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Piqué, el anti-Iniesta de España

El central disputó más de cien partidos con la selección pero sus controvertidas declaraciones le colocaron en el punto de mira de gran parte de la afición

Gerard Piqué celebra su gol junto a Sergio Ramos ante la República Checa en la Eurocopa de 2016
Gerard Piqué celebra su gol junto a Sergio Ramos ante la República Checa en la Eurocopa de 2016LUIS SEVILLANO ARRIBAS

Solo Piqué ha podido ser Piqué. Y eso que hay muchos Piqués, hasta una trinidad: el personal, el empresario y el futbolista. Los tres han tenido un nexo: antes muertos que sencillos. Ahí está la clave de su retirada prematura y a toda prisa. Piqué ya no salía en más fotos que en alguna en el banquillo. Un anonimato insoportable para alguien que se agigantaba charco a charco, los que pisaba minuto a minuto. No era brasileño, pero le iba la marcha como a ninguno, ya fuera con Riqui Puig o con Kevin Roldán. No había fiesta que regateara, incluso cruzaba el Bernabéu para dejar su huella con el gol terminal del 2-6. Pero llegado el final, hasta para Piqué resultó insufrible el Piqué futbolista. De hecho, ya se había marchado antes de irse. ¿Cómo interpretar si no el cante de Mestalla de hace unos días? Toda una metáfora: Busquets desanudando sus botas en el banquillo para que saltara al campo lo antes posible. Su cabeza era tan ajena al fútbol como las botas que ya no calzaba a tiempo. Ya nada remitía a ese estupendo central, magnífico cabeceador, gran articulador del juego desde la trinchera y hasta capaz de ganar una carrera al mejor Cristiano Ronaldo.

Al Piqué en plenitud —si no inventó las redes sociales siempre lo pareció— no le callaba ni Dios. Ni Puyol, que le daba colleja tras colleja. Tampoco la hinchada española, que durante una eternidad le abroncó jugara donde jugara por falta de españolía. Porque Piqué, al que tanto le iba la chufla madridista, no jugaba por España, se decía en las gradas y en buena parte de la mediosfera castellana. Piqué, por muy provocador que fuera, era algo más que futbolista, pero futbolista. Y bueno, muy bueno. Tan bueno como para ser campeón del mundo y de Europa. Jamás se arrugó con los pitos, todo lo contrario. Era consecuente con su tolerancia con las chiflas al Rey en aquellas finales coperas entre Barça y Athletic: “La gente expresa su malestar. Yo también me haría la pregunta desde el otro lado: ¿Por qué pitan? Pitar el himno no es la mejor decisión, pero no soy yo el que está en la grada”.

Que si una foto con su hijo en la Diada, que si un dedo que parecía una peineta con la camiseta roja mientras sonaba el himno en un partido de la Eurocopa de 2016... Que si se había rajado las mangas de la roja para que no se viera la bandera patria... De manera inequívoca, sus mensajes al Real Madrid tenían todo el eco del mundo en la selección: “Españolitos, ya os hemos ganado vuestra Liga española y ahora os vamos a ganar la Copa de vuestro Rey”.

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No han sido pocas las burricies que han acechado a la selección, ya fueran las medias de Arconada o las de Xavi Hernández. Mucha carga patriotera sobre un grupo de jóvenes unidos en equipo para hacer feliz a la gente de cualquier rincón y condición. Siempre hubo quien tenía el españolímetro a punto. Y más con Piqué, un bocazas que al contrario que Arconada, Xavi y otros, nunca quiso desviar los tiros salvo cuando apeló a que uno de sus hijos estaba en la grada de Toulouse, durante la Eurocopa de 2016, luciendo la camiseta de España. La misma que el demonizado Piqué lució ni más ni menos que 102 veces (cinco goles). Demasiadas para alguien tachado, como poco, de intruso y conspirador.

Tan agria llegó a ser la convivencia Piqué-España que hasta hubo debates en las redes sobre si la hinchada se alegraría de ganar un partido con un gol del central catalán. Tan hilarante como cierto. No faltaron los que acentuaban su antiespañolismo por su poca empatía con Sergio Ramos. Muchos de esos participantes en congresos de patriotas eran los mismos que catalanizaban a Casillas por su buen rollo con Xavi, el máquina.

Poco a poco, con Sergio Ramos las cosas se fueron apañando. No llegaron a coleguear, pero se dieron una tregua, por su bien y el de esa España que supuestamente tanto denostaba el azulgrana. “Supongo que no hace falta decir nada más... Somos un magnífico equipo”, escribió el defensa catalán en Twitter, junto a la foto que ilustra este artículo con Sergio Ramos colgado, tras la victoria de la Roja ante la República Checa en el estreno de la Eurocopa de Francia de 2016 (1-0). Un triunfo con gol de Piqué en el minuto 87. “Geri, te lo digo en andaluz: ¡que te quiten ‘lo bailao’, crack! ¡Disfruta de la vida!”, escribió el sevillano estos días en su cuenta de Twitter al enterarse de la retirada de su excompañero.

Vicente del Bosque, el seleccionador que más le dirigió, jamás tuvo un reproche para Piqué, ni en público ni en la intimidad. En 2015, en los festejos de la quinta Copa de Europa del Barça, Piqué se mostró agradecido con Kevin Roldán, el cantante colombiano contratado en un cumpleaños de Cristiano tras un 4-0 del Atlético al Real Madrid. El revuelo fue considerable. Tanto que terció el mismísimo Del Bosque, una persona tan paciente y tolerante a un paso del hartazgo: “No ha dicho nada grave, pero hay una incitación grande por parte de algunos medios al odio. Qué mejor que meterse con un jugador catalán. El patriotismo hay que demostrarlo. Y me enerva y me pone de mala leche porque quien pita a un jugador español, que lleva 70 partidos internacionales, pita a la selección española”. Del Bosque recordó que, a fin de cuentas, Piqué estaba celebrando el triunfo “de un equipo español” en la Copa de Europa.

Ni la mediación de Del Bosque aplacó los ánimos. Piqué finalmente se rindió tras el Mundial de Rusia. Sostuvo que el asunto de las mangas y la bandera fue la gota que colmó su vaso. El vaso de alguien que debutó como titular con España el 11 de febrero de 2009, en un partido amistoso ante Inglaterra en el Sánchez Pizjuán de Sevilla. En su segundo encuentro, ante Turquía (1-0) en la fase de clasificación para el Mundial de 2010, anotó su primer tanto como internacional. Era el 28 de marzo de 2009. Tan puñetero y perturbador ha sido siempre Piqué que ese gol de estreno ante los turcos lo marcó... en el Santiago Bernabéu. Un reflejo de Piqué, chulapo como pocos, crecido como nadie en las grandes ocasiones. Abroncado como nadie por los campos de esa España que le reclutó con su bendición más de un centenar de veces. Algunas menos que el adorado Iniesta.

Piqué, por su gracia y desgracia, el anti-Iniesta de España.

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Sobre la firma

José Sámano

Licenciado en Periodismo, se incorporó a EL PAÍS en 1990, diario en el que ha trabajado durante 25 años en la sección de Deportes, de la que fue Redactor Jefe entre 2006-2014 y 2018-2022. Ha cubierto seis Eurocopas, cuatro Mundiales y dos Juegos Olímpicos.

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