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PASE INTERIOR OPINIÓN i

El plan B de Xavi

El ya exjugador tiene grandes cualidades para ser un entrenador especial: conocimientos, pasión, carisma y ese espíritu conciliador que hace grupo

Xavi, con la última Liga que ganó con el Barça, en 2015.
Xavi, con la última Liga que ganó con el Barça, en 2015. AP

Lo llaman el agujero negro. Ese vértigo incontenible que te atrapa cuando ves llegar el final de tus días como futbolista y frenas en seco la rutina de entrenamientos, viajes, partidos, recuperación y vuelta a empezar. La vida discurre como un tiovivo que te marca el camino por inercia y que, cuando para, te resistes a bajarte del caballo. No sabes por dónde tirar.

Mi padre creó el Cruyff Institute porque estaba convencido de que el deportista necesitaba un plan B. Él no acabó la escuela y por ese motivo era aún más consciente de que una lesión grave o un problema de salud puede dejar a un futbolista en la estacada. Conmigo puso más empeño en que me volcara en los estudios que en mi carrera incipiente de futbolista, incluso castigándome sin entrenamientos si suspendía alguna asignatura. Cursé Administración y Dirección de Empresas en Barcelona y un postgrado de Márketing en Manchester, pero me costó mucho decidirme sobre qué rumbo tomar en el futuro y prorrogué mi retirada hasta los 36 años cuando lo tuve mínimamente claro. Opté por la dirección deportiva y, años más tarde, me picó el gusanillo de entrenar para conocer otra pata de la mesa del fútbol.

En el caso de Xavi Hernández todo el mundo daba por hecho que su plan B pasaría tarde o temprano por ser entrenador. Pero estoy seguro de que él ha meditado mucho el momento de colgar las botas y dar el salto a los banquillos. Siempre fue un tipo con las ideas claras. Un futbolista especial que nos demostró, junto a Leo Messi y Andrés Iniesta, que este deporte se juega con la cabeza, desterrando esa idea tradicional de que debes ser alto, fuerte y rápido para desenvolverte sobre la cancha.

Mucha gente da por hecho que su extraordinaria visión de juego como futbolista le convierte automáticamente en un gran estratega desde el área técnica. Y que la huella genética de la escuela La Masia le convierte en candidato a entrenar al Barça en un futuro. No le faltará presión, pero seguro que es consciente de que no todos los buenos futbolistas acaban siendo buenos enseñadores. Una cosa es lo que tienes en tu cabeza, y otra bien diferente es saber transmitirlo y explicarlo. A muchos entrenadores que han sido grandes futbolistas les cuesta adaptarse a jugadores que están muy por debajo de su nivel y ven el juego desde un prisma mucho más limitado. Será su gran reto: simplificar conceptos y ralentizar su cerebro, que va a 300 por hora.

Ser entrenador también es un trabajo de equipo. Necesitas ayudantes que dominen otras facetas que no controlas y, sin temor a discrepar contigo, que te completen. A los técnicos a los que les gusta hablar de fútbol, como a Xavi, les gusta rodearse de gente con opinión propia, otros ojos en los que apoyarse y otras manos que ayuden a mantener enchufada a una plantilla con diferentes personalidades. Steve McClaren, cuando ejerció de número dos de Sir Alex Ferguson, era un gran motivador en el trabajo de campo y provocaba que yo fuera a entrenar a diario con muchas ganas a pesar de ser suplente. No dudé en invitarle a formar parte de mi cuerpo técnico para asesorarme cuando pasé de ser director deportivo a entrenar al Maccabi Tel Aviv.

Xavi tiene grandes cualidades para ser un entrenador especial: conocimientos, pasión, carisma y ese espíritu conciliador que hace grupo. Cuando hubo un serio peligro de cisma en la selección española entre jugadores del Barça y del Real Madrid, Xavi dio una lección de sentido común junto a Iker Casillas. No deja de ser una casualidad del destino que los dos hayan sido noticia esta semana por diferentes motivos. El corazón de Casillas, que afortunadamente está recuperándose, y la cabeza de Xavi nos han recordado que nos acercamos al horizonte de una época dorada del fútbol español. Y los dos aún tienen mucho que enseñarnos.

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