Montserrat bendice el mano a mano entre Ayuso y Roglic en la Volta Catalunya
Tras una criba en la montaña de Montserrat, el esloveno vence la etapa al ‘sprint’ frente al español, ambos líderes en el certamen


Los fuegos artificiales llegaron con Juan Ayuso, que, a falta de 2,5 kilómetros para la meta, se marcó una mirada hacia atrás de soslayo y una arrancada de las que quita el hipo, voracidad al manillar. Le siguió Mikel Landa, pero acabó por no aguantar el tipo, el ritmo; y apareció por detrás, de menos a más, Primoz Roglic para explicar que la Volta es un mano a mano entre dos. Venció Ayuso y por un centímetro en el sprint de la jornada anterior; y Roglic le devolvió la moneda al alcanzar la Abadía de Montserrat, también al sprint, también por menos de un tubular. Un laurel que le permite ponerse el maillot de líder, por más que está igualado en el tiempo con Ayuso, orden establecido por las llegadas en las anteriores jornadas. Un codo a codo apasionante, una lucha entre los dos gallos del corral con tres capítulos por escribir.
La jornada comenzó con los primeros rayos de sol, con el revoloteo de los pájaros sobre el Monasterio de Montserrat, escondido entre un mar de pinos y abetos que inunda la icónica montaña donde se entremezclan los riscos de roca erosionada y piedra caliza, color tierra entre tanto verde. Sucedió que la vida monástica benedictina se vio alterada de buena mañana porque, por una vez, las laudes no fueron en recogido silencio y armonía, sino que los operarios de la Volta ponían la distorsión con la maquinaria y la colocación de las vallas, gritos y órdenes, la exigida puesta a punto de la magnética meta con motivo del milenario de la fundación del monasterio. Un fin de etapa que no se daba desde hace 30 años -la otra vez que fue en 1960-, cuando el ilustre Laurent Jalabert abrió el certamen con el triunfo sobre Enrico Zaina para ponerse el maillot de líder y no quitárselo más. Este jueves fue Roglic con su sombra Ayuso. Un espectáculo que ni La Moreneta se quiso perder.
Pero para verle alzar los brazos faltaba un mundo. Uno que comenzó en Sant Vicenç de Castellet, municipio obrero de la Cataluña interior -marcado por la actividad industrial, en especial el textil y la extracción de piedra- que se volcó con el espectáculo de colores y tonadillas de la Volta, baño de masas entre los carruajes del gran circo ciclista. Y los protagonistas pronto explicaron que sí, que the show must go on, porque de tan ajustadas que están las fuerzas cualquier excusa es buena para arañar algún segundo, al punto de que en esta Volta los sprints intermedios valen oro. La lucha subterránea de los segundos extra. Por eso el pelotón desacreditó cualquier intento de fuga antes de la primera meta volante, de un sprint con recompensa, el que se llevó Roglic por delante de Laurance y Ayuso, aviso del esloveno que quien quiera superarle tendrá que ganárselo; mérito que a la postre le aupó al liderato.
Después de eso, el pelotón bajó las pulsaciones, barbecho para las escapadas. Una, dos y hasta tres se contaron para formar un grupo de 12 ciclistas que llegó a contar con cuatro minutos de ventaja. No demasiado porque el traje de líder le sienta bien a UAE, equipo cómodo con el papel de cacique, metrónomo de la carrera, aquí se hace lo que nosotros queremos. Por entonces, la Escolanía de Montserrat entonaba La Salve y el Virolai en la Basílica de Santa María de Montserrat ante la mirada y atención de muchos feligreses, también de los más fanáticos a la bici, que se habían subido en dos ruedas o con el tren cremallera, vagones que surcan la montaña entre vistas tan majestuosas como reconfortantes, otro planeta. Montañas, también, que tenían que cubrir los ciclistas, primero el Turó del Puig (2ª categoría; 5 km al 5,6% con rampas del 12%) y para acabar Montserrat Mil·lenari (1ª categoría; 9 km al 6,2% con pendientes del 13%).
📍 Etapa 4⃣ @SVCastellet - @FGC_Montserrat
— Volta a Catalunya (@VoltaCatalunya) March 27, 2025
🟢Classificació General / GC Classification🟢
🥇 @rogla - @RBH_ProCycling
🥈 @juann_ayuso - @TeamEmiratesUAE m.t.
🥉 @EnricMasNicolau - @Movistar_Team +0'20"#VoltaCatalunya104 🚴♂️ @esportcat pic.twitter.com/sI2Tt8XKhQ
No pasó nada reseñable en el primer peñasco, acaso que Staune-Mittet (AG2R) y Steinhauser (EF) hicieron la fuga de la fuga, la lucha contra los molinos de viento. Al fondo aguardaba la montaña monacal, pero por el camino había que tener piernas y ritmo, fuerza para aguantar los embistes del UAE, que quería volver a resquebrajar a los rivales para potenciar a Ayuso, que decía eso de aguante quien pueda. Nada, en cualquier caso, comparado con el ejercicio de tiranía que comenzaron a las faldas de Montserrat, bien acompañados por los Soudal de Landa, que antes de la etapa advirtió: “El último puerto no es muy duro, pero sí que es constante, por lo que creo que se adaptará mejor a mis características y que llegaremos en cabeza un grupo reducido”. Le faltó poco para cumplir con su palabra, a tres segundos de los dos líderes y junto a un grupito formado por cuatro corredores en el que también brilló Enric Mas.
Picaba hacia arriba la carretera, curvas angostas envueltas entre arboledas. Cogió entonces el mando Marc Soler, una fuerza de la naturaleza que hizo la criba que desbrozó al pelotón, relevado después por Adam Yates, ejercicio de tormento para todos, también para un Steinhauser que se llevó el peor sopapo a falta de dos kilómetros, absorbido por el elenco de los escogidos. Ahí atacó Ayuso y ahí le siguió Roglic, un vis a vis que tuvo la réplica un kilómetro más tarde y que Ayuso también desactivó, ambos alimentados por el aliento de los aficionados que copaban las cunetas. Y aunque parecieron levantar el pie, al punto de que los perseguidores se las prometían felices, invitados al sprint final, Roglic no lo permitió, otra arrancada y esto es cosa de dos. En esta ocasión fue para el esloveno, sonriente en la meta porque volvía a su hábitat natural, el de los triunfos. “Ha sido una etapa dura, rápida, con viento y mucho ritmo. Sí que he podido ganar, pero las diferencias son mínimas. Los días duros están por llegar”, sentenció el nuevo líder. Ayuso, a buen seguro, asintió por detrás.
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