Vedat Muriqi: “La guerra es lo peor para el ser humano”

El delantero kosovar recién llegado al Mallorca vivió de niño el conflicto entre su país y Serbia y relata sus duras experiencias hasta llegar a ser profesional del fútbol: “Compartíamos un litro de leche al día y cebollas para 50 personas”

El delantero del Mallorca Vedat Muriqi (C) durante el partido de la vigésimo tercera jornada de Liga que el Mallorca y el Cádiz (2-1) disputaron el pasado sábado.
El delantero del Mallorca Vedat Muriqi (C) durante el partido de la vigésimo tercera jornada de Liga que el Mallorca y el Cádiz (2-1) disputaron el pasado sábado.CATI CLADERA (EFE)

Vedat Muriqi (Prizren, Kosovo, 27 años), el nuevo delantero del Mallorca, aún relata con cierta angustia su odisea para ascender de niño de la guerra de Kosovo hasta el fútbol profesional. Al teléfono, desde el hotel donde aún reside en la isla, rememora el drama que vivió con cinco años. A finales de los años 90, como muchas familias albano-kosovares, la suya se vio obligada a formar parte de un éxodo masivo a Albania para huir de los horrores del crudo conflicto con Serbia. Pudieron regresar a su país, ya independizado, dos meses y medio después tras garantizárseles que sus vidas ya no corrían peligro. “Después de la guerra, como para casi todo en Kosovo, no había nada, pero especialmente para el deporte. A nadie le apetecía empezar a jugar. Cuando le dije a un tío mío que quería ser futbolista profesional empezó a reírse y me dijo que era muy difícil. Luego, las cosas empezaron a cambiar, tuve suerte y trabajé muy duro para llegar a profesional. Sin esa suerte, sin lo que me ayudó mi familia y sin Dios, no hubiera sido posible”.

Su barbilla afilada y sus pómulos hundidos, remarcados por la barba, realzan su aspecto de tipo curtido por la vida. “La guerra es lo peor que le puede pasar al mundo y a cualquier ser humano. Lo único positivo que tiene es que te hace más fuerte mental y físicamente. En mi familia éramos unas 50 personas y llegamos a estar metidos todos en un habitáculo de una casa. Cuando los alemanes empezaron a prestarnos ayuda teníamos que repartir un litro de leche al día y cebollas para todos. Fueron tiempos difíciles, me daba cuenta de que mis padres sufrían, éramos niños, queríamos comer y beber y no podían darnos nada. Afortunadamente, nadie de mi familia murió en la guerra”.

Lo único positivo de la guerra es que te hace más fuerte mental y físicamente”

Los saqueos de los soldados serbios le marcaron mucho: “Vinieron a casa y nos dijeron que iban a poner una bomba. Recuerdo a mi madre meter la ropa en bolsas lo más rápido posible para coger el coche e irnos a Albania. Por las calles había mucha ropa que habían tirado los soldados”. Muriqi creció sin los habituales referentes futbolísticos que los críos interiorizan en sus cabezas. “Las cosas en Kosovo no estaban para pensar en ídolos. Yo veía partidos y en mi cabeza hacía una mezcla de las características de muchos jugadores, pero no puedo decir solo uno”, cuenta.

Tras el exilio y sin posibilidades de desarrollarse en Kosovo, jugó desde los 17 años hasta los 19 en el Teuta Durrës y el Besa Kavajë, albaneses. Luego, escogió Turquía para alcanzar su deseo de ser futbolista. “Tenía un uno por ciento de posibilidades de que me cogieran y estaba muy concentrado porque quería demostrar mi valía. No quería regresar a Kosovo y afortunadamente me aceptaron”. Hizo goles en el Girensuspor y el Gençlerbirligi. Explotó en el Rizespor con 26 tantos en una única temporada, la 18-19, que le valieron para fichar por uno de los grandes turcos, el Fenerbahçe. Los 17 tantos en 36 partidos animaron al Lazio a pagar 20 millones de euros por su traspaso en el verano de 2020. Sin embargo, ni con Simone Inzaghi ni con Maurizio Sarri pudo consolidarse. “En la liga italiana hay más calidad que en la turca y me lesioné al principio. Luego cogí la covid y sufrí porque en el Lazio había mucho nivel y no fue fácil alcanzar a mis compañeros. Muchas veces no tuve suerte, pero también es cierto que cuando me dieron oportunidades no lo hice bien”.

Compartíamos un litro de leche al día y cebollas para 50 personas”.

Con solo dos goles, durante un tiempo Muriqi fue la diana de parte de la hinchada. El pasado verano, en un entrenamiento de pretemporada abierto al público, Sarri paró la sesión y amenazó con expulsar a los hinchas que insultaban a su delantero. “Ellos no pagaron 20 millones por nada, hice goles en Turquía y en la selección. Puedes pagar 100 millones por un jugador, pero cuando hay lesiones no puedes rendir como se esperaba, esto es fútbol”.

El gesto de Salva Sevilla

En los dos partidos con el Mallorca, al que llegó cedido hasta final de temporada, sus características de delantero fajador, su correcto juego de pies y su altura (1,94m) han ilusionado a su nueva hinchada. También a sus compañeros. Salva Sevilla le dejó tirar el penalti que supuso el triunfo (2-1) ante el Cádiz. “Quise tirar el primero, los delanteros necesitan hacer goles y un penalti es una oportunidad, aunque lo puedes fallar. En el segundo no dije nada y Salva Sevilla vino y me entregó el balón. Se dio cuenta de que necesitaba marcar, es un buen tío y lo que hizo habla de su carácter, le estoy muy agradecido por darme su confianza”.

El gesto de Salva Sevilla refuerza la idea de Muriqi de que acertó eligiendo al Mallorca. “Tenía muchas ofertas, pero me di cuenta de que en este club trabajan todos juntos. Me llamaron directamente el director y el entrenador y me hicieron ver que me querían”, añade. En los dos encuentros, el del Cádiz y la derrota en cuartos de final de Copa ante el Rayo, Muriqi asegura sentirse cómodo con el libreto de Luis García. “Un delantero tiene que marcar goles, pero antes el míster quiere que haga un trabajo específico en defensa, en la presión y aguantar el balón para la llegada de mis compañeros. Esto no es nuevo para mí. Conmigo y con otros delanteros altos como Fer Niño o Matthew \[Hoppe\], el equipo puede jugar en largo, pero también tenemos jugadores que pueden jugar en corto”.

A Muriqi aún no le ha dado tiempo para establecer las diferencias entre la Serie A y la Liga, pero advierte: “En Italia los duelos son más fuertes, aquí cuando saltas y un jugador grita el árbitro señala falta. Eso no es bueno”.</CW>

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Sobre la firma

Ladislao J. Moñino

Cubre la información del Atlético de Madrid y de la selección española. En EL PAÍS desde 2012, antes trabajó en Dinamic Multimedia (PcFútbol), As y Público y para Canal+ como comentarista de fútbol internacional. Colaborador de RAC1 y diversas revistas internacionales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Europea.

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