El nuevo puzle de Ancelotti

El Real Madrid visita San Mamés con 12 bajas, ocho por covid, y se ve obligado a tocar todas las líneas, especialmente un medio del campo sin Casemiro y Modric

Valverde y Camavinga celebran un gol contra el Celta en el Bernabéu.
Valverde y Camavinga celebran un gol contra el Celta en el Bernabéu.GABRIEL BOUYS (AFP)

El Madrid cierra 2021 en San Mamés (21.30, Movistar LaLiga) con un rosario de bajas: nueve jugadores por covid (Asensio, Rodrygo, Bale, Marcelo, Modric, Lunin, Isco, Alaba y Arribas -se quedó en tierra esperando el resultado del test- además del asistente Davide Ancelotti) más los lesionados Carvajal y Ceballos, y el sancionado Casemiro. Un nuevo puzle para Carlo Ancelotti, que debe retocar todas las líneas, y que se ha quedado sin el director de la zaga (Alaba) y sin la fórmula del medio que le dio el gran impulso en la clasificación.

Al austríaco lo relevará el “pesimista” Nacho, a quien el técnico le ha colgado varias veces el cartel simbólico de titular, aunque desde el inicio de curso se ha visto a la sombra del ex del Bayern y Militão tras firmar el mejor año de su carrera. En todo caso, hombre por hombre. Las ausencias en el centro de Casemiro y Modric, en cambio, afectan más a la naturaleza del equipo y abren un hueco en la zona más influyente. En el despegue de los blancos, los focos apuntaron a Vinicius y su mezcla con Benzema, pero la llave que terminó de cuadrar el círculo fue el viejo combo de Casemiro-Kroos-Modric. En ellos, el italiano encontró el orden y la vía para mejorar el sistema defensivo, el gran debe del principio de campaña. Atendiendo a las características de estos tres, ordenó a menudo a los suyos recogerse cerca de Courtois y buscar los espacios a la contra.

La ausencia en Bilbao de dos de estas piezas abre previsiblemente la puerta a Camavinga y Valverde, jóvenes con características diferentes que ofrecen otras variantes. Con sus piernas lozanas, al entrenador se le presenta la opción de matizar el denominado bloque bajo al que se agarró con éxito hace tres meses y subir líneas. “Si quiero hacer una presión más arriba, ellos podrían ser más útiles”, admitió hace unos días. ¿Lo querrá?

Ese, en realidad, era su plan en el inicio de la temporada. En pleno agosto, luciendo un bronceado de Valdebebas, Ancelotti no dejaba de exigir a los suyos más “intensidad defensiva”. El mensaje era machacón. “No hemos tenido el coraje de presionar arriba cuando tenemos defensas muy rápidos”, censuró tras golear en la primera jornada al Alavés (1-4). “Sin balón debemos mejorar la presión”, volvió a alertar después de vencer en el Villamarín (0-1) en la tercera cita. Entonces, en la medular faltaba por lesión Kroos, que no fue titular hasta el décimo choque.

Era un Madrid más goleador y a la vez más vulnerable. Más abierto. Tenía también un aire experimental, obligado por el parte médico del alemán y el ánimo de exploración de Carletto, que en ese tramo probó sin Casemiro ni Modric en un par de duelos. Sin embargo, el fiasco en Cornellà (2-1) clausuró los ensayos. Se impuso su espíritu pragmático y conservador, y desde octubre no hay más fórmula que la de siempre (Casemiro-Kroos-Modric) y con la instrucción frecuente de echarse atrás. Desde el 0-5 al Shakhtar, 12 victorias y dos empates. Ambos, casualmente, a cero contra Osasuna y Cádiz, que instalaron el viejo autobús y le obligaron a salirse del plan.

Las dudas de ‘Carletto’

En ese viaje al bloque bajo, Ancelotti empezó argumentando que necesitaba contrarrestar a rivales como el Shakhtar, pero ha terminado reconociendo que ya no es un método. “A todos nos gustaría atacar los 90 minutos, pero hay un oponente y unas características en la plantilla. Con el bloque bajo estamos más cómodos. No es muy estético y no somos muy intensos en el aspecto defensivo, pero lo hacemos bien. Nosotros no contamos con centrocampistas que puedan defender a campo abierto”, ha explicado estas semanas.

El entrenador del Real Madrid, Carlo Ancelotti, durante el partido correspondiente a la fase de grupos de la Liga de Campeones ante el Shakhtar Donetsk. Foto: EFE

Se refería al triángulo Casemiro-Kroos-Modric, el que se rompe en Bilbao para dar entrada previsiblemente a Camavinga y Valverde, dotados, precisamente, para abarcar más terreno y encimar arriba. El uruguayo ha sido el gran sacrificado de la apuesta por el trío clásico. Su situación con el italiano se ha parecido bastante a la vivida con Zidane. Muy apreciado por ambos, pero finalmente a la sombra por la fuerza de los hechos. Tras ser titular en los diez primeros encuentros, incluso como lateral derecho, no regresó al once hasta el pasado domingo, por culpa también de una lesión que le tuvo un mes fuera. Considerado desde hace casi tres años el relevo del puesto de Modric, con otras cualidades, sigue esperando su turno más allá de los descansos del croata.

Camavinga, mientras, debería ocupar el lugar de Casemiro. Su gente cercana está convencida de que esa será su ubicación de futuro. “Tiene un gran control y pase de seguridad. Roba muchos balones con la pierna izquierda y, por gestos, se parece a Redondo”, reivindican. En las últimas semanas, para proteger al brasileño de tarjetas en los minutos finales, Ancelotti ya lo usó ahí después de colocarlo más como volante en su aterrizaje. Efervescente en las primeras semanas, ha ido perdiendo gas al mismo tiempo que crecía la terna innegociable, penalizado también a veces por un exceso de energía mal entendida.

Ellos dos, salvo gran novedad, apuntan a titulares en San Mamés en un duelo que se presenta como una prueba de estrés justo cuando mejor le iban las cosas a los muchachos de Ancelotti: 11 bajas, ocho por covid, cambios importantes en todas líneas, sin dos elementos clave de la medular que alteran el ecosistema, y con la duda de si Hazard (potable en la segunda parte contra el Cádiz) tendrá continuidad y el esquema base del 4-3-3 se mantendrá.

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