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Graves incidentes tras el entierro de José Luis Cano

Unas 4.000 personas acudieron el domingo al mediodía al cementerio de Pamplona para asistir al entierro de José Luis Cano Pérez, abatido por un disparo de la Policía Armada el viernes.El féretro del fallecido fue llevado en coche desde el Hospital Provincial de Navarra,

La comitiva fúnebre colocó en los cristales delanteros de sus coches un clavel rojo y varias ikurriñas con crespones negros.

Una vez enterrado José Luis Cano se cantó el Eusko gudariak gera y el Agur jaunak. Durante algunos minutos se profirieron gritos pidiendo justicia, amnistía total y libertad para Euskadi. Al salir del cementerio, las brigadas antidisturbios que estaban esperando cargaron contra la multitud, disparando numerosos botes de humo y pelotas de goma. Hubo momentos de extremo nerviosismo cuando varios botes de humo cayeron dentro de¡ cementerio, del que todavía seguía saliendo gente. Ante esta situación, unas mil personas, entre las que había bastante -mujeres y niños, decidieron permanecer dentro del cementerio cerrando las puertas. Desde allí, por teléfono, avisaron a ambulancias para que pudieran ser evacuadas varias personas que habían sufrido ataques nerviosos.

Cuando había transcurrido una hora aparecieron el alcalde accidental de Pamplona, señor Velasco, y el concejal señor Muez. Después de realizar varias llamadas al Gobierno Civil, la Policía Armada se retiró de la zona. Por iniciativa de los dos corporativos municipales, unos quince autobuses bajaron hasta el cementerio para transportar a los encerrados.

Funeral y manifestación

A última hora de la tarde, las 7.30, se celebró el funeral por José Luis Cano en la iglesia de los padres capuchinos del barrio de la Rochapea.La iglesia estaba totalmente abarrotada de gente y se habían instalado altavoces en la calle, asistiendo unas 4.000 personas.

Durante la misa, oficiada por Jesús Lezaun, ex rector del seminario de Pamplona, el sacerdote se refirió a los momentos de extrema gravedad por los que está pasando Euskadi. «Si los que ahora están en el poder hubieran dado ya amnistía -señaló-, nos hubíéramos ahorrado muchos muertos. El único responsable de todo esto es el Gobierno.»

A la salida del funeral desde detrás de las barricadas formadas, algunos manifestantes hicieron frente a los disparos de la policía, arrojando piedras y materiales de construcción. Cerca de una hora y media duraron los enfrentamientos en el barrio obrero de la Rochapea, que se convirtió en un campo de batalla. Hacia las diez de la noche, la Policía Armada se retiraba de la zona, después de que se hubieran contabilizado más de quince heridos alcanzados por los disparos de pelota de goma y botes de humo. A esa hora, el ambiente era irrespirable, habiendo tenido que intervenir en varias ocasiones, los bomberos. De los herides, Isidro Esteban, veinticinco años,

médico de la Seguridad Social, era ingresado con urgencia en el Hospital de Navarra con diversas fracturas, heridas en la cabeza y conmoción cerebral. Fue internado en la unidad de vigilancia intensiva.

La comisión permanente del Consejo Presbiterial y Vicaria de Pastoral del Arzobispado de Pamplona ha hecho público un comunicado en el que afirmanque «el recurso de las armas de fuego por parte de las fuerzas de orden público, y sobre todo en el País Vasco, es un hecho que denunciamos como medio éticamente inaceptable y provocativo».

La nota asegura que «la causa principal de estos hechos -refiriéndose a los gravísimos incidentes de estos días- es la falta de los más elementales derechos de la persona: derecho de reunión, de expresión, de asociación... es incomprensible que en el proceso democratizador en curso no se reconozca en la práctica y no se defiendan eficazmente por parte de las autoridades tales hechos».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de mayo de 1977