TENIS | OPEN DE AUSTRALIA
Columna
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Djokovic y Australia: honestidad, sensibilidad y humanidad

Aunque Novak no tiene la obligación de desvelar datos que pertenecen a su intimidad, debe ser consciente de que es un referente mundial en un momento de gravísima crisis sanitaria

Djokovic posa con el trofeo de campeón en febrero del año pasado.Foto: AP | Vídeo: EPV

La noticia sobre la exención otorgada por el gobierno de Australia al actual número uno del tenis mundial, Novak Djokovic, y que le permite entrar en el país con unas condiciones distintas al resto de los ciudadanos y de los jugadores que participan en el primer Grand Slam del año ha provocado bastante sorpresa y, por supuesto, todo tipo de comentarios más o menos polémicos.

Debo reconocer que hasta el anuncio de este martes, yo pensaba que el jugador serbio renunciaría a participar en el torneo, o que se inocularía la vacuna. La extralimitación de mis particulares especulaciones se debían a la conocida y demostrada rectitud del gobierno australiano en lo que al cumplimiento de los estrictos protocolos que se exigen para entrar en el país.

Si bien es verdad que Novak no ha querido hacer pública su decisión de inmunizarse o no, se entiende que si ha solicitado y recibido una exención es porque no le habrán administrado ninguno de los preparados autorizados.

El primer ministro del país, Scott Morrison, se ha visto obligado a declarar que el jugador no ha recibido ningún trato de favor. Se entiende, pues, que se ha acogido, previa presentación de un informe médico, a uno de los cuatro únicos supuestos que harían posible el permiso excepcional: historial de anafilaxia a un componente de la vacuna, reacción muy adversa después de una primera dosis, una afección médica aguda o una afección cardiaca inflamatoria en los últimos seis meses. También es de todos conocido el derecho que tiene todo ciudadano de acogerse al derecho a la privacidad y no desvelar información referente a su salud, como el de cualquier autoridad o facultativo a tener terminantemente prohibida la divulgación de ese tipo de información. Y esto es lo que ha ocurrido.

La polémica, pues, debería quedar zanjada a no ser que uno quiera poner en entredicho la honestidad de uno de los tres o cuatro protagonistas de la noticia. Básicamente, se trataría de la veracidad del informe médico, la intención última del jugador, el interés de los organizadores del torneo y la aceptación y dictamen por parte del ministro de Salud australiano.

Es verdad que Djokovic es el jugador que ha levantado más trofeos en la Rod Laver Arena, que persigue ganar su vigesimoprimer Grand Slam y que los intereses por tenerlo allí compitiendo son muchos, pero me parecería monstruoso que para que su participación fuera posible se hubiera incurrido en alguno de los cuatro poco honorables supuestos.

Como yo no puedo creer que nada de esto haya ocurrido, pienso que sería bueno que el propio jugador diera alguna explicación. No tiene la obligación de desvelar datos que pertenecen a su intimidad, pero él debe ser consciente de que es un referente internacional en un momento de gravísima crisis sanitaria mundial y de una gran sensibilidad debido al enorme dolor que está causando la Covid-19.

Son casi seis millones las personas las que han perdido la vida por este maldito virus y muchos otros millones los que nos hemos puesto la vacuna sabiendo que es una necesidad mundial, con la confianza depositada en los científicos que llevan dos años trabajando para acabar con esta lacra. Son muchos, también, los ciudadanos que tienen hijos, padres o hermanos viviendo en Australia y que no han podido reunirse desde hace dos años o más, sometidos por el escrupuloso baremo de su país.

Quiero pensar que Novak no es ajeno a todo esto y que despejará las dudas en señal de humana sensibilidad y comprensión.

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