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CRUCE DE CAMINOS
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Dejemos que Carlos Alcaraz escriba su propia historia

Todos deseamos disfrutar con grandes campeones, pero no nacen de la noche a la mañana. Las etapas hay que quemarlas a su debido tiempo

Carlos Alcaraz saluda a la afición tras su partido contra Felix Auger-Alliassime.
Carlos Alcaraz saluda a la afición tras su partido contra Felix Auger-Alliassime.Geoff Burke (Reuters)

Este US Open será recordado por la presentación en sociedad de Carlos Alcaraz. El murciano, uno de los jugadores con más proyección del circuito, nos maravilló a todos con su escalada hasta los cuartos de final en Flushing Meadows. Es imposible no esbozar una sonrisa al ver esa valentía repleta de juventud, esa sonrisa pícara del que consigue aquello que desea con toda su alma.

Carlos no es ningún desconocido para quienes llevamos tiempo en este mundo. Desde la etapa júnior ha sido uno de los jugadores más destacados de su generación y siempre ha despertado esa atención al saltar a pista. Su desparpajo es tremendo, tiene una energía diferente y es muy atrevido al atacar la pelota. Tiene la extraña virtud de hacerte disfrutar al verle jugar, desprende una garra y una actitud irreprochable. Algo no muy común en deportistas de su edad.

Lo que más destacaría de él es su mentalidad. En España estamos acostumbrados a las comparaciones, parecen inevitables. Pero, cuando eso sucede, el joven normalmente sale perdiendo. Cada uno debe hacer su propio camino, ningún deportista viene a ocupar el lugar de nadie, y eso Carlos parece tenerlo muy claro. El deportista es el primero que conoce sus propios pasos. No necesita que nadie le repita dónde puede llegar ni cargar con las expectativas de terceros. Carlos sabe que juega bien. Sabe que, si se lo propone, con trabajo y disciplina, puede tener la oportunidad de hacer realidad muchos de sus sueños.

En ocasiones es complicado aislarse de los comentarios del entorno. Especialmente a día de hoy, cuando el mundo está completamente comunicado. El deportista debe guiarse por sus propias sensaciones y dejarse guiar por su equipo. Carlos tiene un grupo muy profesional a su alrededor. Su entrenador, Juan Carlos Ferrero, sabe el camino por el que está pasando y las expectativas que pululan alrededor. Sabe de triunfos y de derrotas, conoce lesiones y presión mediática. Tener ese apoyo a diario es una gran ventaja respecto a otros tenistas de su generación.

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Si echo la mirada atrás, recuerdo la experiencia de alcanzar los cuartos de final en mi primer Roland Garros. Tenía apenas 19 años, venía de la fase previa y apenas me asomaba al circuito. Tanto la prensa como los aficionados buscaban a la siguiente Arantxa, una sucesora de Conchita. Eso, sencillamente, no existe. Notas cómo a tu alrededor se genera una expectación enorme y ahí necesitas ser fuerte. Si no te endureces o no estás preparado para escuchar según qué cosas, tu evolución puede verse afectada.

En el deporte, como en la vida, todo tiene un proceso. Cada persona es capaz de asimilar las realidades a un ritmo diferente. Hay que entender y respetar al deportista, dejándole espacio para crear su propio camino. Todos deseamos disfrutar con grandes campeones, pero ellos no nacen de la noche a la mañana. Nos entran las prisas por ver triunfar a los nuestros, pero las etapas hay que quemarlas a su debido tiempo.

Personalmente, algunos de mis mejores resultados en Grand Slam llegaron en la parte inicial de mi carrera. Mi familia y mi equipo me ayudaron a mantener la cabeza fría en ese momento. Aunque parezca sencillo, este mundo no lo es en absoluto. Tuve una evolución favorable y en ningún momento dejé que los comentarios de fuera afectaran a mi rendimiento.

Carlos ha llegado a cuartos de final en su primer US Open. Hemos leído infinidad de datos sobre su precocidad en el circuito y eso solamente tiene un eslabón: el siguiente entrenamiento. Estoy segura de que, si trabaja con orden, disfrutará de su día a día y construirá un bonito camino.

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