SEIS NACIONES

Escocia representa su tragedia

Tras ganar a Inglaterra, el XV del Cardo deja escapar una renta de 14 puntos y cede ante Gales (24-25), que lidera el torneo gracias al novato Rees-Zammit

Chris Harris se lamenta tras la derrota ante Gales este sábado.
Chris Harris se lamenta tras la derrota ante Gales este sábado.ANDY BUCHANAN / AFP

Gales ya tiene nuevo mesías. El ala de Louis Rees-Zammit, de 20 años, lideró este sábado a la escuadra más veterana del torneo en Edimburgo. Su actuación heló el corazón de Escocia, que no pudo refrenar su candidatura al Seis Naciones tras vencer en Londres siete días atrás. Los escoceses escribieron su particular tragedia, dilapidando una gran renta, quedándose con uno menos y amagando con una jugada salvadora en el descuento que terminó con el oval escurriéndose de las manos de su héroe. El XV del Cardo, que no gana el torneo desde la última edición del Cinco Naciones, en 1999, claudicó ante la selección más resiliente.

Gales tenía todos los elementos para un año de transición, pero duerme como líder del torneo a falta del partido que Francia disputará este domingo en Dublín. Como ante Irlanda, aprovecharon la superioridad numérica tras la roja a un rival. Superados en la media hora inicial, se rehicieron a bajas de entidad como el ala George North y se llevaron un partido memorable.

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Tal desenlace debió parecer ciencia ficción para los escoceses cuando Ali Price firmó la primera ruptura del encuentro. Una patada del medio-melé encontró a Darcy Graham; el ala derecho cazó el oval antes de que botara y firmó la marca que ponía a los suyos por delante. Acusó el golpe Gales y se liberó Escocia, que ya ganaba la batalla posicional e imponía su ritmo, alternando cargas con las patadas diabólicas de Finn Russell. Con las camisetas rojas replegadas, llegó otra diablura, la de Stuart Hogg. El zaguero pateó a seguir y Leigh Halfpenny, todo un seguro en defensa, vio como se escurría el oval. Segundos después, Hogg lo recogía y ensayaba. El marcador (17-3) era fiel al dominio local, con el triple de metros recorridos con el balón en el primer tiempo.

Gales tenía el agua al cuello, pero supo reaccionar. Así llegaría la primera marca de Rees-Zammit. El ala aprovechó la superioridad por el costado derecho tras la continuidad de Nick Tompkins, capaz de soltar el balón pese a los esfuerzos escoceses en placarle. Pese al temporal, el XV del Dragón había limitado daños al descanso (17-8).

Tras una vuelta de vestuarios, tuvo la sentencia Escocia con un largo ataque. No quisieron canjear los tres puntos con una patada fácil y sorprendieron con un saque rápido a la mano. Sin premio: resistiría el XV del Dragón tras una obstrucción escocesa. Perdieron la paciencia los locales y un jugador hizo de avanzadilla, por delante del balón. En la siguiente secuencia, Gales operaba con ventaja en 22 rival y Rees-Zammit calcaba la acción de Tomkins para asistir la llegada de Liam Williams. Sin tiempo para digerir el nuevo contexto, Fagerson era expulsado por entrar descontrolado al ruck –la zona de conquista del balón – y golpear a un rival cerca de la cabeza. La delantera galesa aprovechaba la interinidad de su homónimo rival para percutir con fuerza y voltear el partido. En un suspiro, 17-20.

Reaccionó con gallardía Escocia, que cargó con todo en campo rival tras la expulsión de su delantero. Melé tras melé, la secuencia desembocó en un acelerón de Hogg, que rompió el intento de placaje de Tomkins y volteó el encuentro con 14 efectivos, toda una hazaña. Russell anotó una transformación muy escorada y ponía a su equipo con cuatro de ventaja. Pero no tuvo tiempo Gales para fortificarse; Rees-Zammit pateó a seguir ante la desguarnecida zaga escocesa y recogió los frutos. Otro ensayo.

Le quedaba la épica a Escocia; cualquier patada a palos habría volteado el encuentro. Con el tiempo ya cumplido, aún estaban en su propia zona de 22. Siguieron luchando, ganaron metros con un golpe de castigo y amagaron con la ruptura gloriosa. Aceleró Duhan van der Merwe tras un pase improvisado de Russell. Llegó entonces el placaje salvador de Owen Watkin, casi con la yema de los dedos. El escocés soltó el balón desde el suelo de forma precipitada para dárselo a Hogg. Demasiado. Se le escurrió. Tras la hazaña en Londres, Escocia representó su propia tragedia.

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