Nadal se reafirma en dirección a Fritz

El español construye una victoria sólida contra Van de Zandschulp (6-4, 6-2 y 7-6(6) y encara en los cuartos al estadounidense, su verdugo en la final de Indian Wells

Nadal sirve durante el partido contra Van de Zandschulp.
Nadal sirve durante el partido contra Van de Zandschulp.SEBASTIEN BOZON (AFP)

La vida está llena de contrastes. Y este último desfile por La Catedral da fe de ello. No hay en el tenis, seguramente, personajes más antagónicos que Rafael Nadal (6-4, 6-2 y 7-6(6), en 2h 22m) y Nick Kyrgios. El incontenible australiano sigue progresando en Londres y después de deshacerse de Brandon Nakashima en dirección a los cuartos (4-6, 6-4, 7-6(2) 3-6 y 6-2), relata: “La noche anterior al partido contra Nadal aquí [en 2019], me tuvieron que sacar de un pub”. Se refiere el bad boy a aquel día en el que antes de medirse con el español, un grupo de periodistas le vio entre cervezas y chicas en el Dog & Fox, el garito localizado a un cuarto a hora a pie del All England Club. “Mi agente tuvo que venir y sacarme de ahí a las cuatro de la madrugada. Vengo de un largo recorrido, eso seguro”, subraya el de Canberra.

Por el trazado radicalmente opuesto transita Nadal, que esa noche dormía y soñaba con la posibilidad de conquistar Wimbledon, uno de los objetivos que más le ilusiona antes de darle carpetazo a su carrera. Ese año, Roger Federer le privó del pase a la final y posteriormente, entre la pandemia y el pie, el español tuvo que aguardar hasta este asalto que va cogiendo cada vez mejor pinta, porque pasan los días, él avanza, se despeja el cuadro y su rendimiento se eleva contra Van de Zandschulp, el neerlandés al que ya batió hace poco más de un mes en Roland Garros. De menos a más, de la discreción al brillo, el español va redimensionándose y empezando a enseñar sus cartas mientras se insinúa en el horizonte un potencial cruce con Kyrgios.

“A veces la gente lo olvida, pero este es mi décimo año en el circuito”, recuerda este último, la amenaza con más fundamento en el teórico tránsito hacia la final del domingo. “Me siento como si fuera ese tipo que se abrió paso cuando era joven y tenía 19 años, y que le ganó a Rafa aquí, en Wimbledon [en 2014]. De alguna manera, les enseñé al resto de los jóvenes que era posible hacerlo. Fui el primero en romper el molde. Siento que ese día demostré que [Nadal] era humano”, prosigue mientras el aficionado proyecta un hipotético duelo en las semifinales, todavía pura imaginación. Primero, él debería derrotar a Cristian Garín, algo que no parece nada fácil dado los problemas en el hombro, y segundo, el balear debe sortear a Taylor Fritz.

”Contra los dos rivales más difíciles es contra los que he ganado en tres sets”, apunta. “Cuando la exigencia ha subido, he estado preparado para elevar el nivel. Mi pelota hace más daño que al principio del torneo, tanto con la derecha como con el revés, y también con el cortado. Ahora viene el momento de dar otro pasito más y, si no se puede, lo normal es que me vaya para casa”, señala el mallorquín, que a sus 36 años es el tercer tenista en la Era Abierta (a partir de 1968) que alcanza los cuartos del grande británico a su edad. Previamente lo consiguieron Federer y el australiano Ken Rosewall.

En formato diésel

Siguiendo la lógica bajo la que ha transcurrido su paso por los Grand Slams, el español se posiciona cuando se avecinan las estaciones definitivas. Después de completar el proceso de adaptación (Francisco Cerúndolo y Ricardas Berankis) y esa fase más o menos durmiente de su tenis en las primeras rondas, Nadal va encontrando el punto de juego que le interesa y reafirma las buenas sensaciones que desprendió hace dos días frente a Lorenzo Sonego. Esa noche terminó deslucida por un lío con el italiano en la red, con ruido, mientras que el pulso con Van de Zandschulp (26 años, 25º del mundo, sin aristas reseñables salvo una aislada final en Múnich) se desarrolla en formato diésel. A excepción de un resbalón peligroso en la recta final y el lapsus que le obliga a resolver en el desempate –del 5-3 al 5-5 y un par de vaivenes en la resolución–, el resto es un coser y cantar.

Nadal ya ha afinado, y ahora está por ver si el nivel le alcanza para deshacerse de Fritz. El estadounidense es uno de los tres jugadores que han logrado la heroica de batirle esta temporada –junto a Carlos Alcaraz y Denis Shapovalov–, aunque esa victoria va acompañada de un asterisco. Ese día, final de Indian Wells, el mallorquín compitió con una costilla fisurada y aun así consiguió estirar el pulso hasta el tie-break. Ambos se reencontrarán el miércoles en la Centre Court.

”Está haciendo un gran año y ha ganado su primer Masters 1000, precisamente contra mí. Es muy completo, tiene un buen primer saque. Llegó muy joven y después tuvo un pequeño parón, pero ahora ha vuelto a dar otro empujón importante. Juega bien en todas las superficies. Pero son los cuartos de final de un grande, ¿qué podemos esperar?”, comenta antes de retirarse sin olvidarse de hacer una mención al emotivo acto del domingo en el que un desfile de figuras, él incluido, conmemoró el centenario de la pista central: “Fue un honor, es un lugar muy, muy especial”.

Configurado el primer ala de los cuartos, por el otro debatirán este martes Novak Djokovic ante Jannik Sinner (a las 14.30, Movistar Deportes) y Cameron Norrie contra David Goffin.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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