El Liverpool de Darwin se impone al City de Haaland en la Charity Shield

El equipo de Klopp levanta el trofeo más importante del verano en Inglaterra ante un rival mermado por la incompetencia defensiva de su costado izquierdo

Darwin Núñez cabecea el 1-3 ante Ederson.
Darwin Núñez cabecea el 1-3 ante Ederson.Mike Hewitt (Getty Images)

Darwin Núñez hizo de Divock Origi —de nueve palomero, de recurso de segunda parte, de revulsivo de partidos sin dueño— para sentenciar en el descuento una final que el Liverpool ganó mucho antes de que se cumpliera el tiempo reglamentario. La Charity Shield, la Supercopa de Inglaterra, la cita más importante del verano futbolístico británico, se inclinó hacia el Mersey. Lo pagó el City, conquistador de la última Premier gracias a una consistencia defensiva que se disolvió en Leicester para disgusto del impotente Haaland.

Dos semanas de pretemporada tardó Jürgen Klopp en resolver que Núñez no vale un Firmino. El entrenador del Liverpool dejó en el banquillo al fichaje más caro de la historia del club —100 millones de euros pagaron al Benfica— para restituir al brasileño en la posición del nueve. No le faltó razón a Klopp, que se pasó el verano dudando entre vender a Firmino a la Juventus o conservarlo, y parece despejar su incertidumbre. A sus 30 años, Firmino piensa más rápido y mejor que el emprendedor uruguayo a sus 23. Sus decisiones galvanizaron el juego del Liverpool con el balón, nunca tan brillante como el de su rival, pero más que suficiente para desorientar a la oposición en las ágiles transiciones que se sucedieron a cada robo.

El Liverpool, que venía de una pretemporada de inestabilidad, se reequilibró con el viejo Firmino. Del otro lado, la puesta en escena del City reflejó el modo de vivir —de trabajar— de Guardiola. Siempre al límite. El técnico español osciló entra la genialidad de asociar a Haaland con Bernardo Silva, y la extravagancia de situar en una misma banda a Nathan Aké, Joao Cancelo y Jack Grealish, tres jugadores célebres por su carácter errático y sus lagunas de concentración. Por ahí se le quebró el partido al City.

La banda izquierda del City no tardó en convertirse en feraz territorio de caza de Thiago Silva, Firmino y Mo Salah. Durante la primera hora de partido hubo momentos en los que dio la impresión de que Salah jugaba solo. Recibía, se giraba, driblaba, se lucía con un slalon, disparaba... Grealish la perdía, Cancelo rara vez estaba en su sitio, y al auxilio jamás acudía el contemplativo Aké, tan elegante para desplazar la pelota como incompetente para hacer lo que se supone debe ser la prioridad de un defensa central. Aké, que estuvo a punto de ir traspasado al Chelsea por 50 millones de euros este verano hasta que Guardiola se percató de que el banquillo se le quedaría desierto de tanto transfuguismo, sencillamente no siente la marca. El contacto directo no es vocación de Aké.

Con semejante reparto defensivo, al City le pesó una tonelada cada pérdida de balón. De poco le valieron sus posesiones elaboradas sin una presión consistente, frente a un adversario que compensó sus carencias técnicas haciendo del trabajo sin pelota un factor invariable. Obligados a correr sin pausa, De Bruyne, Grealish, Rodri y Haaland terminaron por desconectarse y sin una cobertura puntual el equipo se aculó contra su portería. Así estaba cuando entre Thiago, Luis Díaz y Salah le fabricaron el espacio a Alexander-Arnold. El lateral llegó desde su zona y envió el balón a la red.

Julián Álvarez, al rechace

El partido no resistió el paso del descanso sin descontrolarse poco a poco. Ninguno de los equipos dominaba al contrario y el City gozó de sus ocasiones. Adrián había parado un tiro a Haaland y tres a Mahrez cuando, tras un centro de De Bruyne, Julián Álvarez empujó el rechace del portero. El goleador que vino de River entró al cabo de una hora y exhibió su condición de oportunista para igualar un partido que por juego su equipo no había conseguido encauzar.

Agotada la tarde sin que nadie se adueñara de la situación, una mano de Dias en el área sentenció al City. El VAR decretó penalti, Salah lo ejecutó, y la Charity Shield se fue hacia el lado rojo de la cancha, en donde Darwin pescó un centro haciendo gala de su mejor instrumento ofensivo: el hueso parietal. Cabezazo, 3-1, y a celebrar.


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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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