Joaquín, eterno, seguirá un año más

Una marea de béticos celebra con el capitán la tercera Copa del Rey del Betis, la segunda lograda en una tanda de penaltis

Joaquín salta al césped del estadio de La Cartuja con la Copa del Rey recién conquistada.
Joaquín salta al césped del estadio de La Cartuja con la Copa del Rey recién conquistada.EL PAÍS

A eso de las tres y cuarto de la madrugada del domingo, Joaquín, el eterno capitán del Betis, era el último jugador verdiblanco en abandonar el vestuario del equipo en el estadio de La Cartuja. Joaquín salía con la Copa en las manos, secundado por Javi, el utilero jefe del primer equipo. Unos minutos antes, en las entrañas del gigantesco estadio sevillano, el capitán se había desnudado en una comparecencia muy sentimental. Joaquín lloraba cuando se refería a su condición de ser el único futbolista de la historia del Betis con dos títulos, esta Copa y la de 2005, que logró con 23 años. Ahora la ha ganado con 40. “Llevaba varios días sin dormir. No podía. He soñado tantas veces con levantar esta Copa que tenía demasiado peso sobre mi cabeza. Soy quien soy y eso a veces es complicado de llevar”, afirmaba Joaquín, consolado entre lágrimas por Borja Iglesias, declarado el mejor jugador de la final. El delantero, autor del gol del Betis, lo tenía claro: “Eres el mejor jugador de la historia del Betis, Joaquí”. El club andaluz había ganado su tercer título de Copa, el segundo de su historia en la tanda de penaltis, como en 1977 ante el Athletic. Los cinco lanzadores del Betis, Willian José, Joaquín, Guardado, Tello y Miranda, habían sido los cambios de Manuel Pellegrini. Ningún equipo ha ganado dos finales de Copa desde el punto fatídico.

La fiesta fue grande durante toda la jornada del domingo en Sevilla. El jolgorio culminó con una celebración en el Benito Villamarín. Allí, Joaquín volvió a tomar la palabra ante el delirio de los aficionados verdiblancos, que llenaban el estadio. “Sí, voy a seguir un año más”, afirmó Joaquín con lágrimas en los ojos. La explosión de júbilo fue tremenda en el estadio y todos los compañeros abrazaron a Joaquín, que seguirá jugando en la élite del fútbol con 41 años, dispuesto a batir todos los registros de la entidad y del fútbol español.

Pellegrini se mostró encantado de poder seguir contando con Joaquín. “Será un honor poder seguir dirigiendo a nuestro capitán”, comentó el chileno, idolatrado también por la afición verdiblanca. Además, el portuense sigue rindiendo sobre el terreno de juego (32 partidos y dos goles en este curso). Los que conocen bien a Joaquín destacan el dominio que ha adquirido del juego. “Es el mejor sustituto de Fekir que tengo en el equipo”, ha llegado a admitir públicamente el entrenador del Betis, contenido en el triunfo en La Cartuja, sin dejar de lanzar un mensaje claro justo después de obtener su primer título importante en España, la Copa del Rey: “Vamos a festejar y desde el lunes solo pensaremos en el duelo contra el Getafe y pelear con todas nuestras fuerzas por clasificarnos para la Liga de Campeones”, destacaba el preparador.

Joaquín pasó un domingo lleno de emociones instalado de nuevo en la eternidad verdiblanca. Tenía pensado hablarle al Rey de su abuela, María de las Mercedes, reconocida bética, pero se le olvidó por la emoción del momento en el palco al recoger la Copa. Además, no paró de analizar el penalti que había lanzado en la tanda ante el Valencia. Fue el segundo del Betis y Mamardashvili estuvo a punto de detenerle el lanzamiento. “Antes de tirar se me venía a la mente el Mundial de Corea. Siempre intento tirar el penalti con un disparo fuerte y al lado natural, pero nunca me sale. Me ha pasado otra vez en esta final. Cuando ha entrado me he sentido muy liberado”, recordaba Joaquín. Con solo 20 años, el portuense falló el penalti que supuso la eliminación de España en el Mundial de 2002. La historia cambió en 2022.

Han pasado 20 años. Joaquín es el alma del Betis. Protagonista absoluto en la fiesta de la final y en una celebración que llenó de miles de béticos las calles de Sevilla. La Plaza Nueva hispalense, lugar de celebración de la afición verdiblanca, y el Benito Villamarín, vibraron con su equipo y su capitán, campeón de nuevo 17 años después. Como el número que luce en su espalda.

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