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Léon Marchand bate el récord mundial más inaccesible de Michael Phelps

El francés gana la final de 400m estilos del Mundial de Fukuoka en 4m 2,50s, más de un segundo más rápido que el estadounidense en 2008, el día que estableció su plusmarca más resistente

Leon Marchand
Leon Marchand nada la mariposa durante la final de 400m estilos en Fukuoka.FRANCK ROBICHON (EFE)

Léon Marchand viajó al reino perdido de Michael Phelps, mató al dragón y regresó con sus colmillos hilados como cuentas alrededor del cuello cuando este domingo en el Mundial de Fukuoka batió el récord mundial más resistente de la historia de la natación en la final de los 400 metros de estilos combinados. El propio Phelps, que había ostentado la plusmarca desde 2002, le rindió homenaje llevándole el oro hasta el podio y alzando su brazo en reconocimiento de la gesta. Marchand, pálido y pasmado de tanta felicidad, acababa de recortar la marca de 4m 3,84s a 4m 2,50s. La Marsellesa nunca sonó más prepotente.

El 15 de agosto de 2002, en Fort Lauderdale, Florida, Phelps creó un universo propio. Un ecosistema sólo apto para su supervivencia. Ese día, el nadador estadounidense comenzó a batir el récord mundial de los 400 metros estilos hasta llevarlos a una frontera aparentemente inaccesible para seres humanos que no estuvieran provistos de un carácter feroz, dos metros de altura y dos metros de envergadura, entre otras características biológicas difíciles de reunir en un solo organismo. Cuando en los Juegos de 2008 estableció su último récord en la especialidad equivalente al decatlón acuático (4 minutos 3 segundos 84 centésimas) las condiciones de la prueba se hicieron insoportables para el resto de los nadadores en busca del límite. El sucesor parecía imposible de localizar. Lo encontró Bob Bowman.

Bowman, que había entrenado a Phelps durante toda su carrera, vivía tranquilo a cargo del equipo de natación de la Universidad de Arizona, en las afueras de Phoenix. Pocos rincones resultaban más inhóspitos en el concierto de la natación universitaria estadounidense que aquella piscina en medio del desierto. Los saguaros, los cactus gigantes, coronaban las colinas que rodeaban Tempe, sede de la universidad, y daban relieve monumental al paisaje de Paradise Valley, el barrio de mansiones en el que se había instalado el propio Phelps con su familia tras dejar la máxima competición. El equipo de la universidad prosperaba lentamente y Bowman buscaba emociones fuertes cuando en 2021 detectó un talento inquietante en Toulouse: un bracista descomunal capaz de nadar muy bien la mariposa. Un híbrido. Un caso raro. Era Marchand, que aceptó la invitación y emprendió la mudanza.

Marchand, que tiene una estatura de 1,83, por debajo de la media del concurso, poseía cualidades poco aparentes pero explosivas. Llevaba un año instalado en Arizona cuando se consagró como doble campeón mundial de 200 y 400 metros estilos en Budapest. Este domingo en Fukuoka superó todas las previsiones. Espoleado por el formidable Carson Foster, el mismo adversario que lo empujó hacia el oro en el Mundial de 2022, el francés experimentó una de las transformaciones más difíciles que se recuerdan: el virtuoso de la braza no se limitó a perfeccionar la mariposa, sino que la elevó a la categoría de arte.

Ahí donde Phelps sobresalía provisto de unas piernas relativamente cortas que le permitían ahorrar energía en el primer 100, el francés se las ingenió para desplazarse más rápido afinando la técnica del nado subacuático en la salida y los virajes, otro de los segmentos de la prueba en los que su predecesor logró avances insólitos. “Tengo que emplear el primer parcial de 100 metros mariposa para comenzar la prueba relajado, ahorrando energía”, dijo en L’Equipe, antes de volar a Fukuoka. “La clave será el primer viraje, en donde sí tengo que empujar fuerte la pared para comenzar a acelerar y ganar tiempo a los demás”.

“Michael estaba muy impresionado”

Marchand lideró la carrera de punta a punta a lo largo de la secuencia mariposa, espalda, braza y libre. Hostigado de cerca Foster, nadó los primeros 50 metros en 25,77 segundos, apenas una centésima por debajo de su marca en Budapest y cuatro centésimas más lento que Phelps en 2008. Pero al voltear, se empujó con las piernas y salió disparado. Sus 15 metros de nado subacuático le elevaron más allá del universo de Phelps en el que había sido uno de sus terrenos favoritos. Cuando rompió la superficie iba lanzado. Como impulsado por un resorte, cubrió su segundo largo de mariposa en 28,89s, un segundo más rápido que en Budapest y medio segundo más rápido que Phelps en los Juegos de Pekín.

Marchand mejoró su nado de espalda para recortar otro segundo, mantuvo la excelencia en la braza, y remató el 100 libre, su estilo más débil, con una ligerísima mejora camino de la última pared y de un podio en el que le esperaba su vecino en Phoenix. “Michael”, confesó Marchand, tras la ceremonia; “me ha dicho que estaba muy impresionado. Y que conoce un truco que me ayudará a mejorar mi transición de braza a libre para ir más rápido todavía”.

El récord le coloca en la mejor y en la peor de las posiciones. “Tendré que trabajar mucho mentalmente”, dice. Tiene 21 años y los Juegos de París le esperan para encumbrarle con la gloria debida al héroe nacional o aplastarle bajo la presión.

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Sobre la firma

Diego Torres
Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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