Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Sergio Scariolo: “El baloncesto español cada vez tiene más déficit físico y de tiro”

El seleccionador elogia la competitividad y la defensa de un equipo que busca hoy frente a Polonia el pase a las semifinales del Mundial

Sergio Scariolo, durante el partido ante Serbia.
Sergio Scariolo, durante el partido ante Serbia. Getty Images

Las reflexiones de Sergio Scariolo (Brescia, 58 años) en Shanghái viajan entre el antes de un equipo que no ha dejado de ser y el ahora de otro que se ha sabido reinventar. Con la competitividad como hilo conductor, el seleccionador elogia la defensa del legado de una España rocosa.

Pregunta. Decía Djordjevic que España ya no le engañaba en su forma de competir y sin embargo les volvieron a sorprender, ¿pesa la historia reciente? ¿el escudo gana partidos?

Respuesta. Puede que haya algo de miedo escénico cuando hablan de nosotros, a pesar de que la España en la que piensan ya no está, quedan pocos. Pero al revés también dicen eso de ‘ya no son los que eran’ y, es verdad, no lo somos. Pero se equivocan los que menosprecian nuestra identidad ganadora porque esa, a pesar del descenso de talento, sigue intacta y permite compensar las diferencias. Se trata de buscar otras fórmulas para mantener la misma esencia competitiva, que es lo que nos ha hecho diferentes estos años.

P. ¿Mantener el traje de Superman aunque no esté Superman?

R. Es que esta España son muchos pequeños supermanes, por cómo superan sus limitaciones y van al límite. Son capaces de ser grandes en lo que hacen, aunque no sea tan llamativo o brillante como lo que hacían los de antes. Pero yo los valoro incluso más. El talento es un don, aunque haya que trabajarlo luego, pero la agresividad atrás, el coraje de pelear cada balón suelto y chocar contra gente más pesada y más fuerte… eso tiene mucho mérito y este equipo lo está demostrando. Ahora hay que sudarlo más y buscamos sentirnos fuertes donde podemos serlo. La defensa también es físico, pero sobre todo es competitividad. Este grupo ha tenido la fuerza de parecerse a sus antecesores con menos fuerza que ellos. Ahora estamos a un paso de estar en la excelencia de los cuatro primeros.

“Esta España son muchos pequeños ‘supermanes’. Van al límite”

P. Después de lo visto ante Italia y Serbia, ¿hay margen de crecimiento?

R. No mucho, aunque cada día y cada partido incorporamos cosas nuevas. Pero no es esto lo que marca la diferencia. Los detalles tácticos pueden funcionar o no y llaman la atención cuando funcionan, pero no es esto. De eso la gente ni se entera. Lo que marca la diferencia es el espíritu de equipo, el jugar juntos, el uno para el otro. Y ahí sí tenemos margen de mejora. Tenemos que quitarnos la obsesión anotadora individual. La anotación tiene que servir para ayudar a ganar. Tenemos que generar tiros fáciles y dejar los complicados para situaciones complicadas. Antes sabíamos cuál era nuestra póliza de seguro en situaciones de atasco. Ahora las tenemos, pero no de manera tan determinante individualmente. Son jugadores que ayudan a los demás a jugar mejor. Grandes pasadores como Ricky y Marc y otros que han mejorado su capacidad de pase como Llull y Rudy. Así involucran a sus compañeros.

P. ¿Como grupo compiten, además de por el torneo, por mantener el legado?

R. El legado está ahí porque lo hemos trabajado mucho desde atrás. Pero, cada vez tenemos un déficit físico superior respecto al resto de países de élite del baloncesto y un déficit de tiro también, y esto es culpa nuestra. Los entrenadores españoles están entre los mejores, enseñan muchas cosas, pero las horas son limitadas. España no es un país como China en el que el niño que hace baloncesto hace seis horas de pura disciplina, con repetición, gimnasio y tiro… Aquí la manta tira por el lado de la riqueza técnico-táctica y se descubre por el lado de la fuerza física y del tiro de tres, que, por otro lado, son los aspectos fundamentales que marcan la tendencia actual del baloncesto de máximo nivel. Afortunadamente, en la cantera se ha dado un vuelco de 180 grados en los últimos 15-20 años y el jugador español cuenta con un nivel de competitividad media muy alto. No es una cuestión genética sino de hábito ganador. Y los grandes han sabido comunicar eso. Ahora todos quieren estar a la altura de sus ejemplos.

P. Su primer torneo al frente de la selección fue el Europeo de 2009, un campeonato difícil, en el que el equipo empezó con problemas y acabó arrasando, ¿cómo lo recuerda?

R. La secuencia de problemas nos puso en una situación comprometida, pero mantuvimos el timón firme y la coherencia. Esa ha sido nuestra manera de absorber las dificultades, con voluntad de superación para llegar al éxito. Tuvimos que cambiar la cara del equipo con la competición empezada por culpa de las lesiones. Aunque sabíamos que el objetivo era llegar al cien por cien al momento de los cruces, nunca controlas todo. En ese campeonato vivimos un microciclo que se ha reproducido después. Allí nació la confianza que tenemos entre todos de saber que te puedes dejar la cartera ahí y marcharte tranquilo sabiendo que no te van a tocar un euro.

