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Oro más allá de Pau

El primer título sin su líder ratifica la fiabilidad y la excelencia del baloncesto español, por encima de una generación

Claver y Willy emparedan a Delia. En vídeo, análisis del periodista de EL PAÍS Robert Álvarez.

Un año después de que España ganara el Mundial en Saitama (Japón), Pepu Hernández le pidió a este periódico una fotografía. No correspondía a aquel campeonato, ni a un podio, ni siquiera a un partido oficial. Se trataba de una preciosa imagen captada por José Jordán en los prolegómenos de un amistoso de preparación para el Eurobasket que iba a celebrarse aquel verano de 2007 en España. Correspondía a un instante después del corrillo previo. Los jugadores rompían filas y unos trotaban, otros daban pequeños saltitos, otros chocaban hombro contra hombro... Los 12 ajenos por completo al objetivo, sonrientes, la viva cara de la felicidad.

Es una imagen definitoria de esta selección que perdura en la excelencia, que transmite fiabilidad, engancha al aficionado y da alegrías verano tras verano. La felicidad de esos rostros en aquel partido rutinario de una preparación que puede resultar esforzada y hasta tediosa para muchos de ellos, es reveladora. Esos tipos se lo pasan bien en su intento de formar cada verano un equipo sólido, competitivo y ambicioso. Lo mejor es que, además, acostumbran a salirse con la suya y obtienen recompensa a su talento, a su trabajo individual y a su puesta al servicio del colectivo. Y así llevan más de 20 años, por encima de ausencias e incorporaciones.

La diferencia es que, esta vez en China, ha faltado nada menos que Pau Gasol, líder y bastión del equipo. En ocasiones precedentes su ausencia fue capital y se tradujo en la imposibilidad de subir al podio, caso del Eurobasket de 2005 o del Mundial de 2010. Por primera vez desde 2000 tampoco ha estado en el equipo ninguno de los representantes de la llamada generación de oro, ni Pau, ni Navarro, ni Felipe Reyes, ni Calderón, etcétera. Aunque, no hay que olvidar que llevan una buena colección de oros jugadores que se incorporaron en torno a 2006, caso de Marc Gasol, Rudy y el también ausente Sergio Rodríguez, o poco después, Ricky Rubio y Claver. Más aún. También ha faltado el nacionalizado de turno. Jugadores de una contrastada calidad como Ibaka o Mirotic, que contribuyeron lo suyo a algunas de las últimas medallas.

España ha extraído oro de donde apenas se intuía que hubiera bronce. Si lo han conseguido es porque todos han dado un paso al frente. Marc Gasol ha sido clave en los partidos clave, líder después de haber ganado un anillo en la NBA en un equipo en el que desempeñó un papel relevante, pero no ese. Ricky Rubio ha defendido y dirigido de maravilla como siempre, pero además ha anotado como nunca. Claver ha desembalado por fin su auténtica valía, superior a la que casi siempre se ha percibido, tal vez por su estilo de juego, tan austero, altruista y a veces un punto falto de autoconfianza. Juancho ha dado el tono como titular, con la mezcla justa de valentía e inteligencia. Willy ha apuntalado el juego en el interior de la zona. Llull ha sido Llull, como él mismo ha dicho, y Rudy, un capitán con todas las de la ley, capaz de marcar la diferencia. Pau Ribas, serio y eficaz en su defensa y circulación de balón, no muy prolífico pero certero y providencial con sus triples.

La selección se ha enderezado a medida que avanzaba el campeonato. Ha sufrido ante rivales menores. Ha tardado en entrar en combustión. Es inherente a su manera de afrontar este tipo de campeonatos. Scariolo lo asume. No aprieta el acelerador a fondo desde el principio, aunque eso le haya obligado a fajarse en algunos momentos de apuro ante rivales de medio pelo como Irán. Pero ha administrado esfuerzos y recursos para alcanzar su mejor nivel a medida que transcurría el campeonato.

La selección en un partido de preparación en 2007.
La selección en un partido de preparación en 2007.

Es muy valorable el mérito de Sergio Scariolo, por fin un técnico de recorrido largo para una selección comandada por seis diferentes en 14 años, con Imbroda, Moncho López, Mario Pesquera, Pepu Hernández, Aíto y Orenga. La selección gana enteros con un entrenador capaz de compenetrarse con este grupo de jugadores, a la vez que exigirles y hacerles rendir desempeñando papeles a menudo diferentes de los que asumen en sus equipos. Y que aporta también sus granos de ayuda táctica: defensas mixtas, en zona, variaciones en la dirección de juego, dos contra uno, asignación de marcajes, juego entre pívots y toda suerte de detalles técnicos.

Así fue como España dio cuenta de Italia y desmanteló a Serbia, subcampeona olímpica y mundial, aspirante a arrebatarle a la selección de Scariolo el papel de única y sólida candidata a discutirle algún día el trono universal a la mejor selección posible de la NBA. Esa selección de Estados Unidos no ha comparecido ni de lejos en China, donde se ha evidenciado que solo puede ser ya superior si cuenta con la flor y nata. Francia despidió al equipo de Gregg Popovich.

Y el campeonato adquirió una nueva dimensión, y España lo encaró ya asumiendo el peso de la púrpura tras zafarse de Australia en otra demostración de su capacidad de supervivencia en las condiciones más difíciles. Y en la final, convirtió casi en una comparsa a Argentina, de la misma manera que sucedió hace 13 años con Grecia. Aquel día no jugó Pau, pero ya había contribuido decisivamente en todo el campeonato y en aquella sufrida semifinal, precisamente ante Argentina, en la que se lesionó gravemente. Pau Gasol había sido fundamental en todas las medallas de oro del baloncesto español (Mundial 2006 y Eurobasket 2009, 2011 y 2015). De ahí, que conseguirlo sin él, tenga un doble valor. Hay vida más allá de Pau Gasol, que, además, volverá en Tokio 2020.

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