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La Agencia Mundial Antidopaje castiga a Rusia pero no a sus deportistas

La sanción afecta a los Juegos Olímpicos de 2020 y los de invierno de 2022, y al Mundial de Fútbol de 2022. Los inocentes podrán participar bajo bandera neutral

Las banderas olímpica y de Rusia ondean en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014. En vídeo, la AMA excluye a Rusia de las competiciones mundiales.

Con la fama mundial que se han ganado, y el miedo que desatan, hackers y espías de la Rusia de Vladimir Putin, han sido precisamente las huellas dejadas por las chapuzas informáticas de algunos de sus expertos las que han conducido a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) a sancionar por cuatro años más a un deporte ruso que lleva en el purgatorio por sus malas artes con el dopaje desde diciembre de 2014.

Si en el plazo de 21 días a contar desde el lunes 9 de diciembre, el ministerio de Deportes ruso no alerta al Tribunal Arbitral Antidopaje (TAS) de que no está de acuerdo con la decisión de la AMA, ningún deportista ruso podrá participar en una gran competición internacional bajo su bandera o su himno, ni siquiera la selección de fútbol que deberá disputar la fase previa del Mundial de Qatar, y la final, si se clasifica, como equipo neutral. Deberán ser la FIFA, y las respectivas federaciones internacionales, quienes establezcan cómo se conjugará la neutralidad en la práctica y si podrá jugar en estadios rusos sus partidos de clasificación. La FIFA inmediatamente anunció que pediría instrucciones a la AMA.

Y ni siquiera todos los deportistas rusos tendrán ese derecho neutral: desde 2020 hasta 2024, solo podrán tomar parte en Juegos Olímpicos y Paralímpicos (Tokio 2020, de verano, y Pekín 2022, de invierno) y Mundiales varios aquellos rusos y rusas cuyo nombre no sea sospechoso. Y solo no serán sospechosos quienes estén al día en los controles antidopaje ordenados por la AMA y aquellos que no figuren entre los 298 cuyos datos fueron manipulados en los ordenadores del laboratorio de Moscú para encubrirlos.

Los dirigentes rusos tampoco podrán formar parte durante cuatro años de ningún órgano directivo del deporte mundial, ni Rusia acoger la organización de campeonatos mundiales de cualquier deporte. La participación de la selección rusa de fútbol en la Eurocopa de 2020 no corre peligro ni tampoco la celebración de los partidos de cuartos de final en San Petersburgo: la AMA considera que los campeonatos continentales no son grandes eventos, categoría, major events, en los documentos que acompañan la decisión de su comité ejecutivo, que solo acompaña a Mundiales y Juegos.

El Comité Olímpico Internacional (COI) se ha congratulado de la sanción, más cercana a sus deseos de que no se castigara directamente a los deportistas, para proteger a los inocentes, sino a las instituciones. Justamente el COI reintegró a Rusia en el movimiento olímpico al terminar los Juegos de Invierno de Pyeongchang, cuando otras instancias del movimiento deportivo reclamaban prudencia.

No se sabe qué está en estos momentos más herido, el nacional patriotismo deportivo de la gran potencia rusa o su orgullo de delincuentes caídos por su propia torpeza.

Esta nueva sanción, similar a la que castigó a Rusia en los pasados Juegos de Pyeongchang y puso en peligro su participación en Río 2016, es hija de los mismos pecados, corregidos y aumentados con el paso de los años.

En diciembre de 2014, la atleta rusa Yuliya Stepanova denunció con pruebas que los atletas rusos que daban positivo nunca eran sancionados, que las autoridades de su país los tapaban, los ocultaban, y que todo lo organizaba, instruido desde el Kremlin, el director del laboratorio antidopaje de Moscú, Grigory Rodchenkov. Esta primera tormenta, y el aluvión de informaciones que hizo desatar, llevó a la IAAF a suspender al atletismo ruso con una sanción que aún no ha sido levantada. Un año después, Rodchenkov dimitió del laboratorio y huyó a Nueva York cargado de información y con copias del disco duro del ordenador central del laboratorio. Sus primeras revelaciones (la trama del cambiazo de frascos en el laboratorio de los Juegos de Sochi 2014, que él dirigió, y la del método de los positivos que desaparecen) dieron lugar a las sanciones de Pyeongchang.

Los datos del disco duro, que marcaban como sospechosas 578 muestras de orina de 298 deportistas diferentes, eran otra bomba que la AMA quiso hacer explotar más cuidadosamente buscando probar, con análisis retroactivos en los frascos conservados de los deportistas sospechosos, sus positivos. Para ello, pidió a Moscú tanto los frascos como la documentación informática que acompañaba cada análisis, las interpretaciones de las cromatografías y espectrometrías variadas que señalaban la presencia de sustancias prohibidas. Comparándolo todo con los datos proporcionados por Rodchenkov podría la AMA montar unas acusaciones niqueladas. Un equipo de la agencia viajó a Moscú en el otoño de 2018 y en enero de 2019 y después de diferentes desencuentros regresó a Montreal, sede de la AMA, con lo que creía que era material de primera, incluidas 2.262 muestras de orina. Sin embargo, cuando comenzaron a analizarlos, comprobaron la existencia de groseras manipulaciones informáticas para intentar borrar datos, cambiar fechas e introducir pruebas falsas entre los gigas y gigas de datos almacenados. “Alguien ha eliminado de la base de datos los documentos elaborados y brutos, y PDF correspondientes, de cientos de presuntos casos positivos”, anuncia la AMA en su informe.

“Algunos de los borrados se produjeron en 2016 y 2017, cuando Rodchenkov comenzó a hablar, pero otros, más importantes, se efectuaron entre diciembre de 2018 y enero de 2019, cuando los expertos de la AMA negociaban en Moscú la entrega del material. Se antedataron a 2015 muchos documentos, y también se borró la huella de los comandos utilizados para manipular las bases. Al mismo tiempo, alguien en el laboratorio de Moscú plantó pruebas falsas para hacer creer que las manipulaciones las hacía Rodchenkov para chantajear a los deportistas implicados. También borraron las huellas de otro trabajador del laboratorio para hacer creer que no participaba en las manipulaciones, y este hombre, el doctor Kundryavtsev, es testigo en todos los tribunales que tratan de hacer pasar por mentiroso a Rodchenkov. Y hasta el administrador de sistemas del laboratorio, Eugeni Mochalov, marido de la directora, ejecutó un comando cero para intentar borrar del back-up del disco primario las copias de seguridad de 1.250 archivos sobrescribiendo con ceros todo el espacio libre en los discos, haciendo así, irrecuperables anteriores comandos y datos borrados contenidos en ese espacio libre”.

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