Alcaraz se agranda ante Ramos y el abismo

El murciano, de 19 años, se impone al catalán en un duelo agónico decidido tras 4h 34m y en el que tuvo que salvar una bola de partido: 6-1, 6-7(7), 5-7, 7-6(2) y 6-4

Carlos Alcaraz celebra el triunfo contra Ramos, este miércoles en la pista Simonne Mathieu.Foto: CHRISTOPHE ARCHAMBAULT (AFP) | Vídeo: EPV

La liberación llega en forma de ace, a lo grande. En realidad, no podía ser de otra manera. No cuando se trata de Carlos Alcaraz, que persigue la bola como un guepardo, repele los zarpazos de Albert Ramos y a base de fe, corazón y una exacerbada convicción logra el punto (y el break) con el que consigue romper la camisa de fuerza después de 4h 34m de toma y daca. Al final, queda en pie él –citado este viernes con Sebastian Korda, el único que ha logrado rendirle esta temporada sobre polvo de ladrillo– y maldice el catalán, raquetazo al suelo y frustración. Lo ha hecho prácticamente todo bien, pero el alud se lo lleva por delante: 6-1, 6-7(7), 5-7, 7-6(2) y 6-4. Escapa el murciano, que ha pasado un mal rato de aúpa. Ha estado a un tris de salir del grande francés, pero prevaleció su luz, una dicotomía radical: tantos golpes ganadores (74) como errores.

”Sabía que si salvaba esa bola de partido tendría mis oportunidades, y en el tie-break he sido muy agresivo. Esa bola lo ha cambiado todo”, dice a pie de pista, la coqueta Simonne Mathieu, edificada junto a los invernaderos del Jardín des Serres; “esto no hubiera sido posible sin este público, porque me siento como en casa. Siento su apoyo en cada punto”, añade agradecido tras un episodio resuelto a base de orgullo, en el que Ramos le ha sometido y él, por momentos, ha perdido el brillo de este estruendoso año que se resume en 30 triunfos, 12 sucesivos en tierra desde que abriera el melón en el Godó.

Había comenzado Alcaraz como los ángeles, dominando la situación e imponiendo su velocidad de crucero, desbordando a Ramos con derechazos limpios y profundos que le permitieron decantar el primer parcial en solo 26 minutos. Había cogido el murciano perfectamente las riendas, o eso parecía. Hasta ahí, todo en orden para él, que no para Ramos, un veterano que compite de manera silenciosa, como la buena electrónica japonesa. No hace el ruido el catalán, pero conoce como pocos los exigentes códigos de la tierra batida. Basta con echar un vistazo a su palmarés: cuatro trofeos, los cuatro sobre arcilla, condimentada la pericia con seis finales más. Cosa seria.

El último título llegó en febrero. Lo elevó en Córdoba, Argentina, y después se metió en un agujero. Es decir, nada hacía presagiar que pudiera meterle en un lío de verdad a Alcaraz, teniendo en cuenta el trazado de uno y otro en la gira primaveral, caminos invertidos: a excepción de la tercera ronda en Montecarlo y la cuarta en Estoril, Ramos enfiló la salida a la primera en el resto de los torneos (Marrakech, Barcelona, Madrid, Roma y Ginebra). Sin embargo, un Grand Slam es un Grand Slam, y esconde un sinfín de minas en el recorrido. La primera semana está plagada de emboscadas y no son pocos los que pisan el cepo o se asoman al precipicio.

Caras de circunstancias

La noche anterior, el griego Stefanos Tsitsipas, finalista el curso pasado, había escapado a una situación límite –dos sets por debajo– y casi en paralelo, había sido Alexander Zverev –lo mismo, anulando un punto de partido– el que había salvado el pescuezo por los pelos. No hay tregua en Roland Garros. Bien lo sabe Ramos, tenista bregado, zurdo inteligente, ducho y más sobre arena, y está descubriéndolo Alcaraz, que en la segunda manga dejó escapar un par de trenes –doble opción de break, en dos turnos al resto consecutivos– y metió los pies en un auténtico cenagal. Desperdiciada la oportunidad, el desarrollo posterior se convirtió en un laberinto sin puertas para él. Un mal viaje entre sudores fríos.

