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CARTAS AL DIRECTOR

El derecho a pensar

El uso caprichoso de las estadísticas es hoy un deporte nacional. Cuando faltan razones objetivas para defender su punto de vista, el hispánico apasionado suele lanzarse a éstar los últimos datos sociológicos en apoyo propio. Un ejemplo el 12 del corriente mes su diario públicaba la pastoral de los obispos de la archidiócesis de Valladolid, en la que afirmaban que «el divorcio no es sólo un mal moral en ética cristiana y natural, sino también un mal social que amenaza la buena armonía de la sociedad al introdicir un peligro de contagio permanente en los hogares e impulsar así la decadencia moral». Por lo visto, la carta produjo un notable, enfado en el desconocido autor de la crónica que se vio en la necesidad de añadir, tras las serenas reflexiones de los obispos, una serie de datos sociológicos que pretendían demostrar lo contrario. Lo curioso es que omitió algunas cosas. Entre ellas, que en la misma página del informe Foessa, que con tanto apasionamiento cita, se dice con claridad que un 85,2 % de los encuestados se muestra de acuerdo o muy de acuerdo en que el matrimonio debe permanecer unido, aun llevandose mal, si hay hijos pequeños; o que, por ejemplo, la revista italiana Panorama, que antes era divorcista, ha publicado recientemente una encuesta en la que el 7,5 % de los entrevistados señalan que la fidelidad en el matrimonio es «una cuestión indispensable para la buena marcha de la sociedad y de la familia».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 1977