Joan Cañellas, el desquite de El Alquimista

El lateral de 35 años, muy dolorido por su ausencia en los Juegos, busca la revancha en un Europeo de balonmano que está resultando un ciclón de emociones para él. Dinamarca-España y Francia-Suecia, semifinales

Joan Cañellas, en el partido contra Polonia.
Joan Cañellas, en el partido contra Polonia.VLADIMIR SIMICEK (AFP)

Joan Cañellas se pasó cinco años persiguiendo los Juegos después de quedarse fuera de Río. Aquella eliminación de 2016 causó tal trauma en toda su generación que nadie se molestó en ocultar un dolor que brotaba incluso en los instantes de mayor felicidad, con las tres medallas que vinieron después (dos oros europeos y un bronce mundial). Por más éxitos que lograran, durante un lustro todo entre los más veteranos de la selección era una especie de “sí, pero…”. Sí, pero hay que ir a Tokio y acabar en el podio, y a ser posible en la final. Hasta que fueron y atraparon un emotivo bronce para alegría y, sobre todo, desahogo general. En la foto, sin embargo, faltó Cañellas.

El lateral izquierdo de 35 años y originario de Santa María de Palautordera (Barcelona) había sufrido una pequeña rotura de fibras (0,9cm) en el último partido preparatorio y se quedó en tierra. Él se mostró convencido de que tenía margen para recuperarse e ir cogiendo altura con el paso de los encuentros, pero Jordi Ribera resolvió dejarlo en casa. La herida resultó evidente y el jugador, tres días antes del primer encuentro de Japón, publicó una foto en sus redes donde decía que había completado el segundo entrenamiento con su nuevo equipo, el Kadetten Schaffhausen, de Suiza. Hace una semana, el catalán confesó que ni siquiera vio los Juegos.

Aquel episodio hizo pensar que la etapa de Cañellas en los Hispanos podía haber terminado, y más cuando se preparaba un relevo generacional y él había deslizado hacía tiempo las dudas sobre su continuidad por las renuncias familiares que exige un gran torneo. Pero ahí sigue, reclutado de nuevo por Ribera en este Europeo para sorpresa de más de uno, buscando su octava medalla y protagonista de un tobogán de emociones que no disimula y hasta retransmite.

Quince días en Bratislava le han dado para todo: goles decisivos, positivo por covid, cinco días encerrado y desesperado en una habitación, y desconfinamiento a la carrera para disputar minutos clave de la final ante Polonia. Ausente en las tres primeras citas de la segunda fase (Alemania, Rusia y Noruega), la participación de este jugador de familia de farmacéuticos (él también empezó la carrera) al que apodaron El Alquimista ha sido limitada, pero muy quirúrgica. Este viernes a las 18.00 (Tdp) se las verá en semifinales contra Dinamarca (Francia-Suecia, el otro cruce a las 20.30).

Si el equipo alcanzó otras semifinales fue, en buena medida, gracias a sus siete tantos contra Suecia (32-28) en el segundo partido del campeonato, una victoria que concedió a España un colchón determinante. Esa noche, consciente del paso que habían dado todos y del do de pecho personal, su mensaje en redes sonó a un grito de desahogo: “Son de esos días en que, aunque para muchos no signifiquen nada, para mí dan sentido a todo el sacrificio que se hace y no se ve; a los malos momentos, que los hay; y a todas las cosas que te pierdes para tener esta oportunidad”.

Sin embargo, el subidón solo duró unos días, lo que tardó en llegar el estacazo de la PCR. Horas antes de enfrentarse a Alemania, él y su compañero de habitación, Ian Tarrafeta, conocieron que eran positivos. Los dos únicos contagios hasta ahora en la delegación española. Cañellas se quedó aislado, juntó las dos camas para ganar espacio y poder realizar ejercicios físicos, y esperó a reunir dos resultados negativos en 24 horas para salir del encierro, algo que sucedió sobre la campana del duelo frente a Polonia.

Con apenas unos minutos de calentamiento en la pista, Ribera echó mano de él en los momentos más peliagudos y el jugador se reivindicó con tres tantos, dos de ellos en el tramo final, y un blocaje defensivo también en el desenlace. Otro desahogo para este veterano, que lo volvió a volcar en sus redes. “Varias jornadas de cuarentena en una habitación de hotel, lejos de casa y los resultados parecían no dar noticias optimistas. Me hundí bastante pensando… ¿por qué a mí? ¿otra vez? ¿merece la pena? ¿daré negativo a tiempo? Poco antes del partido, me ha llegado el segundo negativo. Finalmente, liberación por un lado y responsabilidad por otro”, relató el barcelonés, que este martes sumó 211 partidos y 518 goles con los Hispanos.

En una selección con problemas para anotar desde fuera, su lanzamiento exterior ha sacado al equipo de más de un apuro. Y, heridas veraniegas al margen, lo que Ribera buscaba con su convocatoria era el cuajo competitivo que otorga una cabellera pelada en un grupo donde ya no están unos cuantos de su generación, ni dos pilares del presente y futuro como los hermanos Dujshebaev, ausentes por lesión.

Cañellas, otro ejemplo de la diáspora del balonmano español tras el hundimiento de la Asobal, inició este verano el aterrizaje de su carrera al pasar del Pick Szeged (conjunto húngaro de Champions) al Kadetten Schaffhausen (de la Liga Europea, la segunda competición continental). Su continuidad con España era una incógnita, pero ahí sigue tratando de sacudirse el amargor después del profundo trauma olímpico. Su desquite ahora pasa por Budapest.

Así queda la fase final

Semifinales del viernes: España-Dinamarca (18.00) y Francia-Suecia (20.30).

Tercer y cuarto puesto: domingo, 15.30. Final: domingo, 18.00. Todos por Tdp.

Resultados del miércoles

Dinamarca, 29 - Francia, 30

Montenegro, 24 - Islandia, 34

Países Bajos, 28 - Croacia, 28

Así quedó el otro grupo

Francia 8 puntos

Dinamarca 8

Islandia 6

Croacia 3

Países Bajos 3

Montenegro 2

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