Alcaraz acostumbra a acompañar su juego de una expresividad alegre, pero en esta ocasión gesticuló, protestó, se flageló, llegando al soliloquio más de una vez, hablando consigo mismo y haciendo más de un aspaviento en dirección a su banquillo: “¡Pero qué haces, Carlos, qué haces!”. Y ahí, en el box, caras largas de circunstancias, gestos de preocupación. El chico no solo no lograba darle la vuelta a la historia, sino que Ramos apretaba y apretaba, enroscando la bola con ese drive pesado que revoluciona y dispara la pelota, haciendo que coja altura, muy complicada de contrarrestar si tiene el día. Y lo tenía el catalán.

3-0 en el quinto parcial

Llevó Ramos el litigio hacia el lugar que más le interesaba, el sitio en el que se acentúan los 15 años de diferencia entre uno y otro. Hacia la duda. De repente, un interrogante mayúsculo en París, en esa mollera por hacer. Logró que Alcaraz perdiera la chispa y se precipitara de tanto hacerle pensar y pensar, de darle vueltas al tarro. Demasiada zozobra, excesivo desasosiego. Vieja escuela, astuto el de Mataró. Ojos en órbita y puños estrujados: “¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!”. Difícil frenar a un tenista cuando está así. Al tercer intento igualó el pulso y luego embistió como un Miura, pero Alcaraz, a un centímetro del abismo ya, se revolvió. Señor partidazo en la Mathieu.

El murciano salvó un punto de partido y a continuación fue el catalán el que abortó tres de set, pero en el desempate el joven se creció y fue superior. Así que vuelta a empezar, a cara o cruz. Y corazones a mil. No desistió Ramos, tampoco lo hizo Alcaraz: del 3-0 adverso al 4-3 a su favor, y de ahí al 4-4. Más y más leña al horno, de sopapo en sopapo los dos hasta que llegó el giro terminal, esas zancadas de un lado a otro de Carlitos, ese instinto de supervivencia, esa fe y esa volea a la red del rival que decidió. La pista patas arriba, temblor en el Bois de Boulogne.

A la hora de la verdad, pesó más la rebeldía que la veteranía y París, que algo sabe de épica y ensoñaciones, empieza a comprobar de verdad cómo se las gasta el heredero. Sufridor y escapista esta vez.

“GANAR ASÍ ME HACE MEJOR JUGADOR”

A. C. | París

Nunca antes había estado Carlos Alcaraz en una pista de tenis. No al menos en competición, como así quiso recordar ante los periodistas. “Fue el partido más largo de mi carrera y durísimo, pero me servirá de ayuda. Àlex Corretja me dijo que estas victorias son las que te hacen un gran hombre, un gran jugador”, indicó ante los periodistas el prodigioso jugador de El Palmar.

El murciano elogió el juego de Ramos y redujo su triunfo a una cuestión de fe. “Albert me estaba comiendo de fondo, pero siempre creí en mí mismo, en que podía darle la vuelta, porque cerrar los partidos es una de las cosas más difíciles que hay en el tenis y sabía que tendría mi oportunidad”, continuó, concediéndole un valor extra a la victoria por cómo llegó.

“Me tomo lo que ha pasado como una lección. Se trata de aprender y creo que en un futuro, incluso ya, mañana, me valdrá para saber qué tengo que mejorar”, añadió; “la pongo como una gran victoria por el hecho de saber qué ha pasado y cambiarlo. Por aceptar que no estaba jugando brillante y aun así intentar poner al otro en problemas y acabar ganando. Es una de mis mejores victorias por eso”.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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