta Askatasuna, con preocupantes repercusiones de hostilidad internacional al régimen de Franco y las consiguientes medidas de seguridad en todo el país. Aquella azafata fue inmediatamente detenida por un oficial de seguridad y tenida por autora de una pintada en favor de ETA. Tras algunas discusiones quedó en claro que para los profesionales de la aviación civil, ETA no es Euskadi en Libertad sino Esfimaied Tinie of'Arrival: es decir. Hora Estimada de Llegada.La anécdota bien pudiera ser ilustrativa de algo tan elemental como que los aeropuertos civiles deben ser dirigidos a todos sus niveles por expertos en aviación civil; actividad técnica e industrial altamente relacionada con muchos otros quehaceres distintos a la estricta seguridad de la llegada y despegue de los aviones: el turismo, las relaciones públicas, todo un subproducto de servicios tales como la información a los viajeros, su provisión de boca, la atención a su transporte final hasta la ciudad de destino. etcétera.

Todo esto viene a cuenta de la nueva terminal internacional del aeropuerto de Madrid-Barajas, inaugurada tarde, mal y, a lo que parece, con costes muy superiores a los previstos. Sus primeros usuarios están recibiendo la impresión de arribar a Madrid por aire y desde el extranjero en un camino retorcido, molesto y espinoso. El equipaje se pierde o tarda en ser entregado, las tan celebradas pasarelas desde la terminal a las portezuelas de los aviones aún no funcionan, los taxis estaban alejados de la salida: el aparcamiento, también, el trasvase desde la nueva terminal internacional a la de vuelos nacionales es el laberinto de Dédalo, el servicio de información al viajero es radicalmente ineficaz, y quien alberga la caridad de informar al pasajero en tránsito ignora los idiomas.La lista de agravios que sufre el pasajero de la nueva terminal de Barajas sería interminable. Baste recordar que su inauguración sufrió un retraso porque nadie cayó en la cuenta de que una terminal proyectada para recibir-despedir a -5.000 pasajeros por hora y 60.000 por día precisaba de servicios sanitarios.

Suponemos que para la Administración resultará muy cómodo dejar a los profesionales del Ministerio del Aire la responsabilidad del funcionamiento de los aeropuerto civiles. Pero no es ese el sistema. Lo que se está haciend con los aeropuertos civiles estaría en equivalencia a tras pasar al cuerpo militar de Inqenieros la administración de la Renfe y poner a un oficial al frente de cada estación de ferrocarril. Es obvio que ciertos servicios públicos ferrocarriles. puertos y aeropuertos entre ellos deber estar conectados con sus respectivos servicios castrense para el caso de una emergencia nacional. Pero de eso a dejar recaer -y éste es el caso de los aeropuertos- toda la responsabilidad sobre las espaldas de los militares, media un abismo.

Que los defectos del aeropuerto de Madrid-Barajas los solvente la Administración civil, los responsables de turismo, el Ayuntamiento de la ciudad, etcétera. Y que los poderes civiles asuman todas las responsabilidades, expliquen sus cuentas, se sometan a las críticas de los usuarios y arbitren un cuerpo de funcionarios no militares que rijan los aeródromos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 07 de noviembre de 1977.

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