Gary Gilmore fue ejecutado

«La orden del tribunal ha sido cumplida.» Con estas palabras, un portavoz de la prisión estatal de Utah anunció a la prensa el restablecimiento, después de diez años de la pena de muerte en Estados Unidos. Gary Mark Gilmore, el convicto de asesinato que reclamaba su «derecho a morir», fue fusilado ayer, tras una lucha legal de última hora para evitarla ejecución que superó el argumento de cualquier película de «suspense».

Cuando sólo quedaban siete horas para la ejecución, un juez del estado de Utah decidió que se aplazara indefinidamente el cumplimiento de la sentencia. Sin embargo, unos minutos antes de la hora señalada para el fusilamiento, un tribunal de apelación revocó aquella orden y dispuso que Gilmore fuera ejecutado, lo que se cumplió momentos después.Gilmore, de 36 años, pasó su última noche cantando canciones del Oeste. Desayunó huevos y una hamburguesa y, según su abogado, que estuvo con él en la celda, dijo ser «realmente afortunado», y consideró la sentencia de muerte como «un regalo».

Desde el pasado 1 de noviembre Gilmore expresó su deseo de morir ante un pelotón de fusilamiento, en vez de pasar el resto de su vida en la cárcel. Incluso intentó suicidarse en do s ocasiones ante los nuevos aplazamientos que se producían para ejecutar la sentencia.

En el estado de Utah más del 80 % de los ejecutados se inclinaron, como el propio Gilmore, por esta última forma de muerte. Además, y quizá ello, hubiera podido influir en este caso, según una creencia de los mormones, un convicto de asesinato que derrama su sangre en su muerte tiene más posibilidades de ser perdonado por Dios.

La última ejecución en Utah tuvo lugar hace diecisiete años y, en aquella ocasión, el condenado, un minero de uranio, pidió como última voluntad «un chaleco a prueba de balas». En 1915 fue ejecutado, también en Utah, el líder sindical Joe Hill, después de un polémico juicio en el que la acusación sólo presentó pruebas circunstanciales.

Gilmore, condenado a muerte por el asesinato de un conserje de hotel en la ciudad de Provo (Utah) el verano pasado, y con otro juicio por homicidio, pendiente, escribió en noviembre: «Creo que he tenido un juicio justo y que la sentencia es correcta. Veo lógica la regla del "ojo por ojo" y quiero pagar por mis crímenes. Déjenme hacerlo.» Los siquiatras que examinaron a Gilmore cuando éste expresó su deseo de «morir como un hombre» declararon que su estado mental era sano y su coeficiente de inteligencia ligeramente superior al normal. Delincuente juvenil y con un carácter definido por los médicos como «irreprimiblemente vio lento», Gilmore pasó dieciocho años, la mitad de su vida, en distintos reformatorios y cárceles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 17 de enero de 1977.

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