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Y ahora, el Barça sin Iniesta

Valverde apela a la versatilidad táctica para combatir el adiós del capitán después de haber salido airoso de la huida de Neymar

Coutinho sustituye a Arthur en la Supercopa de España. Ampliar foto
Coutinho sustituye a Arthur en la Supercopa de España. AP

La paciencia de Ernesto Valverde parece infinita, técnico de club por excelencia como ha sido siempre desde su estreno en el Athletic, también en una institución tan compleja como el Barcelona. La temporada pasada ya fue especialmente difícil para el Txingurri después de la huida de Neymar a París. El entrenador, sin embargo, consiguió llevar al equipo hasta ganar LaLiga y la Copa. Utilizó la partida del brasileño para jugar con el futbolista número 11, a veces eligió a un volante y, en ocasiones, a un delantero, convencido de que el secreto no está en el dibujo sino en “cómo atacas y cómo defiendes”, y más en un equipo tan sofisticado como el Barça. El reto ahora es doble porque hay que “volver a ganar, cosa más difícil que ganar”, y porque de la alineación se ha caído Iniesta, el anterior capitán, goleador hoy en la Liga de Japón.

Iniesta no es un futbolista cualquiera, como tampoco lo eran Xavi, Puyol o Víctor Valdés. Queda Messi y está Busquets. La gestión del equipo, sin embargo, se complica más cada día, incluso para un técnico tan flexible como Valverde. No hay un tema que provoque mayor debate en el Camp Nou que el identitario, hasta el punto que cada fichaje y traspaso es escrutado de forma minuciosa, circunstancia que se constata en cada derrota, como por ejemplo la de Roma.

Algún directivo señaló a Valverde por la eliminación de la Champions, y muy especialmente por no alinear a Paulinho, el jugador contratado para dar carácter y llegada a un plantel supuestamente quieto y sumiso, reflejado en el rostro de Messi. Ahora el elegido después de la partida del brasileño es Arturo Vidal. El barcelonismo ya sabe que quien marcará la línea en los partidos ásperos será el chileno procedente del Bayern Múnich.

El estilo, sin embargo, queda resguardado por centrocampistas como Busquets y el brasileño Arthur, convocado por Tite para los amistosos que la selección brasileña jugará en septiembre, mientras aguardan tanda los jóvenes Aleñà y Riqui Puig, un juvenil que contagia optimismo al expectante Camp Nou. Asumido que Arthur aspira a evocar al insustituible Xavi, la duda está en quién ejercerá de Iniesta después de que todavía no se sepa el sustituto de Neymar. Valverde tiene dos puestos para jugar, rotar a su plantilla y sorprender al contrario, que hoy será el Alavés, un rival habitualmente complicado, el último en ganar en el Camp Nou, el 10 de septiembre de 2016: 1-2

Aumentará a buen seguro el protagonismo de Coutinho. No se sabe de todas maneras si ejercerá de interior o de delantero, o de las dos cosas. Ni si jugará por la derecha o la izquierda, o bien se cambiará a veces durante el partido, como ya se vio en la Supercopa ganada al Sevilla. Tampoco está muy claro aún el rol de Dembélé. Al francés le cuesta asumir la suplencia y tampoco parece que le guste la competencia de Malcom. Nada nuevo en un delantero cuyo talento le hace suponer que no necesita esforzarse, ni en los entrenamientos ni en la cancha, obligado a defender cuando se junta con dos delanteros liberados de cuestiones tácticas como la pareja indivisible formada por Luis Suárez y Messi, el futbolista que simboliza la versatilidad, capaz de jugar por dentro o por fuera, más líder y capitán que nunca en el camaleónico Barcelona.

“Me siento cómodo cuando el equipo se siente cómodo”, responde Valverde cuando se le requiere por el 4-4-2 o el 4-3-3. “Tenemos alternativas para jugar de diferentes maneras y poder sorprender al contrario”. La hoja de ruta es la misma de la temporada pasada, cuando el equipo completó una Liga estupenda, invicto hasta la penúltima jornada, día en que perdió con el Levante (5-4).

“Naturalmente que priorizamos la Champions”, se sincera el entrenador del Barça. “Lo que ocurre es que el camino marcado para intentar ganar la Champions pasa por ganar la Liga; si eres el mejor durante todo un año es más sencillo conseguir tus objetivos”. Y Valverde entiende que cuenta con plantilla suficiente para aspirar a cuantos títulos dispute el Barcelona. “Antes te exigían un título y ahora te piden el triplete”, apostilló. “Pero estoy contento con lo que tengo. Dispongo de unos jugadores extraordinarios”, a la espera que se cierre el mercado el día 31.

Hay una especial preocupación por el futuro de Rafinha, que ha completado una excelente pretemporada, recuperado de la lesión que la temporada pasada le llevó al Inter. El jugador quiere tener más minutos en el equipo y no descarta una salida que no sería mal vista por la directiva de Bartomeu. La junta ha aprendido a manejarse con las ventas —la operación salida se cuantifica en unos 130 millones después de los traspasos de Paulinho, Digne, Aleix Vidal, Yerri Mina, Deulofeu, André Gomes y Marlon— y ha controlado las incorporaciones, cifradas en unos 127 millones: Arthur, Lenglet, Malcom y Vidal. No conviene olvidar, en cualquier caso, que la prioridad era Griezmann y que el jugador prefirió renovar por el Atlético.

Valverde acata las operaciones realizadas y aspira a ejercer más de entrenador que de gestor al tiempo que evita hablar de su futuro por más elogios que reciba de Bartomeu. El desgaste es monumental en los técnicos que se sientan en el banquillo del Camp Nou. Valverde, de momento, calla, trabaja y aspira a que sea su equipo el que renueve el distintivo de campeón que lucirá en su camiseta durante toda la temporada por iniciativa de LaLiga. El Txingurri es un experto en sorprender y sortear las dificultades, también las que le plantea su propio Barça.

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