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Irvine Welsh: “No me importaría que no se volviera a patear un balón”

El escritor escocés, autor de ‘Trainspotting’ y futbolero clásico, atraviesa un periodo de cierto desencanto pese a la cercanía del Inglaterra-Escocia del viernes

Irvine Welsh, en Barcelona en septiembre de 2018.
Irvine Welsh, en Barcelona en septiembre de 2018.Albert Garcia

Desde que escribió Trainspotting en 1993, Irvine Welsh, futbolero clásico, escocés, siempre ha convocado al fútbol como paisaje emocional de sus novelas, aunque en vísperas del Inglaterra-Escocia del viernes en Wembley (21.00, Telecinco) se encuentra bastante descreído por su deriva mercantil. También desde entonces, no ha dejado de regresar a aquella pandilla de colgados de su primera novela. La última visita, a Begbie, el psicópata del grupo, titulada El artista de la cuchilla (Anagrama), acaba de llegar a España. “Todos estos personajes se quedan contigo durante años, incluso si no escribes de ellos. Estás siempre pensando en qué andarán. Envejeces con ellos”, dice en una videollamada. Con 62 años, regresa a Begbie y vuelve a cómo el fútbol contribuye a la construcción de la identidad de las comunidades, desde el punto de vista político (apoya un segundo referéndum de independencia), de clase e incluso familiar.

Pregunta. En la novela, Frank Begbie, que ha escapado de la droga y el alcohol y es artista en EE UU, regresa a Edimburgo y se ve con su hermano, que sigue borracho. No pueden parecer más alejados. Pero cuando se despiden Frank le dice: “Nos vemos. Arriba los Hibs [Hibernian, el equipo de Welsh]”. ¿Ve el fútbol como el último hilo de conexión?

Respuesta. Es la última conexión emocional que tienen. La última conexión que tenemos. Veo eso con muchos amigos. Nos juntamos para ver el fútbol y algunos de estos tipos si no fuera por el fútbol no seguirían en contacto. Algunos solo conectan a través del fútbol. Y es raro que esa conexión aún siga ahí. Es un gran vínculo emocional.

P. En otro pasaje, reprocha a su hermana que sus sobrinos se hayan hecho del rival, los Hearts. Parece que le molesta más eso que la droga, por ejemplo.

R. Usted también estaría decepcionado si fueran hinchas de los Hearts…

P. ¿Por qué es tan grave?

R. Es el sentido de identidad. Ves unas cualidades en el equipo al que apoyas y proyectas estas cualidades en la gente que apoya a ese equipo. Normalmente son tonterías, objetivamente son tonterías. Hay gente buena y gente mala que apoya a todos los equipos. Lo sabemos, pero jugamos a esta especie de juego de actuación. De que hay algo especial en nuestro equipo, o en nuestra gente. Y llegas a un punto en el que de verdad te crees todo eso, en la adolescencia y la juventud. Y luego te das cuenta de que no hay nada, que es una tontería, pero todavía te gusta esa representación, es una especie de cosa cultural, unas risas. Pero la mayoría de la gente no se lo toma demasiado en serio.

Cuando llegó el dinero, el fútbol dejó de ser cultura de la clase trabajadora

P. ¿En qué fase está usted?

R. Si me hubiera preguntado después de que los Hibs la cagasen en la final de la Copa escocesa contra el St. Johnstone… Mi antipatía hacia el fútbol es enorme ahora. Tenías a dos equipos compitiendo en la final de la Champions [Chelsea y City], una competición que querían abolir solo unas semanas antes [con la Superliga]… Es una tontería. No puedo involucrarme en eso… No tengo ningún interés en la Eurocopa. No he pensado en ella. Debería, porque Escocia está por primera vez en mucho tiempo, pero es que… Supongo que tiene que ver también con la covid, y que los estadios estén vacíos. Pero ahora no me importaría que no se le volviera a dar una patada a un balón nunca más.

P. ¿El fútbol pierde sin gente?

R. Sí, es una estupidez. Cuando la gente vuelva a los estadios, me empezaré a interesar de nuevo, pero hasta entonces no.

P. ¿No es partidario de la Superliga europea?

R. Tienes dos equipos compitiendo en la final de un torneo que intentaron abolir. Es solo la estupidez del juego, y la estupidez de este mundo. No te lo puedes tomar en serio o involucrarte emocionalmente. Es una basura. No me interesa. No tiene nada que ver con el fútbol.

P. ¿Cree que fueron los aficionados quienes lo detuvieron porque el fútbol les pertenece?

R. Creo que el fútbol no pertenece a los aficionados desde hace mucho tiempo. Creo que la harán [la Superliga]. La harán con disimulo. Lo han planeado mal. Encontrarán el modo. La economía neoliberal lleva funcionando 40 años, y es solo intensificar eso. Es un entretenimiento.

Con algunos amigos, el fútbol es la última conexión emocional que tenemos

P. ¿Echa de menos los viejos tiempos del fútbol?

R. Sí, echo de menos cuando el fútbol era de verdad, y los aficionados pertenecían a la comunidad en la que estaba el club. Para los que somos aficionados de siempre es un poco de nostalgia. Al final habrá una liga como esa en la que un equipo como el Liverpool jugará todos sus partidos en Singapur o Dubai. Si el equipo es una franquicia global, ¿para qué necesitaría tener su sede en una vieja ciudad postindustrial en Inglaterra? ¿Para qué necesitan a los aficionados de la vieja escuela? No los necesitan.

P. ¿Qué significa el Inglaterra-Escocia más allá del fútbol?

R. No estoy seguro. Los primeros partidos estaban bastante equilibrados: Inglaterra ganó aproximadamente el 50% de ellos y Escocia el 50%. Después, cuando el dinero empezó a llegar, el fútbol dejó de ser cultura de la clase trabajadora. Antes, tenías siempre muy buenos equipos escoceses porque estaban relacionados con la pobreza. Ahora hay una economía de la habilidad, e Inglaterra tiene 10 veces más población, así que tiene jugadores 10 veces mejores. En realidad, en Escocia ya no somos rivales de Inglaterra. Somos rivales de, no sé, las Islas Feroe o algo así, ese es nuestro derbi local. Tampoco soy un gran seguidor de la selección escocesa.

P. ¿El partido del viernes es especial para Escocia?

R. Antes de la Devolución [en 1998 el Gobierno británico traspasó competencias al escocés] y el Parlamento y todo eso, con un Escocia-Inglaterra casi toda la identidad nacional de Escocia estaba en la selección. Era como una expresión política. Pero ya no creo que funcione así. Creo que para la mayoría de la gente es solo un partido de fútbol más. Ya no merece la pena verse metido en todas esas consecuencias sociales como antes.

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