“Tenemos que quitarnos la obsesión anotadora individual”

P. ¿Cómo se hace lo de ‘estar el día que toca’ que han instaurado?

R. Primero, sabiendo cuando es ese día; segundo, sabiendo correr riesgos; y tercero, aceptando que un jugador veterano tiene que saber programar su maquinaria para acelerar en las vueltas finales aunque de inicio vaya detrás de otros coches. En Toronto también teníamos claro el camino. La renuncia de Kawhi Leonard a muchos partidos y la obsesión de llegar a tope al playoff era algo parecido.

P. Para eso hay que confiar mucho en los jugadores.

R. Siempre he tenido buenas vibraciones con ellos. No recuerdo un momento difícil en el que no me hayan convencido de que estábamos bien e íbamos por el camino correcto, siempre cohesionados. A veces, cuando no los conocía tanto, hasta pensaba que tenían un punto de inconsciencia o incluso de chulería. Pero luego conociéndoles te das cuenta de que esta seguridad de competir es su fuerza y es la fuerza de nuestro grupo. Desde el primer día, me dieron el apoyo sin el cual un entrenador no puede pensar luego en exigir. Me han dado respeto e ideas. A veces, el trabajo era dar forma a sus ideas.

P. ¿La fuerza del equipo actual viene más del corazón o de las piernas?

R. El corazón te dice que, pase lo que pase, competimos siempre cuando llega el momento. Pero el cerebro es el que tiene que identificar qué es lo que puedes y no puedes hacer, saber las herramientas que tienen estos jugadores, en este baloncesto de 2019. Todo cambia cada año. No estamos utilizando un solo sistema de juego de 2017. Es lo que la sociedad demanda, la innovación constante manteniendo la identidad. Saber innovar, pero aprovechando hasta la última gota de los históricos que aún tenemos a algunos. La memoria de los que han sido protagonistas. Habrá que ver si, cuando estén todos fuera, el sello se ha sabido trasladar.

P. ¿El punto de inflexión definitivo lo marcará la retirada de Pau Gasol?

R. Todos esperamos que Pau se reincorpore, pero ya no será el jugador de 2015 que dominó un europeo de forma colosal. Verle hacer eso, con 35 años… la gente no creía lo que veían sus ojos. Eso ha cambiado. Podrá ayudar a ganar desde la cancha, seguro, pero es difícil que pueda caracterizar la forma de jugar del equipo. Ya no será aquel pivote sobre el que rodaba todo. Le esperamos como a un compañero, como a un amigo, como al jugador más importante de nuestra historia. Probablemente, sin Pau ninguno de nosotros estaría aquí. La expectativa no será que venga a sacar las castañas del fuego. Ya las tienen que sacar otros. Ojalá nos aguanten los que tienen esta labor porque aún son jóvenes, pero no tanto.

P. Ahora se elogia la abnegación defensiva de la selección, ¿cuál ha sido la más brillante en ataque?

R. La selección de 2011 era la más brillante, sin duda. La que tenía más de todo en el punto máximo. Todos eran jugadores NBA que jugaban mucho o jugadores Euroliga muy importantes. Tener a los mejores talentos en su apogeo te permitía una riqueza de opciones ofensivas y una capacidad para castigar al rival increíbles. Ahí tampoco éramos los más fuertes, para nada, pero el aspecto físico en el baloncesto contaba menos.

“Mucho cuidado con Polonia, aunque tengan menos nombre”

El último precedente de un España-Polonia data de los octavos de final del Eurobasket de 2015, aquel partido de los 30 puntos de Pau Gasol, con un 6 de 7 en triples, a pesar de disputarlo con molestias en un gemelo. Cuatro años después, los polacos se presentan en China como el “equipo revelación del campeonato”, según lo definió Scariolo en la víspera. “Hay que tener mucho cuidado. Tienen algo más que talento. Manejan una gran riqueza táctica, son atléticamente buenos y nos pueden poner en dificultades. Son los que más faltas personales fuerzan al rival por su fuerza física. Aun así tenemos que entender que estamos ante el paso decisivo”, apunta el seleccionador.

Con Mateusz Ponitka (ex de Iberostar Tenerife), A. J. Slaughter y Adam Waczynski (Unicaja) al frente, el equipo de Mike Taylor ha llegado al Mundial en plenitud competitiva, con 29 años de media, y un amplio recorrido conjunto. En la segunda fase sorprendieron a Rusia y se hicieron con el segundo puesto de su grupo tras Argentina. “El juego de la presión y los enemigos livianos tiene su peso en estos partidos, sin duda”, advierte Scariolo. “Pero espero que la madurez nos ayude a no desperdiciar el patrimonio que hemos almacenado estos últimos días. Lo que hemos ido haciendo es solo el punto de partida. Hay que mantenerlo y mejorarlo aunque el rival tenga menos nombre”, cierra el técnico.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información