TENIS | US OPEN

Bendita locura la de Davidovich

El malagueño se impone a Norrie (7-6, 4-6, 6-2 y 6-1) y se convierte en el primer español de 21 años que accede a los octavos de un grande desde Nadal. Se medirá a Zverev (6-7, 6-4, 6-2 y 6-2 a Mannarino)

Davidovich devuelve de revés durante el partido contra Norrie en Nueva York.
Davidovich devuelve de revés durante el partido contra Norrie en Nueva York.JASON SZENES / EFE

Juega Alejandro Davidovich (Málaga, 21 años) igual que vive. “Tengo que aprender a pisar el freno, estoy en ello. En la pista soy muy agresivo y estoy intentando ser más constante, ir menos acelerado de lo que lo hacía antes, ser menos ansioso, pero es que tengo mi parte de locura…”, radiografía el malagueño, feliz como pocos en Flushing Meadows porque en su tercera experiencia en un grande ya pisa los octavos de final, después de batir a Cameron Norrie (7-6, 4-6, 6-2 y 6-1) en un duelo que transcurrió, cómo no, a su manera: de arriba abajo, entre curvas, hasta que encontró ese punto de equilibrio que puede llevarle muy lejos y desgajó por completo al británico.

No es de líneas rectas Davidovich, cuyo nombre trascendió hace tres años cuando conquistó de forma inesperada el título júnior de Wimbledon. Contaba entonces que no es de los que se pone ningún límite, sino de los que apunta a lo más alto. “Mi objetivo es ser un top, mínimo top-10”, decía convencido. Y en esa dirección está. Su evolución la temporada pasada le disparó hacia los 100 mejores del circuito —ascendió hasta el puesto 82º, y hoy día es el 99º aunque escalará a su marcha de Nueva York— y a disputar la Copa de Maestros de las promesas. Busca el tenis español relevo, y su nombre consta con mayúsculas junto al del murciano Carlos Alcaraz.

Pero ninguno de los dos responde al prototipo de jugador español. Davidovich, de padre sueco y madre rusa, es de los que acostumbra a ir de frente en el partido, tan de frente que a veces se pasa de frenada. Quiere dominar, quiere morder todo el rato y por eso su preparador, Jorge Aguirre, le modera desde que tenía 11 años y ambos arrancaron de la mano en Fuengirola. “Me gustan tenistas como Kyrgios, Fognini, Dolgopolov”, suele recitar en toda una declaración de intenciones: le va el riesgo, la genialidad. La transgresión y lo diferente. De lo contrario, se aburre.

También admira a Novak Djokovic, con el que también comparte estilo por la forma de empuñar el revés y dominar. También compartieron buenos ratos e hizo todo un máster con el número uno en las últimas fechas, antes de que se reanudara el circuito. Se ejercitaron juntos en el Club Puente Romano de Marbella y la experiencia no pudo ser más enriquecedora. “Pelotear con él me ayudó a saber en qué punto estoy, porque te obliga a poner bolas buenas durante dos horas y al máximo. Me identifico con su juego, es mi ejemplo a seguir”, explicaba estos días en Nueva York.

Allí ha despachado ya a Dennis Novak (85º), Hubert Hurkacz (33º) y Norrie (76º), y ya ha lucido ese underarm serve (saque por abajo) que le costó una buena ración de abucheos en Río de Janeiro el pasado mes de febrero. “Lo trabajo desde hace tiempo, es el único golpe extravagante que sí trabajo”, dice sobre un recurso que este viernes repitió, acompañado de algunos ganadores (hot shots) extraordinarios, pura aceleración: “Esos no los trabajo, vienen de serie y me salen de forma natural…”.

Por ejemplo, el maravilloso gran willy que le endosó a Nole durante uno de esos entrenamientos, recogido en sus redes sociales.

Dormilón y cocinero, también se inspira en Floyd Mayweather —su padre Mark era boxeador y su película preferida es Creed II, de la saga Rocky— y crece como la espuma conforme su tenis va ganando orden. “Está un poco loco, pero eso le permite ser agresivo y valiente en momentos decisivos, lo cual es muy importante en un deporte como el nuestro”, le define Pablo Carreño; “es un jugador tremendo y estoy seguro de que vamos a verle con regularidad en las rondas finales de los Grand Slams en los próximos años”.

Disfruta de la dejada y es muy fuerte físicamente, y luce varios tatuajes en su cuerpo. “¡El mañana está muy lejos, hazlo hoy!”, reza uno en el costado izquierdo, mientras en el antebrazo del mismo lado avanza una ola de un tsunami. “Lo destroza todo, y eso es lo que yo siento en la pista”, expone siendo ya el primer español desde Rafael Nadal que accede a los octavos de un grande con 21 años; el balear lo consiguió en el Open de Australia de 2008.

Tiene la valentía necesaria para nuestro deporte. Es un jugador tremendo
PABLO CARREÑO

A comienzos de año firmó su primera victoria en un major, ante Norbert Gombos en Melbourne, y su primer triunfo de categoría ATP llegó el año pasado en Estoril, frente a Taylor Fritz. También disfrutó en 2019 de su primer paso por un gran escenario, en Roland Garros, y su personalidad le jugó una mala pasada en Barcelona, donde dejó un feo gesto en un challenger al lanzar dos bolas directamente fuera de la pista cuando perdía por 6-0 en un tie break y se disponía a sacar.

“Ayer [por el jueves] casi no dormí, estaba muy nervioso. Esta mañana tenía un nudo en el estómago y llamé a mi psicólogo, que me ha tranquilizado con sus consejos y en el partido lo he demostrado. No me he enfadado y he seguido adelante”, comentó tras deshacerse de Norrie. “Ha sido duro, pero no estoy nada sorprendido de mi victoria”, cerró en una sala de conferencias que poco a poco se le empieza a hacer familiar a Davidovich Fokina, como consta oficialmente. Un tenista que dará que hablar. Porque bendita locura la suya.

* Consulta todos los resultados de la jornada.

* El orden de juego del sábado 5 de septiembre.

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