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Fundido a negro de Federer

El legendario suizo cae frente a Dimitrov en los cuartos (3-6, 6-4, 3-6, 6-4 y 6-2) y cierra un año en blanco en los grandes. Serena atrapa las semifinales por la vía exprés: 44 minutos ante Wang (6-1 y 6-0)

Federer, durante el partido contra Dimitrov en Nueva York.
Federer, durante el partido contra Dimitrov en Nueva York. USA TODAY

La noche va de terremotos. Primero el producido por el estruendoso triunfo de Serena Williams, que despacha a la china Qiang Wang en un parpadeo, cuando algunos espectadores de la central todavía andan despistados entre perritos calientes y cerveza; cierra su pase a la semifinal la estadounidense a un ritmo de vértigo, en solo 44 minutos: 6-1 y 6-0. Y después llega la otra sacudida, protagonizada por el búlgaro Grigor Dimitrov, que adivina la debilidad, quién sabe si uno de los episodios crepusculares de una carrera de fantasía, y derriba al coloso Roger Federer por 3-6, 6-4, 3-6, 6-4 y 6-2, en tres horas y 12 minutos.

Son dos caminos cruzándose. Progresa Williams con puño de hierro y se cita con Elina Svitolina (doble 6-4 a Johanna Konta), mientras que el broche de la jornada ofrece una escena inaudita: Federer, de 38 años, cediendo contra un rival al que había derrotado las siete veces que se habían enfrentado, el indescifrable y clónico Dimitrov. Le llega el premio al búlgaro (78) –Daniil Medvedev, siguiente escollo: 7-6, 6-3, 3-6 y 6-1 a Stan Wawrinka– tal vez cuando menos lo imaginaba, porque lleva una buena temporada de travesía por el desierto y de capa caída. Sin embargo, da un puñetazo en la mesa y descabalga de la gran batalla histórica al de Basilea, disminuido por unas molestias cervicales que comenzó a sentir por la tarde.

“Es el momento de Grigor, y no el de mi cuerpo, así que está bien”, dice resignado. “Podía jugar, así que está bien”, repite, habiendo precisado de asistencia médica en el receso del cuarto al quinto parcial, cuando el fotograma del partido ya se había oscurecido antes del definitivo fundido a negro. No levanta cabeza Federer. Llegó a Flushing Meadows prácticamente sin jugar –únicamente dos partidos en Cincinnati– y con el ánimo por los suelos, perseguido por la larga interminable sombra emocional de la derrota en Wimbledon contra Novak Djokovic. Una y mil vueltas le ha dado.

“Es algo del pasado. Recuerdo haber jugado unas buenas semifinales allí [contra Nadal], no estuvo mal”, despeja sabiendo ya que esta será la sexta ocasión que concluye un año sin ganar ningún major, tras las de 2011, 2013, 2014, 2015 y 2016; “sé que la gente lo piensa, pero definitivamente esa no es la razón por la que he perdido aquí, esta noche. Estaba preparado, lo hice lo mejor que pude. No fue suficiente. Todo responde puramente a esta noche”.

Arrancó en falso, con dos actuaciones grises y otras dos brillantes, encerrado entre dos mundos. Querer y no poder. Desea el de Basilea seguir desafiando al tiempo y ampliar el historial de grandes (20), pero choca contra el muro desde que elevó el trofeo de Australia en 2018. A partir de ahí, tres caídas sonadas –Wimbledon (cuartos) y el US Open (octavos) del curso pasado, y el Open de Australia de este año–, un romántico desfile por Roland Garros y el último topetazo en Londres, donde desperdició dos bolas para ganar el torneo contra el número uno.

“No tengo la bola de cristal...”

“Mi nivel de decepción es bajo. Simplemente estoy decepcionado porque después de dos partidos difíciles [Nagal y Dzumhur] estaba jugando realmente bien [Evans y Goffin]. Es solo una oportunidad perdida, pero un par de días después puedes superarlo. Tenía buena pinta, pero las derrotas son parte del juego. Tengo muchas ganas de estar con la familia… La vida está bien. ¿Si voy a tener más oportunidades? No tengo la bola de cristal, no lo sabemos. Eso espero. Ha sido una temporada positiva”, rebaja antes de despedirse de Nueva York, territorio que se le resiste desde 2008.

Coincide la caída de Federer con una fecha de alto contenido simbólico. Hace exactamente 13 años puso fin a su carrera, en la misma pista, el célebre Andre Agassi. Después de 1.144 partidos, el estadounidense cedió contra Benjamin Becker. No está demasiado lejos Serena Williams, que ya suma 966 y en el último celebró una cifra redonda: 100 victorias en el US Open. Ni la vio pasar la china Wang, que solo fue capaz de hacerle 15 puntos y cayó sin un solo winner en la cartilla. “Jugar contra ella supone mucha presión para mí”, abrevia apesadumbrada. Sobre ella ha pasado un tren que tiene destino fijo desde hace dos años: la estación número 24.

“Me siento bien, por eso estoy trabajando tan duro”, expone tras conseguir su resultado más abultado del año, el más rotundo desde 2015 (6-0 y 6-1 en Madrid, segunda ronda, Madison Brengle). “No trato de intimidar. Yo soy quien soy. Siempre he sido esa persona que va ahí fuera y ruge, grita, se queja y llora. Soy extremadamente apasionada con lo que hago. Mucha gente que ama su trabajo lo es. Así soy yo”, cierra antes de definir como una “luchadora” a la siguiente adversaria, la ucraniana Svitolina. Contra esta, cinco partidos y cuatro triunfos. Dos le faltan para igualar a la plusmarquista Margaret Court en la cima de todos los tiempos.

RESULTADOS. MARTES, 3 DE SEPTIEMBRE

CUADRO MASCULINO: Grigor Dimitrov, 3-6, 6-4, 3-6, 6-4 y 6-2 a Roger Federer; Daniil Medvedev, 7-6, 6-3, 3-6 y 6-1 a Stan Wawrinka;

CUADRO FEMENINO: Serena Williams, 6-1 y 6-0 a Qiang Wang; Elina Svitolina, doble 6-4 a Johanna Konta

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