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Las pedradas de Fede Valverde

El medio del Madrid, al que siempre se le intuyó un gran golpeo, multiplica su acierto goleador empujado por el reto de Ancelotti después de hacerse imprescindible por su despliegue físico

Fede Valverde
Fede Valverde, en la acción del segundo gol del Real Madrid al Barcelona.JUAN MEDINA (REUTERS)

En su casa le pedían que tirara más, los entrenadores que había tenido en las categorías inferiores se sorprendían de que no lo intentara en más ocasiones, y Zidane y Ancelotti también se lo reclamaban. A Fede Valverde (Montevideo, 24 años) siempre se le adivinaron posibilidades goleadoras gracias a su buena llegada y gran disparo, pero le ha costado cuatro temporadas en la primera plantilla del Madrid romper el huevo de los goles gracias, en buena medida, a esa pierna que, como describió Carletto, parece una piedra. O dos. Porque, pese a que se le tenía por un diestro muy marcado, tres de sus seis tantos de esta campaña han sido con la zurda.

Las cosas de la confianza, aseguró el futbolista hace unas semanas con la camiseta charrúa. “El año pasado daban en los palos y eso me generaba desconfianza. Cuando iba a pegarle, lo pensaba una vez más. Hoy, como entran, la que me queda lo intento”, explicó en su país. Una lesión le hizo tambalearse la temporada pasada a estas alturas, recibió la visita del seleccionador, Diego Alonso, y recurrió a un nutricionista y un coach para cambiar la dinámica. Y lo consiguió, primero convirtiéndose en imprescindible por su despliegue físico y ahora con goles. Salió de la sala de espera permanente en la que vivía, acabó como titular de camino a la Champions y este curso ha destapado el mazo anotador que su entorno tanto le exigía. El chico tímido criado en el Peñarol, el adulto terco —como él se ha definido— se ha colocado a mediados de octubre en el segundo escalón de la tabla de goleadores blancos (seis), igualado con Benzema y a uno de Vinicius. En 15 encuentros suma los mismos bingos que en los 148 anteriores. Tira más y mucho mejor.

“Cuando él empezó a mostrarse en el Madrid, yo le preguntaba por qué no remataba y pisaba las áreas, por qué no hacía cosas que nosotros veíamos acá. Tenía una pegada maravillosa, de talento”, comenta al otro lado del teléfono Alejandro Garay, su primer técnico en la cantera de Uruguay, en la sub-15. También se lo pedía Zidane, que llegara arriba tras robar. Pero lo que se había visto en las etapas formativas y se adivinaba en la élite le costaba aflorarlo. Cuando Valverde se instaló en 2018 en el Bernabéu, solo sumaba tres tantos en 30 choques con el Castilla. Ninguno con el Peñarol (tenía solo 16 años) ni después en su cesión en el Dépor (2017/18).

Hasta que se produjo su explosión esta temporada, por insistencia y eficacia. El medio realiza un disparo cada 35 minutos (la pasada campaña lo hacía cada 62) y ningún compañero supera su acierto (un 18% de los intentos termina dentro de la cazuela y hasta un 25% en Liga), cuando en el curso precedente penaba con un pobre 2%. De hecho, solo metió un tanto, una cifra que causó perplejidad en Ancelotti. Fue en la prórroga de la semifinal de la Supercopa contra el Barcelona (2-3), una diana que empujó a su esposa a desvelar en Twitter una conversación previa. “Si no le pegás al arco cuando entras al área, no contrato a Soledad [la cocinera en su domicilio] y comemos todos los días comida preparada por mí. Pensalo”, le lanzó.

Ensayos continuos

El reto del técnico italiano para esta campaña ya lo conocen todos: al menos, 10 goles. “Nos quedamos haciendo definiciones todos los días o, por lo menos, ocho de cada 10. Rematamos de diferente forma, desde distintos lugares, con presión, sin presión, girando para un lado, para otro, de izquierda, de derecha. Me gusta mucho variar el golpeo y realizar trucos”, apuntaba hace unas semanas con Uruguay, donde todavía no ha pegado el estirón anotador (solo cuatro dianas en 44 choques). “No ha tocado techo ni por asomo. Es un niño, tiene 24 años. También hay que ser cuidadosos a la hora de exigirles a los chicos porque el fútbol les pone muy rápido en cualquier parte del mundo y ante cualquier situación, y a veces no aceptamos los procesos de adaptación”, advierte Garay como norma general.

Este verano, sus compañeros de Valdebebas le aconsejaron que disparara con más calma. Los goles, sin embargo, le han llovido de todas las formas, lugares y piernas posibles, aunque si en algo ha destacado ha sido en la larga distancia. Él es, junto a James Maddison (Leicester), el que más ha atinado desde fuera del área (tres veces) esta temporada en las cinco grandes ligas, y en toda su trayectoria en el Madrid casi la mitad de sus tantos (cinco de 12) han venido desde ahí.

“Mi función es correr hasta que me revienten las piernas”, exclamaba hace dos años, poco después de confesar que en el confinamiento no había hecho las cosas “como debe un profesional del Madrid”. Una intensidad a la que le encontró al fin un sentido duradero la pasada primavera con una ubicación algo ortopédica, la derecha, pero que ha resultado aceite tres en uno: ayuda al lateral, hormigona el medio y se descuelga arriba. Paladas de energía completadas ahora con su desatada producción anotadora.

En septiembre, a Ancelotti le preguntaron si Valverde era uno de los mejores del mundo en su posición. El italiano suspiró, lo elogió, pero rebajó el tono. “Hay que esperar”, afirmó. El miércoles, sin que nadie le apretara, elevó el halago y lo calificó como el interior moderno de referencia.

Las cifras de su explosión anotadora

Goles por curso. Seis en lo que va de campaña; uno en toda la pasada; tres en la 2020/21; dos en la 2019/20; y cero en la 2018/19. Ha marcado tantos en estos 15 primeros partidos como en los 148 anteriores.

Tiros por temporada. En este arranque ya suma 33 (17 entre los tres palos). Más que en toda la 2020/21 (28 y nueve a puerta), la 2019/20 (32 y 14) y la 2018/19 (18 y cinco). En la pasada acumuló 46 disparos en 46 duelos.

Acierto. El 18% de sus tiros han sido gol. Benzema, el 12%; y Vinicius, 15%.

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