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Kaspárov, el bisonte que arrasa

Una manada de búfalos destroza el enroque de Portisch, cuyo rey es ejecutado con suma precisión

Blancas: Td1, Tf1, De2, Ad3, Cf3, Ab2; peones en a3, c3, d4, e3, f2, g2 y h2.

Negras: Tc8, Tf8, Ab7, Dc7, Ae7, Cc6; peones en a7, b6, c5, e6, f7, g7 y h7.

La progresión de Gari Kaspárov hacia la cumbre del ajedrez fue muy precoz, meteórica, muy sorprendente e incluso molesta para la Federación Soviética de Ajedrez. Su director técnico, Nikolái Krogius, dejó una frase para la historia que ilustra muy bien el favoritismo del régimen hacia el nuevo héroe soviético, Anatoli Kárpov, de cuyos éxitos vivían tantos burócratas: “Para qué necesitamos otro campeón del mundo si ya tenemos uno”. Alumno predilecto desde niño en la exclusiva Escuela de Ajedrez del excampeón Mijaíl Botvínik, Kaspárov, a los 15 años ganó en Minsk el Memorial Sokolski, al que fue invitado de manera excepcional, y el clasificatorio (con 64 participantes) para la final del Campeonato de la URSS. A los 16 saltó a la élite al ganar el fortísimo torneo de Banja Luka (Yugoslavia), adonde fue invitado para cubrir la baja de Víktor Korchnói, boicoteado por la URSS. A los 17 fue campeón del mundo sub 20 y debutó con la selección soviética en la Olimpiada de Ajedrez de Malta. A los 18 empató en el primer puesto del Campeonato de la URSS. A los 19 ganó el supertorneo de Bugoino (Yugoslavia) y el Interzonal de Moscú. A los 20 ya era el 2º del mundo, tras Kárpov: además de llegar a la final del Candidatos (2º participante más joven de la historia, tras Bobby Fischer), ganó el torneo de Níksic (Yugoslavia) al que pertenece la impresionante partida de este vídeo, contra el húngaro Lajos Portisch.

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