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La reunión de los “caballeros” del Huesca antes del partido contra el Nàstic

En los entrenamientos previos al encuentro sospechoso de amaño, los jugadores discutieron en el vestuario sobre si debían respetar el pacto para perder el encuentro

Íñigo López (derecha), con su abogado, Juan Pablo Lerena, a la salida del juzgado de Huesca.
Íñigo López (derecha), con su abogado, Juan Pablo Lerena, a la salida del juzgado de Huesca. EFE

El Huesca comenzó a dejar atrás la resaca de su ascenso a Primera el viernes 25 de mayo de 2018, cuatro días después de ganar en Lugo el encuentro definitivo (0-2). Ese día el grupo volvió a los entrenamientos para preparar el partido del domingo contra el Nàstic, el que desencadenó la Operación Oikos contra los amaños. Regresaba el orden: el cuerpo técnico se propuso enderezar la deriva festiva y un grupo de jugadores discutió en privado sobre la necesidad de cumplir el pacto de levantar el pie que habían adquirido unos meses antes con sus siguientes rivales, según relata una fuente con acceso al vestuario.

Sin la presencia de ningún responsable del club, solo futbolistas en la caseta, una parte de ese grupo insistió en la obligatoriedad de honrar el compromiso, mientras que otros no se mostraron dispuestos a facilitar la victoria del Nàstic.

La reunión de estos jugadores fue el punto culminante de unos días de tensión y recelos que se mezclaron con las celebraciones después de alcanzar la máxima categoría después de casi 110 años de historia.

Tal como desveló EL PAÍS, Rubi llegó a alertar a los directivos de que “no se fiaba de los jugadores por lo que se hablaba durante la celebración del ascenso”, según recoge el resumen policial de la declaración como testigo de José Antonio Martín Otín Petón, presidente de la fundación El Alcoraz, máximo accionista del Huesca. El club llegó a ofrecer primas a los futbolistas para despejar con una victoria las dudas que se extendían sobre un posible amaño del encuentro. También pegaron por la ciudad carteles de compromiso con el juego limpio.

En la toma de declaración a los detenidos por la Operación Oikos el pasado jueves 30 de mayo, el juez Ángel de Pedro preguntó a varios de los investigados por el significado y alcance de un “pacto entre caballeros”. Varios de los investigados reconocieron de manera natural que se trataba de acuerdos muy extendidos entre futbolistas de distintos equipos, que en la primera vuelta acordaban no emplearse a fondo al final de la segunda, cuando volvieran a encontrarse, si uno de ellos se encontraba en apuros y el otro ya no veía comprometidos sus objetivos.

La policía también había preguntado el día anterior a varios futbolistas llamados a declarar como testigos a la comisaría de Huesca. El primero al que interrogan es Gonzalo Melero, cuya respuesta resumen los agentes así en su informe: “Preguntado para que diga si existe corporativismo en el ámbito del fútbol, protegiéndose unos compañeros a otros, dice que sí, que es cierto”. Preguntan después también por el “corporativismo” a Álex Gallar, que marcó un gol anulado por fuera de juego contra el Nàstic: “Dice que supone que no”, recogen los investigadores. Y a Camacho: “No cree que haya corporativismo”.

Este miércoles fue mucho más allá Íñigo López, miembro de aquella plantilla del ascenso y esta temporada futbolista del Deportivo de La Coruña, que reconoció en una entrevista en El Mundo que había existido un pacto con el Nàstic, que se había cerrado “en el partido de la primera vuelta, en Tarragona”.

Después de la reunión de jugadores en el vestuario, el runrún de las sospechas siguió sacudiendo las oficinas del club. Rubi, el entrenador, pidió ayuda al alto mando para transmitir a los futbolistas la importancia de los compromisos que les restaban. Este miércoles, en su presentación como técnico del Betis, recordó esos días: “Queríamos ser campeones de Liga y no pudimos. Es una espina que tengo clavada”, dijo.

Algún directivo habló con los futbolistas en grupos pequeños y el presidente, Agustín Lasaosa, también detenido en la operación, se presentó en el vestuario el día antes del partido para exigir que se lo tomaran en serio. Según el relato de un jugador presente en la reunión, alguno de sus compañeros llegó a encararse con él. No podían salir a apretar, le dijo, aludiendo al acuerdo que entendía que habían adquirido con el Nàstic. Al día siguiente, el equipo catalán, que se encontraba solo un punto por encima del descenso, se llevó la victoria (0-1).

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