Schwartzel, número 126 del mundo, gana el torneo inaugural de LIV Golf y 4,75 millones de dólares

El sudafricano se impone en la clasificación individual, suma también en la colectiva y se convierte en el primer vencedor de la liga saudí en su guerra con el PGA Tour

Schwartzel celebra la victoria.
Schwartzel celebra la victoria.PAUL CHILDS (REUTERS)

La profecía se ha cumplido. Habrá un día en el que un golfista muy alejado de la élite gane cuatro millones de dólares por tres días de trabajo y se consume la revolución. Ese día ha llegado. Este sábado, el sudafricano Charl Schwartzel, número 126 en la clasificación mundial, ha vencido en el primer torneo de la opulenta liga saudí, celebrado en Londres, y por la cita de tres jornadas se ha embolsado los cuatro millones de dólares que reparte la clasificación individual solo para el líder y otro pellizco de 750.000 dólares porque su equipo, el que formaba con otros tres compatriotas, llamado Stinger, ha arrasado en la modalidad colectiva: es decir, un gordo de 4,75 millones por un fin de semana. En los últimos cuatro años había ganado 3,9 millones en el circuito americano. Este curso, había necesitado 15 torneos para llegar solo a los 772.000 dólares. En un parpadeo ya ha ingresado más que Jon Rahm, número dos mundial, en toda esta temporada.

Schwartzel no es que sea un completo desconocido. Ganó el Masters de 2011, fue sexto del mundo, y celebró dos victorias en el PGA Tour y 11 en el circuito europeo. Pero a los 37 años sus días de gloria habían pasado (su anterior triunfo se remontaba a 2016). Hasta que la Superliga saudí le ha bañado en oro y le ha convertido en el primer símbolo de la nueva era. La diferencia es abismal. Frente a esos 4,75 millones, el ganador del US Open de la próxima semana recibirá menos de la mitad: 2,2. Difícil que bajo esa realidad no haya un goteo de golfistas que hagan las maletas.

Schwartzel se ha impuesto con siete golpes bajo el par, uno de ventaja sobre el también sudafricano Hennie du Plessis y dos sobre otro compatriota, Branden Grace, y sobre el estadounidense Peter Uihlein. Dustin Johnson ha sido octavo con -1 y Phil Mickelson, 33º con +10. El español mejor clasificado ha sido Adrian Otaegui, sexto con -2 (un premio de 737.500 dólares, el mayor de su carrera), seguido de Pablo Larrazábal (13º, +2), Sergio García (22º, +6) y David Puig (38º, +11). Más allá del puesto, los 48 de Londres son los primeros ganadores de la guerra desatada entre la nueva liga saudí y el circuito estadounidense. La expulsión de los rebeldes del PGA Tour no ha echado para atrás a nadie. Al contrario, cada vez son más los creyentes en el nuevo testamento. A la espera de lo que digan los cuatro grandes sobre si permitirán en el futuro o no jugar a los disidentes, los nuevos dueños se han apuntado el primer gol.

Sobre el terreno, LIV Golf Investments ha sabido vender bien el producto en el que es otro frente de este conflicto, el televisivo y mediático. Las salidas simultáneas de los golfistas en las tres rondas, por 16 hoyos diferentes, han permitido confeccionar una retransmisión televisiva con más acción, de un golpe a otro sin descanso, condimentado con los comentarios de jugadores y caddies captados a través de los micrófonos que llevaban, todo ello condensado en cinco horas en lugar de las interminables jornadas del juego como se ha conocido hasta ahora. En cambio, ha sido más complicado seguir la clasificación a través de las iniciales de los golfistas sobre la pantalla, al estilo de la fórmula uno. El caso es que para bien o para mal, una nueva era se ha abierto. Y cada día que pasa, la liga saudí va ganando músculo. El viernes se anunció el fichaje de Bryson Dechambeau, número 38 del mundo, ganador del US Open de 2020 y uno de los grandes pegadores del circuito. Este sábado el nuevo cromo ha sido el Patrick Reed, 36º en la clasificación mundial, vencedor del Masters de 2018. Otros dos varones estadounidenses que dejan la patria.

La guerra cambia ahora de escenario. Soldados de los dos frentes se verán las caras esta próxima semana en el US Open que se celebra en Brookline (Boston). Allí Jon Rahm defenderá el título que conquistó el año pasado, su primer grande, hoy elevado como uno de los bastiones del circuito americano. El vasco es todavía una de esas estrellas que se mantienen fieles a la casa madre, atrincherado junto a figuras como Scottie Scheffler, Patrick Cantlay, Collin Morikawa, Justin Thomas, Cameron Smith y Rory McIlroy. Cualquier cambio de bando de una de estas piezas provocaría un tsunami de consecuencias mucho mayores a las vividas hasta ahora. Enfrente, en el tercer grande de la temporada se alistarán Dustin Johnson, Phil Mickelson, Sergio García y el resto de rebeldes. La USGA, organismo que rige este campeonato, ha dado luz verde a los fugados para competir. El escaso margen entre el torneo inaugural de la liga saudí, en Londres, y esta cita ha provocado que no se tomaran medidas drásticas. La pelota pasa ahora al tejado de dos monumentos, el Open Británico que se celebrará en julio en la cuna de Saint Andrews, y el Masters de Augusta, otro reducto de los poderes tradicionales. El golf se ha dividido en dos. La profecía se ha cumplido.

Clasificación final del LIV Golf de Londres.

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Sobre la firma

Juan Morenilla

Es redactor en la sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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