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Juego político abierto a todos, reconocimiento de la realidad del país y diálogos al descubierto

A primeras horas de la tarde el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, grabó en su domicilio particular una intervención ante las cámaras de televisión, que fue ofrecida en la segunda edición del telediario, a las 21.30 horas. Asimismo se transmitió en el tercer diario hablado de Radio Nacional, de las 22 horas. El texto íntegro de las palabras del señor Suárez es el siguiente:

Tras haber jurado ayer mi cargo ante SM el Rey, hoy comienzo mi trabajo con serena responsabilidad. Si gobernar es administrar unos bienes que son propiedad de todo el pueblo, es lógico que el primer propósito sea la relación directa con todos los ciudadanos, y ello, con un doble fin: dialogar y escuchar, aceptar propuestas y conseguir, de acuerdo con el mensaje de la Corona, que ninguna causa justa deje de ser oída.Estoy aquí para trabajar con todos y por todos los españoles. No pretendo anunciar un programa. Esta es una tarea que corresponde al Gobierno. Sólo decir que las preocupaciones de la nación son mis preocupaciones. Si a los españoles les preocupa encontrar un trabajo adecuado o que aumente el paro, a mí también. Si les preocupa, a pesar de todas las explicaciones estadísticas, la subida de los precios, por ejemplo, a mí también. Si les preocupa no encontrar en algunas zonas un puesto escolar adecuado para la educación de sus hijos, a mí también. Si la sociedad española aspira a una normalización democrática, vamos a tratar de conseguirla. Si se ha iniciado como tarea urgente la reforma política, vamos a acelerarla con el realismo que nuestro tiempo exige. Y si nos encontramos con graves problemas en nuestra vida diaria, vamos a esforzarnos en encontrar soluciones.

Al asumir la Presidencia, me impongo como primer deber el realismo y ello me conduce a varias consideraciones: primera, que el Gobierno que voy a presidir no representa opciones de partido, sino que se constituirá en gestor legítimo para establecer un juego político abierto a todos. La meta última es muy concreta: que los Gobiernos del futuro sean el resaltado de la libre voluntad de la mayoría de los españolespara ello, solicito la colaboración de todas las fuerzas sociales. Segunda, que todo Gobierno que aspire a ser útil al servicio de la paz civil, tiene que respetar las leyes y esforzarse por que en ellas se reconozca la realidad del país. Hace pocos días, en las Cortes, afirmé, y repito ahora, que tenemos que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal. Y tercera, que el afán de cambio sólo se puede encauzar satisfactoriamente si se parte de la evidencia de que España es una tarea común; de que la buena voluntad no es patrimonio exclusivo de determinados grupos; de que el diálogo a rostro descubierto es el único instrumento de convivencia.

Pertenezco, por edad, a una generación de españoles que sólo ha vivido la paz. Pertenezco, por convicción y talante, a una mayoría de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación.

Deseo que el orden y la libertad convivan en el mismo campo, completándose mutuamente. A esa mayoría de españoles nos apremia la urgencia de la justicia social. Sabemos apreciar, o creemos saber apreciar, el esfuerzo por las libertades cívicas y por unos derechos que comienzan en una vida digna, y terminan en la posibilidad de que el pueblo español sea dueño de su propio destino.

Con esta ilusión les invito hoy a iniciar juntos un camino de futuro. La confianza que me animó a aceptar esta grave responsabilidad radica en el propósito de que la iniciativa del Gobierno sea el reflejo puntual y auténtico de la voluntad popular. Si debiera señalar una aspiración en este momento, creo que podría reducirla a una fórmula ya clásica: gobernar con el consentimiento de los gobernados.

Quiero, por último, agradecer los testimonios de todo tipo con que mi nombramiento fue recibido. Son especialmente alentadores, también cuando son críticos, cuando soy llamado a suceder a ese ejemplo vivo de caballerosidad, honradez, entrega política y sacrificio, que es Carlos Arias Navarro. Soy consciente de las dificultades, porque las posibilidades de un Gobierno son limitadas, como toda obra humana. Pero esas posibilidades serán muy grandes si somos capaces de canalizar la revitalización nacional que pide una población fundamentalmente joven. Y serán mayores si nos esforzamos en escuchar todas las voces, porque todas pueden enriquecer la convivencia. Así ocurrirá si tenemos capacidad para aceptar la crítica, para respetar al adversario y ofrecerle posibilidades de colaboración y, en fin, para incorporar los estímulos de la opinión pública. Tengamos confianza en nosotros mismos, sin miedo al futuro. Creo que los españoles hemos superado juntos muchas y graves dificultades y somos un gran pueblo que tiene conciencia de ello.

La Corona tiene una voluntad expresa de alcanzar una democracia moderna para España, una democracia en la que la libertad, la justicia, la participación, la cultura y la paz sean fruto del esfuerzo de todos y el resultado del que todos se beneficien. El servicio a estos propósitos constituye mi más firme decisión.

La tarea, hoy como ayer, se sigue llamando España. La ilusión, como siempre, es hacerla digna en su sentido nacional, próspera en lo económico, justa en lo social y habitable con honor para todos. Vamos a intentarlo juntos. Muchas gracias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 1976

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