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Jenni Hermoso, la ‘pichichi’ que dice no tener olfato de gol

La delantera, que prefiere jugar entre líneas, afirma que su éxito se debe a que disfruta “como una niña, sin pensar”

Jenny Hermoso posa para EL PAÍS en el hotel de concentración de Tafalla después de la entrevista.
Jenny Hermoso posa para EL PAÍS en el hotel de concentración de Tafalla después de la entrevista.

“Es muy lista, muy viva y anticipa muy bien. Puede marcar la diferencia en este Mundial”. El que habla es Jorge Vilda. De la que habla el seleccionador es Jenni Hermoso (Madrid, 29 años), delantera del Atlético y pichichi de la pasada Liga Iberdrola con 24 tantos. Jenni, el cuerpo lleno de tatuajes, es diestra de mano y zurda de pie, pero también le da (y muy bien) con la derecha. Con esa pierna ha marcado varios goles y dado también varias asistencias (siete en total) en este último campeonato.

¿Nació con el olfato del gol? “No, nunca he sido goleadora y nunca había sido pichichi. Soy jugadora de dar el último pase, siempre me ha gustado más jugar entre líneas, asociarme para dar ese último pase. No puedo esperar mucho en el área a que lleguen centros para poder rematar, yo soy más de asociarme y de bajar. A veces bajo demasiado porque cuando no me meto mucho en juego necesito sentir la pelota”, contesta sentada en un sofá del hotel de concentración de la selección española en Tafalla pocos días antes de volar a Francia. En tierras galas ya se ha estrenado marcando un gol en el amistoso contra Japón.

Hermoso es muy hábil a la hora de controlar y proteger el balón. Sus compañeras en el Atlético dicen que es una bendición tenerla en el campo porque le llegue como le llegue, siempre controla la pelota y, además, sabe darle pausa al partido cuando este lo requiere. “Soy más mediapunta que nueve”, insiste, al mismo tiempo que añade que se desespera cuando está demasiado rato sin entrar en contacto con el balón o sin intervenir en el juego. “Ahí es cuando peco de bajar demasiado y quito referencias y espacio a las compañeras”, explica la delantera.

En la selección dicen que es “muy práctica”. Ella se define como cabezota e impulsiva. “Cuando decido cosas es porque me apetecen en ese momento; si luego me arrepiento, pues me jodo. Eso sí, el proceso de aceptar que me he equivocado me cuesta un poco”, argumenta. Cuando le hacen notar que en la cancha es bueno ser impulsiva, sonríe. “Sí, allí dentro se necesita no tener mecanizado nada. En el campo me salen cosas que no voy pensando. Cuando me llega el balón, lo cojo y me dejo guiar por la intuición”, añade. Dice que tiene muchísimos defectos. ¿Y una virtud? “A la hora de jugar no pienso nada más que en el partido”, contesta. De hecho, transmite eso, disfrute y alegría. Se le ve moverse por el césped como pez en el agua.

Según ella es la herencia de las horas y horas que pasaba en el campo de fútbol sala y de fútbol siete en casa de sus abuelos Antonio y Magdalena —Malena, como le gustaba que la llamaran—, que vivían al lado del colegio público Perú. “Bajaba a jugar antes de entrar al cole y volvía al salir y después de comer”, rememora.

“Todo lo que soy ahora lo aprendí en la calle, en ese parque y en el fútbol sala, donde la técnica es muy diferente. La que yo he desarrollado viene de ahí, de cuando era pequeña”, analiza. Su niñez sigue teniendo influencia en el campo. Lo dice cuando se le pregunta en qué se sigue sintiendo niña. “En el espíritu de no tomarme la vida tan en serio; lo llevo al fútbol. Lo que ha hecho que haya llegado donde estoy ahora ha sido el disfrutar, como una niña, sin pensar en nada. Sigo pensando que el mundo del fútbol es disfrute”, apunta sin dejar de lado responsabilidades y ambición. “La tengo, claro, pero eso no quita que me dedique a disfrutar. Si no disfruto es que algo no está bien hecho”.

Hermoso colabora con ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, en la campaña Educa a un niño [un proyecto para escolarizar a un millón de niños de 12 países diferentes] y tiene una sobrina de ocho años, Leire, a la que adora (basta con echar un vistazo a su Instagram). “Es mi salvación en los días malos”, se sincera. Este año ha recuperado el tiempo perdido con ella y con sus familiares y amigos. Llevaba fuera de Madrid desde el año 2013. Primero fue a Suecia (Tyresö FF), luego al Barcelona (2014-17) y más tarde al PSG. En Francia las cosas no fueron como esperaba y acabó huyendo el verano pasado, tan sólo una temporada después de haber firmado. Nunca se adaptó. “Me fui de Barcelona y era feliz: disfrutaba y tenía todo, pero tenía una oportunidad que no podía rechazar. Llegas [a Francia] y es todo completamente diferente a lo que has vivido hasta ese momento. La ciudad es muy difícil, la gente es más fría… y yo soy una persona que necesita sentirse arropada. No lo pasé bien, pero me ha enriquecido y ha sido necesario para conocerme en otros aspectos de la vida”, confiesa.

Dice Jenni que en Madrid recuperó todo lo que había perdido. “La ilusión de levantarte para ir a entrenar, que llegue la hora del entrenamiento y cogerlo con ganas. He recuperado la motivación otra vez y estoy en un momento muy bueno, física y mentalmente”, asegura. “A mí se me nota mucho cuando estoy bien o cuando estoy mal. Si estoy muy feliz lo vas a ver y cuando estoy mal se refleja también en el campo. Mi juego se basa mucho en eso. Si estoy alegre, disfruto y voy a jugar mucho mejor, voy a anticiparme más, voy a estar más pícara. Y ahora estoy en ese momento muy bueno”, se sincera. De ello quiere aprovecharse España en este Mundial.

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