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Messi juega, y marca, en Tierra Santa a pesar de los cohetes

Tras la polémica cancelación de un encuentro de su selección en Israel en 2018, el 10 acapara la atención en el amistoso entre Argentina y Uruguay en Tel Aviv (2-2)

Messi, ante Uruguay.
Messi, ante Uruguay. REUTERS

“Messi está aquí”, anunció la prensa hebrea la buena nueva de la llegada del Mesías del fútbol para disputar este lunes su primer encuentro en Tierra Santa. La presencia de Lionel Messi en Tel Aviv frente a su compañero de filas en el Barça Luis Suárez elevaba el amistoso Argentina-Uruguay a la categoría de partido más relevante en la historia del Estado de Israel (empataron 2-2; marcaron Agüero y Messi de penalti en la prolongación; y Cavani y Luis Suárez). Ambas selecciones –que hacen caja en Oriente Próximo mientras preparan las eliminatorias latinoamericanas para el Mundial de Qatar– mantenían aún dudas sobre su participación 48 horas antes del inicio previsto del encuentro. Con las cerca de 30.000 localidades del estadio Bloomfield vendidas desde hace semanas, los organizadores tuvieron que esforzarse para convencer a las federaciones argentina y uruguaya de que la seguridad estaba garantizada tras la escalada bélica que estalló la semana pasada en la franja de Gaza.

“Había preocupación entre nuestros familiares en Montevideo; nos enviaban imágenes de misiles que estallaban en el aire”, reconoció el seleccionador de Uruguay, Óscar Tabárez, al poco de llegar a Israel el domingo. Entre los pasados días 12 y 14, el Ejército se enfrentó con la milicia de la Yihad Islámica en una espiral de violencia que se cobró la vida de 34 palestinos —15 de ellos civiles—, en bombardeos sobre Gaza. Desde el enclave costero fueron disparados contra territorio israelí más de 450 cohetes, que causaron heridas a medio centenar de civiles. El lanzamiento de proyectiles llegó a activar las alarmas antiaéreas en poblaciones de la periferia sur de Tel Aviv.

En este clima de tensión, que se prolongó con violaciones esporádicas del alto el fuego hasta la madrugada del sábado, el multimillonario israelí Sylwan Adams, que corrió con gran parte de los gastos del evento deportivo, intervino para convencer a ambos equipos de que jugar en Tel Aviv no era peligroso. Adams ya estuvo detrás del traslado a Israel de las tres primeras etapas del Giro de 2018, en una operación que tuvo un coste superior a los 10 millones de euros. Este filántropo de origen canadiense se hizo célebre la pasada primavera al financiar con un millón de dólares la breve actuación de Madonna en la gala final de Eurovisión en Tel Aviv.

Messi ha vuelto a lucir ahora la camiseta albiceleste en dos grandes clásicos latinoamericanos tras la sanción de tres meses que le impuso la Conmebol en la pasada edición de la Copa América por unas declaraciones sobre la “corrupción” en el fútbol.

“Messi juega, pueden estar tranquilos”, anunció en Tel Aviv el seleccionador argentino, Lionel Scaloni. “Algunos jugadores están cansados, aunque no tienen problemas físicos”, puntualizó el técnico.

Messi ya viajó a Israel en 2013 junto con la plantilla del Barcelona durante la fase de preparación de la pretemporada. Entonces participó en una “gira por la paz”, en la que los blaugrana visitaron a equipos de niños palestinos e israelíes. El año pasado, sin embargo, la Asociación de Fútbol Argentino canceló un partido amistoso previsto en Jerusalén con la selección de Israel ante la creciente preocupación por la seguridad de sus jugadores. Partidarios de la campaña propalestina Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel pidieron entonces la suspensión del encuentro. Estos grupos consideraban que el Gobierno israelí estaba utilizando el deporte para favorecer el reconocimiento internacional de Jerusalén como capital única del Estado judío. Los palestinos aspiran a establecer la capitalidad de su futuro Estado en la parte oriental de la Ciudad Santa.

En esta ocasión, y con Tel Aviv como escenario deportivo, las presiones del movimiento BDS apenas se hicieron oír. Acallado también el eco de las sirenas de las alarmas antimisiles, miles de judíos argentinos y uruguayos que viven en el Estado hebreo pudieron disfrutar junto con el resto de la afición israelí del primer amistoso en tres lustros de estos dos rivales sudamericanos.

La Asociación Palestina de Fútbol, cuyo presidente fue suspendido durante un año en sus funciones por la FIFA acusado de “incitar al odio y la violencia contra Messi” cuando pidió quemar camisetas de La Pulga, no planteó ahora ninguna objeción.

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